15 ene 2010

compasión

No hay compasión. Todo está dicho.
Escondo mi derrota del vencedor,
del animal intranquilo, de la vanidosa
obligación de los otros despreciados.
Recorro sin ser visto
la ciudad en que nací,
para no comprender su ritmo ciego
de esperpénticas luces clandestinas.
Quién no ha deseado hasta la oscura náusea
ser mejor de lo que determinan las mudas,
indecibles pasiones de la noche.
Si este mundo al final se guareciera
del mismo mal que glorifica,
solo quedaría un brutal dolor indemne
escogido por los inocentes,
a modo de fe en lo que es irreversible.