a través de un prolongado ejercicio restrictivo.
Potenciar la creación de la palabra
desde la intuición de que es el lenguaje,
y nada más que el lenguaje,
lo único que conseguirá salvar al ser humano
de cada acción que no fuera meditada.
Convencer así al desalmado
desde la intuición de que es el lenguaje,
y nada más que el lenguaje,
lo único que conseguirá salvar al ser humano
de cada acción que no fuera meditada.
Convencer así al desalmado
a través del uso de la razón y la verdad.
Después, callar,
no decir más de lo que dejáramos dicho.
No hasta que la muerte nos obligue a repetir
no decir más de lo que dejáramos dicho.
No hasta que la muerte nos obligue a repetir
las erráticas palabras que creímos imborrables.