Entiende tú, lector, pobre lector, cándido lector, que el insistir lo suficiente sobre las estéticas oscuras, aparta de nosotros cualquier ideal de felicidad, deshaciendo así el entuerto que vuelve desgraciados precisamente a aquellos hombres que, en algún momento de sus vidas, empezaron a desear con demasiada fuerza esa misma felicidad.
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La arrogancia, qué actitud tan complicada de sostener de manera realista en el mundo real. No digamos ya de la misma ambición de ser real en los tiempos que corren. Qué cosa tan difícil de sostener en este mundo desde que cada ser humano empezó a preguntarse quién es en realidad y qué es la realidad.