La muerte, porque yo consiento,
me habla de la muerte,
de sueños infinitos que no entiendo.
Mientras un niño triste por tu ausencia
devora el frío y la claridad de nadie,
se me olvida revelar mi alma
— el fuego que me habita hambriento —
ante los nuevos embates del sueño.
La muerte, porque yo consiento,
me habla de los signos que el silencio
escribe a la sombra del silencio.
La muerte, porque no te tengo,
desnuda las palabras que el amor
convierte en eterna sangre atribulada.