La mediocridad obscenamente maquillada para tratar de parecerse a la desapercibida humildad. La arrogancia grotescamente desfigurada, como el personaje principal de un circo condenado en el que nada es lo que parece.
Hace años que el despreciable circo de las relaciones humanas se ha convertido en una película no menos despreciable. Y eso no es lo peor. Lo peor es que la mayoría de la gente se toma tremendamente en serio su supuesto papel protagonista en esa filmación nefasta.
***
Solo los que han sido infinitamente derrotados — infinita derrota que alcanzaremos todos con la muerte —, son merecedores del más profundo perdón. Difícil resultará por tanto, augurarle un buen final a los que han sido infinitamente mezquinos en sus métodos para conseguir la victoria.