31 mar 2011

Impaciencia

Como el actor que poco o nada finge merecer (o demasiado, si la ocasión es válida también desde la trama). También como todo aquel que se sabe envuelto en la función de la que solo intuye un extraño argumento, apenas entrevisto en la inflexión precisa o en los ojos que delatan. A ese, todos dicen: “te estamos conociendo. Ejecuta con nosotros el plan que nos atañe; se, por tu propio bien, uno más entre las máscaras. Aunque te creas engañado, por tu propio bien, insiste”.

De ese modo, la vida se presenta siempre irresoluta, de ahí su hermoso vaivén de noches y verdores.

Como el actor al que tanto sorprendiera su propia incoherencia, la tentación de comprender me habita, predispuesto a la piedad o al odio. Hambriento de cualquier sabiduría mundana.

24 mar 2011

Si en verdad asumiera como cierta la intuición que sugiere que todo cuánto pienso o siento durante ese lapso de locura que es el trance la felicidad, no me quedaría más remedio que deponer todas mis armas y rendirme en el tibio regazo de la desesperación.

16 mar 2011

Constancia

No siempre se enciende
el poema en la noche:
no suele el alma
contentarse por siempre,
ni podría la luna
brillar siempre en tu nombre.

11 mar 2011

Implícito

Sigo hablando el lenguaje súbito, el mismo que impacienta el aire. El que reconduce hacia las alamedas. Su luz no se comunica en lo dicho, ni siquiera en el modo de aquello que se dice. Si hablo por hablar con la que pretendo tanto, un gorrión desciende desde aquel paisaje y cualquier brisa ocre concilia nuestras voces. Esto puede ser alucinación o imprudencia, pero ya solo quiero entrever el trasfondo de esta historia, y afirmar en un descuido lo que ella aún no ha confesado.

5 mar 2011

Dos fábulas secretas

1. Para la tribu de los Inoku, los pájaros representan el sueño ancestral. Si dos amantes se reencuentran, y un pájaro se detiene sobre la espalda del menos sorprendido, lo más probable es que este se vea vagamente perseguido por los actos de su infancia. Si el ave toca la mano del más fuerte, este logrará conquistar el mundo si accede a tener un hijo con su pretendiente.

2. Suponen los hijos de Karán que el sufrimiento justifica cualquier acto de maldad. Pero si un hombre se atreve a dañar durante el trance de la felicidad plena a cualquier otro ser vivo, será condenado a agonizar eternamente en los sótanos del Ínkato.

2 mar 2011

¿Quién llamó, dime, evidencia a la evidencia? ¡Más fácil hubiera sido decirle secreto, y dejar que los locos adivinen!