Todos lo sabemos:
algún día será el día
en que despertar
definitivamente
a una noción más cierta
de lo que pudo haber sido.
Qué importarán entonces
el tiempo empleado
en luchar contra molinos,
o el rostro entenebrado
por la más vasta decepción.
Qué importarán el pasado
o el presente verdadero,
si ya ni siquiera
podrías suponer otro futuro.
Y lo primordial, te dirás,
no es en sí admitir la derrota:
lo peor será ignorar siempre
de qué otro modo
pudiste haberlo conseguido.