sin poder frenar mi propia decadencia.
Criticabais la decadencia ajena,
sin poder frenar vuestra propia decadencia.
Criticabais la decadencia ajena,
sin poder frenar vuestra propia decadencia.
Recurríamos al desprecio
como única herramienta con la que reconstruir
nuestra imaginaria superioridad.
De amor y muerte son las incontables cicatrices
que ahora nos igualan.