Sentirme escritor consistía en saberme interesante.
Llamar la atención gracias a detalles como la inteligencia o aquel deambular porque la noche.
Reconozco también haber mencionado el dolor un grotesco número de veces, y haber querido vender el cadáver aún en llamas de mi muerte.
Para ser interesante he tenido que callarme muchas cosas.
Para ser escritor he repetido las mentiras de otros escritores, las mismas que me condenaron a sentirme por debajo de un estatus que acabó por parecerme escoria.
Solo tres palabras: violencia, locura, sufrimiento.
El mundo es, el mundo será siempre un lugar oscuro.
Por eso existe el arte.
Pero el arte solo puede iluminar a los que padecen esa eterna oscuridad, y a su vez creen saber o saben en verdad que la redención es una causa individual.
El mundo siempre ha sido, siempre será un lugar oscuro.
Igual de oscura será la redención a través del arte.