¿Cómo darle al viento
lo que es del viento,
y no triunfo del oleaje puro
o la veleta?
Te distingo entre los claros
aún agrestes del conocimiento,
y el saberte implica un sacrificio:
de todo encantamiento
distanciarte, y devolverte,
tan solo a ti,
a la semilla misma
de tu naturaleza.
27 feb 2011
24 feb 2011
Arte personal
Admitamos que permanecer así
por un día o una tarde, es casi un arte.
Solo, tranquilo, en silencio...
Sin dejarse arrastrar por la sospecha
de que, en la proximidad ajena,
jugaba la alegría.
(Nadie ignora que el desierto
continúa avanzando:
su sed es la presencia
que erosiona y normaliza
nuestras formas.)
Por un día, una tarde o una hora,
la inercia que me guía,
se detiene y reconoce mis actos.
por un día o una tarde, es casi un arte.
Solo, tranquilo, en silencio...
Sin dejarse arrastrar por la sospecha
de que, en la proximidad ajena,
jugaba la alegría.
(Nadie ignora que el desierto
continúa avanzando:
su sed es la presencia
que erosiona y normaliza
nuestras formas.)
Por un día, una tarde o una hora,
la inercia que me guía,
se detiene y reconoce mis actos.
2 feb 2011
Pensamiento mágico
No puedo asegurar que sea siempre la misma, pero admito que a diario veo revolotear una mariposa en las inmediaciones del centro. No, no es siempre la misma. Unas veces es blanca y diminuta. Otras, de alas anchas y matices rojizos. Leí hace poco que este tipo de insectos simbolizan nuestra psique, habiendo incluso una equivalencia semiótica entre ambos términos. Y lo suyo sería darle la razón a cualquiera que diga que estoy enloqueciendo por lo que ha llegado a suscitar en mí su cotidiana presencia. Cada vez que veo un coleóptero de esos, pienso que su baile impredecible va ligado, de un modo que no alcanzo a comprender, a mi persona.
Desde que descubrí esa relación de significados, el observar su vuelo también me hace pensar en la metamorfosis, de vil gusano a crisálida, que parece operar en nuestra mente por cada vez que nos enamoramos de un ser más hermoso que nosotros mismos.
Ahora solo queda ver si el presentimiento de la felicidad me arrastra con su inercia, hacia un más allá de lo aprendido en cualquier callejón sin salida.
Desde que descubrí esa relación de significados, el observar su vuelo también me hace pensar en la metamorfosis, de vil gusano a crisálida, que parece operar en nuestra mente por cada vez que nos enamoramos de un ser más hermoso que nosotros mismos.
Ahora solo queda ver si el presentimiento de la felicidad me arrastra con su inercia, hacia un más allá de lo aprendido en cualquier callejón sin salida.
8 ene 2011
Sonreíste dos veces de la misma manera
La primera, resistí aquel vértigo
como si desconociera el camino.
Ojalá hubiera aprendido
a jugar con la brisa y el eco...
Dediqué esos años cruciales
al adolescente huidizo,
apegado a su sombra
y a los callejones sin luna.
Solo al sonreír otra vez
como si recordaras el juego,
encontré en ti el lugar que debía.
como si desconociera el camino.
Ojalá hubiera aprendido
a jugar con la brisa y el eco...
Dediqué esos años cruciales
al adolescente huidizo,
apegado a su sombra
y a los callejones sin luna.
Solo al sonreír otra vez
como si recordaras el juego,
encontré en ti el lugar que debía.
6 ene 2011
Crónica de un instante cualquiera
Al observar el dudoso tránsito
de las once y media,
algo añade tensión a la escena.
La mujer que sueña a mi lado
sugiere que pensó en mí,
sin saber por qué, la otra tarde,
en cierta cafetería
inimaginable.
No estoy preparado para comprenderla,
e interrumpo su anécdota
con alguna observación delirante.
La mañana tiembla
próxima a desvanecerse
gracias a ese detalle.
Callamos. Tal vez se haga tarde...
Pero no,
la mujer rasga aquel velo
con su atónita risa,
y yo vuelvo a ser alguien.
Ahora sospecho qué quería decirme.
Algo importante.
de las once y media,
algo añade tensión a la escena.
La mujer que sueña a mi lado
sugiere que pensó en mí,
sin saber por qué, la otra tarde,
en cierta cafetería
inimaginable.
No estoy preparado para comprenderla,
e interrumpo su anécdota
con alguna observación delirante.
La mañana tiembla
próxima a desvanecerse
gracias a ese detalle.
Callamos. Tal vez se haga tarde...
Pero no,
la mujer rasga aquel velo
con su atónita risa,
y yo vuelvo a ser alguien.
Ahora sospecho qué quería decirme.
Algo importante.
4 ene 2011
Oficio amatorio
No la finge,
pero al atardecer se esfuerza
en durar la luz y el blanco cuerpo.
Luna que retorna,
la felicidad que inventa
ya es irrepetible.
pero al atardecer se esfuerza
en durar la luz y el blanco cuerpo.
Luna que retorna,
la felicidad que inventa
ya es irrepetible.
Bendición
Todo urge de tan cierto
cuando dos desconocidos
desenredan la maraña de la dicha.
Bienaventurados ellos,
que aún valoran los segundos
y todavía alteran
las leyes del absurdo cotidiano.
cuando dos desconocidos
desenredan la maraña de la dicha.
Bienaventurados ellos,
que aún valoran los segundos
y todavía alteran
las leyes del absurdo cotidiano.
3 ene 2011
Perseverancia
Tú me distancias del tedio
cuando el mediodía anega
la visión del que piensa en exceso.
Te nombraría mil veces por ello.
Y otras mil ante el hambre,
la religión o el olvido.
Aun cuando nada escuchases,
volvería a nombrarte de nuevo,
alzaría otro sol más perfecto.
Rezaría ante esa deidad contenida
bajo mis párpados ciegos.
cuando el mediodía anega
la visión del que piensa en exceso.
Te nombraría mil veces por ello.
Y otras mil ante el hambre,
la religión o el olvido.
Aun cuando nada escuchases,
volvería a nombrarte de nuevo,
alzaría otro sol más perfecto.
Rezaría ante esa deidad contenida
bajo mis párpados ciegos.
31 dic 2010
De lo común a lo inexplicable
Un hombre corriente sale de su casa. Está de vacaciones. Va a un bar corriente, y allí conversa con gente tanto o más corriente que los del bar de al lado o los del restaurante de alguna ciudad lejana. Mantiene un animado flirteo con una desconocida (desconocido también él a ojos de cualquiera). Luego habla, bebe, fuma. La noche continúa como cualquier víspera de fin de año. El hombre no teme acercarse a los que se le acercan. Observa de reojo a los que ha elegido hoy por compañía. Gente aún más corriente, como esa rubia desconocida de sonrisa fácil o el detective privado que sufre un desamor constante. No hay refugio ante la rutina. Todo prosigue como debe ser, como dictan las viejas canciones que reconocemos sin haber escuchado nunca su estribillo. Todo pasa sin dejar más rastro que la niebla de los años. Pero la noche acaba para el hombre, que decide despedirse en tono neutro y coger un taxi hacia su casa.
Al llegar a su destino, se sienta a escuchar algo de música. Alguien ejecuta al piano una pieza semejante a la delicada respiración que recata en silencio. En ese momento, el hombre, tan corriente hace nada, tan discreto y cansado, tan feliz y resignado a ser nadie, acaricia en soledad su propio rostro, y con gesto sonámbulo cree reconocer la piel del rostro de ella.
Mientras los blancos acordes funden a negro, un hombre, por esta vez no tan corriente, se resiste a creer que su suerte haya cambiado para siempre.
26 dic 2010
Apariencia
No el que entonces quise ser:
tan solo el que soy ahora.
El mismo que pretende escribir esto.
Sombra que a ratos se desnuda
por si un día reconoce
el soleado camino hacia tu cuerpo.
tan solo el que soy ahora.
El mismo que pretende escribir esto.
Sombra que a ratos se desnuda
por si un día reconoce
el soleado camino hacia tu cuerpo.
De los días comunes
Después, contar entre los felices.
Pasar también nosotros
como si nada pasara.
Y extraviar nuestras sombras.
Nadar hacia el fondo.
Engrandecer solo esa rutina,
la de juzgar inofensivo el pensamiento.
Cualquier deuda con la pérdida
quedará saldada
después de reconocernos.
Pasar también nosotros
como si nada pasara.
Y extraviar nuestras sombras.
Nadar hacia el fondo.
Engrandecer solo esa rutina,
la de juzgar inofensivo el pensamiento.
Cualquier deuda con la pérdida
quedará saldada
después de reconocernos.
25 dic 2010
En cada una
En ti veo a todas las que he amado. En ti danzan armoniosamente. Si consigo que acaricies esa nuca tuya mientras te contemplo, percibo la delicada textura de tu cuello (casi brisa, casi luz en roce), y así te reconozco: ese gesto ya lo he visto antes. Fue razón de amor ante otras.
El otro día alzaste sospechosamente una ceja (la derecha, creo), y tú preguntarás por qué me acuerdo de algo tan tedioso. Muy fácil. Hace cuatro o cinco años, me dio por releer un libro de Hesse: Demian. Como este alemán circunspecto insiste lo suyo en la importancia del carácter cainita, yo salí a la calle dispuesto a plantar cara a los abélicos. Y he que al coger la línea que termina en La Laguna, una mujer percibió el oscuro estigma de mis ojos. Sin mediar palabra, intentó entrometerse. Al rechazarla en silencio, enarcó la misma ceja (sí, la derecha) que tú alzaste misteriosamente. Ni que decir tiene que hubiera dado mi vida por aquella mujer si tanta literatura tendenciosa no hubiera enfriado mi corazón hasta romperlo.
Y aún hay más. Hace dos semanas me sonreíste como aquella niña de la que me enamoré en el colegio. Cuando percutes los cinco dedos de tu mano derecha contra la mesa, veo claramente el gesto de Begoña, a la que quise convertir en madre de los cielos y la paz ultraterrena... ¿Para qué seguir? Podría enumerar a todas las mujeres de la tierra. Ya lo dije. En ti veo a todas las que he amado. En ti danzan armoniosamente.
El otro día alzaste sospechosamente una ceja (la derecha, creo), y tú preguntarás por qué me acuerdo de algo tan tedioso. Muy fácil. Hace cuatro o cinco años, me dio por releer un libro de Hesse: Demian. Como este alemán circunspecto insiste lo suyo en la importancia del carácter cainita, yo salí a la calle dispuesto a plantar cara a los abélicos. Y he que al coger la línea que termina en La Laguna, una mujer percibió el oscuro estigma de mis ojos. Sin mediar palabra, intentó entrometerse. Al rechazarla en silencio, enarcó la misma ceja (sí, la derecha) que tú alzaste misteriosamente. Ni que decir tiene que hubiera dado mi vida por aquella mujer si tanta literatura tendenciosa no hubiera enfriado mi corazón hasta romperlo.
Y aún hay más. Hace dos semanas me sonreíste como aquella niña de la que me enamoré en el colegio. Cuando percutes los cinco dedos de tu mano derecha contra la mesa, veo claramente el gesto de Begoña, a la que quise convertir en madre de los cielos y la paz ultraterrena... ¿Para qué seguir? Podría enumerar a todas las mujeres de la tierra. Ya lo dije. En ti veo a todas las que he amado. En ti danzan armoniosamente.
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