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12 sept 2012

Correspondencia



En ti encuentra la razón su laberinto. El acto de buscarte entre sus muros, conduce irremediablemente hacia el origen. Así me incitas a velar la realidad cuando pronuncio el nombre de la hermosa criatura. Pues yo soy Asterión, Teseo y el sueño interminable que te anuncia.

1 jun 2012

Las razones del otro

Para evitar sentirse una carga, culpó a cuantos le rodeaban del clima, el desamor y los accidentes de tráfico. Dos cosas sacó en claro: que acusar a los demás de un problema propio es algo muy serio y que para dejar de sentirse una carga nada mejor que dejar de serlo.

Desde entonces pasa sus noches conversando con el fantasma que intentó ser para poner remedio.



29 dic 2011

Solidaridad

Hice lo que cualquier persona inteligente haría. Reconocí ante el juez de mi corazón que no había entendido absolutamente nada, y a continuación me limite a dar gravemente la razón a todo el que se cruzaba en mi camino.

20 may 2011

Lugares comunes

Casi parecía amar un barrio, una atmósfera, la luz incandescente de la tarde. Tal era su predilección por ella. Puso todo su empeño (las circunstancias al fin lo requerían) en dar de sí la mejor esencia. Después de obviar todos los lugares comunes, ella solo le pidió una cosa: que riera. Pero el muy imbécil quería distinguirse pese a todo. Y sin más, empezó a gritar, espantado de su propia desnudez, de su turbia fealdad y de cierta inercia irresistible.

Aún resuenan sus palabras en mi oído. Sus improperios semejan el mantra de aquel loco que, después de proclamar a viva voz los más aciagos tópicos de la literatura, cree haber recuperado la razón que nunca tuvo.

7 abr 2011

El rostro en el espejo

Hace no mucho tiempo, un joven sin rostro paseaba por una extraña tierra. Dicen que estaba iluminado por una feliz sabiduría y que, de haber tenido un rostro, hubiera sido un joven tremendamente hermoso. Paseando llegó hasta el claro donde se erguía un oscuro almendro, y allí se sentó a ordenar sus impresiones. De la nada apareció entonces una muchacha de aire triste y rasgos delicados. Inmediatamente, el joven se acercó a ella. “Ven conmigo”, le dijo. Pero ella, algo turbada, no reconoció al amante. Tan solo preguntó: “¿quién eres?”. Y después de un silencio de indecible significado, este le respondió abiertamente: “no lo sé, pero ven”.

Esa respuesta hizo que la muchacha, resuelta a averiguar la verdad, decidiera al instante aceptar la proposición del joven.

Durante un año, vagaron por aquellos reinos que solo el joven conocía, y fue tal la belleza de algunos de los paisajes que encontraron, que el corazón de aquella muchacha, mitad niña, mitad señora del silencio, comenzó a conmoverse ante la sabiduría de su enigmático guía.

Finalmente, los amantes llegaron a la tierra del Principio, que era el único reino donde la vida es vida y nada más. Fue entonces cuando el joven se decidió a sacar un pequeño espejo del bolsillo de su pantalón. Y he que al ponerlo ante la mujer que tanto amaba, ella al fin pudo comprender con claridad que, como condición a lo que sentían, ninguno de los dos podía poseer un rostro.

5 abr 2011

Descartado

De acuerdo... Ya está todo dicho, pero necesito la revancha. Repartamos lentamente. Yo que tú, no me fiaría mucho de lo que dicen mis poemas. Mis versos tienden al exceso, estoy bajo el influjo del romanticismo suicida, y aún conservo un tres de corazones mordido por las puntas. Además, ten en cuenta que deliro cada día, de la mañana a la noche, y que escojo a mis amigos por lo bien que mienten. Veamos... ¿tú qué tienes? La calle nos espera, y de risa están temblando todos los faroles.

Pero sonríe, sé perfectamente que estás haciendo trampas... Cada vez que barajas, repartes esta mano. Pareja de inocentes. ¿A que no adivinas de qué palo?

5 mar 2011

Dos fábulas secretas

1. Para la tribu de los Inoku, los pájaros representan el sueño ancestral. Si dos amantes se reencuentran, y un pájaro se detiene sobre la espalda del menos sorprendido, lo más probable es que este se vea vagamente perseguido por los actos de su infancia. Si el ave toca la mano del más fuerte, este logrará conquistar el mundo si accede a tener un hijo con su pretendiente.

2. Suponen los hijos de Karán que el sufrimiento justifica cualquier acto de maldad. Pero si un hombre se atreve a dañar durante el trance de la felicidad plena a cualquier otro ser vivo, será condenado a agonizar eternamente en los sótanos del Ínkato.

31 dic 2010

De lo común a lo inexplicable




Un hombre corriente sale de su casa. Está de vacaciones. Va a un bar corriente, y allí conversa con gente tanto o más corriente que los del bar de al lado o los del restaurante de alguna ciudad lejana. Mantiene un animado flirteo con una desconocida (desconocido también él a ojos de cualquiera). Luego habla, bebe, fuma. La noche continúa como cualquier víspera de fin de año. El hombre no teme acercarse a los que se le acercan. Observa de reojo a los que ha elegido hoy por compañía. Gente aún más corriente, como esa rubia desconocida de sonrisa fácil o el detective privado que sufre un desamor constante. No hay refugio ante la rutina. Todo prosigue como debe ser, como dictan las viejas canciones que reconocemos sin haber escuchado nunca su estribillo. Todo pasa sin dejar más rastro que la niebla de los años. Pero la noche acaba para el hombre, que decide despedirse en tono neutro y coger un taxi hacia su casa.

Al llegar a su destino, se sienta a escuchar algo de música. Alguien ejecuta al piano una pieza semejante a la delicada respiración que recata en silencio. En ese momento, el hombre, tan corriente hace nada, tan discreto y cansado, tan feliz y resignado a ser nadie, acaricia en soledad su propio rostro, y con gesto sonámbulo cree reconocer la piel del rostro de ella.

Mientras los blancos acordes funden a negro, un hombre, por esta vez no tan corriente, se resiste a creer que su suerte haya cambiado para siempre.

25 nov 2010

Fantasía



Había un bosque. Generaciones de hombres perdidos trataban de salir de sus sombras sin ayuda de nadie. Un día me senté a esperar el golpe de gracia, y así apareciste. Para qué las palabras.

Caminamos. Al rato surgió una gruta, la vida seguía esperándome felizmente al otro lado. Continúa, dijiste, yo aún tengo que perderme en el bosque. Quiero ser digna del afecto de los que han regresado.

Pasaron los años. Crecieron raíces, se perdieron más hombres exhaustos. Para cuando volvimos a vernos, seguían tus pasos millares de pájaros.


9 nov 2010

A destiempo


Por supuesto, le dije que no. Y fui tanto o más fuerte que el deseo. Resistí la humillación, la soledad, la culpa. Fui tanto o más fuerte. Sus gestos dibujaban el perfil más delicado, su olor llegó a enfermarme. La cadencia de aquella voz suya, se enredaba a mis oídos hasta precipitarme contra mares de Ginebra. Después se marchitó. No sé bien... La vida, supongo que la vida. A ella también la maltrató. Solo entonces vino a mí, aun después de haberme rechazado. Solo entonces, después de que el deseo deviniese en nada, se ofreció a luchar por mí. ¿Y para qué, respondió el orgullo herido, necesitaría ahora de tu común compañía?

31 jul 2010

Separación de bienes

Cuando Cielo e Infierno convinieron divorciarse por segunda vez, llegaron a un curioso acuerdo. El Altísmo ya podría ser el único que tuviera acceso a los libros imborrables. Pese al difícil trato, el Caído no salió mal parado.

A él serían confiadas todas las preguntas de los hombres.

11 may 2010

Proyectos

Escribir un libro. Uno de tantos. Después dejar que me devore lentamente todo lo que en él no he dicho. Y así, escribir otro. Que al final, al trazar el último signo de mi vida, aún quede por decir lo que nunca he dejado de ignorar sobre mí mismo. Pues ciertas omisiones carecen de importancia. Ya describirán por mí mi asombro los que vengan a negarme.

4 abr 2010

El juego


Interpretó su propio desconcierto como una despedida. Mas cuando se hubo ido, no supo regresar al hogar que tanto había imaginado. Se había despedido prematuramente de sí mismo. Aunque en su recuerdo brillaba la posibilidad de haber estado por encima de las circunstancias del adiós, lo único que le quedaba claro era que había optado por el camino más corto hacia la nada.

Durante el esperpéntico rato que pasó con su amigo, se sintió dominado por el ansia de aparentar una exagerada afectación y un conocimiento de la vida que acaso no le correspondieran. Y ahora no podía volver. La batalla se había zanjado con un suicidio accidental. Por eso, porque no estaba dispuesto a retroceder ante la verdad, debía ser consecuente con su papel. Era la única forma de no comportarse nunca más como el necio pueril que siempre había sido.

Al doblar aquella esquina, y sin entender muy bien cómo ni por qué, su único amigo apareció ante él, otra vez  impulsándose desde las sombras. El experto fingidor sonrió con una mueca de satisfacción que no resultaría ni remotamente humana.



Epifanía





Sus ojos reflejaron mi noche interior. Para doblegar el vacío, acudieron los pájaros al recinto sin luz.