Tras la máscara demoníaca,
aquel horrible rictus de dolor.
Quién soy yo para juzgar las sombras más oscuras.
No quisimos sopesar en la conciencia
las humanas intenciones de las víctimas
a las que un espectral rencor
transformó en verdugos con un resto de blancura.
Verdugos que vengaron en nosotros su dolor.
Verdugos en los que nos convertiremos
para no dejar de padecer la pérdida de la inocencia.
aquel horrible rictus de dolor.
Quién soy yo para juzgar las sombras más oscuras.
No quisimos sopesar en la conciencia
las humanas intenciones de las víctimas
a las que un espectral rencor
transformó en verdugos con un resto de blancura.
Verdugos que vengaron en nosotros su dolor.
Verdugos en los que nos convertiremos
para no dejar de padecer la pérdida de la inocencia.