Lo sé. Junto a ti no hay poema.
A tu lado, el aire es tiempo esclarecido,
no necesita de nombres ni espejismos.
Juntos, claramente desnudos todavía,
la palabra se nos vuelve amando
un viejo juego que consiste
en añorar el venidero estío.
Porque la soledad es la fuente.
Por ella me decido a veces
a escribirte siempre a ti,
que eres hija de sus sombras,
que en la palabra buscas
otra forma más simple de quererme.
Soledad que por amor te nombra.
Sé que tu ausencia es la raíz perpetua
que ilumina el fondo ciego del poema.
19 feb 2009
16 feb 2009
Al que no soy
porque es a mí a quien pertenece
el llanto por lo que nunca he sido.
No siento, ante el océano vespertino,
más que la necesidad de huir del fin
de lo que soy, y, sin embargo,
en mi sombra amanece
la ruta que sólo conduce hacia mí mismo.
Yo sé cómo será mi propio exilio, sé
que el único modo de añorar un nombre,
es cambiar este lugar asignado
por el de toda una multitud
condenada a ser un mismo ser infinito.
He de ser todos los hombres,
derramar mi amor en lo desconocido,
abrirme paso hacia las noches
que esconden la razón en extravío.
He de abarcar la locura y el hambre,
el dolor, la verdad, el olvido:
he de amar y odiar al unísono
para que nadie pueda arrebatarme nunca
el falso privilegio de morir tranquilo.
15 feb 2009
todos los caminos de regreso
Desnuda la invisible luz:
el sueño que empezamos hoy
ya rompe el mundo en nuestros ojos.
Del día sólo quiero la raíz
que muerdes como un verso interminable,
escrito, necesariamente escrito,
en lo más hondo de la carne.
Porque el vital estímulo de tu voz,
la lluvia que guardas en las fuentes,
el juego inevitable de tus manos:
me invitan a explicarte los silencios
que descifro reinventando las palabras.
(El mundo que contengo para ti
es un pequeño retal
de aire imprescindible,
tan imprescindible y vacuo
como el fuego del poema.)
Desnuda la invisible luz,
hay miles de pájaros dentro...
El buen sueño que empezamos hoy
adelanta una razón a este deseo.
Y ya rompe en nuestros ojos
un tiempo eterno para contemplar
cada esperanza perdida, destinada
a la cerrazón del olvido.
Eres este primer mediodía que avanza
cuando en las calles moribundas
resuenan todos los caminos de regreso.
el sueño que empezamos hoy
ya rompe el mundo en nuestros ojos.
Del día sólo quiero la raíz
que muerdes como un verso interminable,
escrito, necesariamente escrito,
en lo más hondo de la carne.
Porque el vital estímulo de tu voz,
la lluvia que guardas en las fuentes,
el juego inevitable de tus manos:
me invitan a explicarte los silencios
que descifro reinventando las palabras.
(El mundo que contengo para ti
es un pequeño retal
de aire imprescindible,
tan imprescindible y vacuo
como el fuego del poema.)
Desnuda la invisible luz,
hay miles de pájaros dentro...
El buen sueño que empezamos hoy
adelanta una razón a este deseo.
Y ya rompe en nuestros ojos
un tiempo eterno para contemplar
cada esperanza perdida, destinada
a la cerrazón del olvido.
Eres este primer mediodía que avanza
cuando en las calles moribundas
resuenan todos los caminos de regreso.
14 feb 2009
costumbre de vivir
¿Qué podemos darte hoy,
bajo este cruel cielo de ceniza,
divididos entre la razón y el odio,
qué podemos ofrecerte, oh vida,
para sentirte plena con nosotros,
y trazar así otra escena en la luz
que huye distorsionada por tus ansias?
Te olvidamos, a ti, intensidad solemne
que traías la inquietud a estos parques
atravesándolos noche tras noche,
noche tras noche despertándonos.
Te olvidamos, hora sin preguntas,
días en los que internarnos,
con extraño ímpetu suicida,
bajo la incesante lluvia
que arrasa la tranquilidad del sueño.
Para sentir la vida,
en el puro acto de existir
había que entrenarse,
como un atleta ambicioso
había que ascender mil veces
la altura de un ancestral vacío,
hasta llenar de oxígeno
el tórax vigoroso de la muerte.
Pero de tanto rozar tu vuelo desbocado,
el corazón se acostumbró a ti,
a la sutil rutina de los amantes,
a la triste promesa de tu vacío.
Oh vida, intensidad solemne,
hora que transitas el dolor y el éxtasis,
de tanto sacrificar el cielo de la tarde,
hemos silenciado todos los caminos
que conducían hasta tus frondosos jardines.
bajo este cruel cielo de ceniza,
divididos entre la razón y el odio,
qué podemos ofrecerte, oh vida,
para sentirte plena con nosotros,
y trazar así otra escena en la luz
que huye distorsionada por tus ansias?
Te olvidamos, a ti, intensidad solemne
que traías la inquietud a estos parques
atravesándolos noche tras noche,
noche tras noche despertándonos.
Te olvidamos, hora sin preguntas,
días en los que internarnos,
con extraño ímpetu suicida,
bajo la incesante lluvia
que arrasa la tranquilidad del sueño.
Para sentir la vida,
en el puro acto de existir
había que entrenarse,
como un atleta ambicioso
había que ascender mil veces
la altura de un ancestral vacío,
hasta llenar de oxígeno
el tórax vigoroso de la muerte.
Pero de tanto rozar tu vuelo desbocado,
el corazón se acostumbró a ti,
a la sutil rutina de los amantes,
a la triste promesa de tu vacío.
Oh vida, intensidad solemne,
hora que transitas el dolor y el éxtasis,
de tanto sacrificar el cielo de la tarde,
hemos silenciado todos los caminos
que conducían hasta tus frondosos jardines.
13 feb 2009
el presente de los héroes
Sé que ahí fuera,
tras las fronteras que rompemos
de un hogar hermético,
fuera, incluso más allá
de la raíz o de la fuente,
un ejército de niños ateridos
combate contra el tiempo
que a todos se nos niega.
Sabes que no hay mañana.
La huella sucesiva del ayer
nos deja la ilusión infantil
de un futuro casi posible,
de una hora que no llega
porque la vida es también esto
que devoramos a ciegas,
y el futuro es la sombra
de una sombra ya muerta.
Sabes que no hay mañana.
Fuiste el niño que luchaba
contra la magnitud extraña,
oscura de las horas venideras.
Alzaste ante ellas tu esperanza.
Y un ejército de iguales
te sigue todavía en la batalla.
Porque la ilusión del tiempo
nos salva de ser héroes,
de ser, incluso, como esas bestias
que mueve la emoción más inmediata.
Victoriosos tomaríamos la vida
si pudiéramos suceder,
como nuestros antepasados,
en lo más fugaz de este presente,
y en la materia infinita del instante
alzar al fin el reino fortuito de la carne.
12 feb 2009
fisura en el silencio
Es necesario que descanse,
que me aleje de mí mismo
para perderme en ti mientras me olvido.
No quiero ser ese yo, tan terrible,
que aflora enloquecido en mis poemas
después de la resaca de escribirme.
El que conduce mis palabras
es siempre un impostor,
un charlatán que no sabe lo que dice.
El yo que aflora enloquecido, ese,
es en realidad mi íntimo enemigo,
la doblez marchita de mi sombra,
el eco contrario de mi grito.
Y, sin embargo, quien te miente soy yo,
no ese otro contenido en mi elocuencia.
que me aleje de mí mismo
para perderme en ti mientras me olvido.
No quiero ser ese yo, tan terrible,
que aflora enloquecido en mis poemas
después de la resaca de escribirme.
El que conduce mis palabras
es siempre un impostor,
un charlatán que no sabe lo que dice.
El yo que aflora enloquecido, ese,
es en realidad mi íntimo enemigo,
la doblez marchita de mi sombra,
el eco contrario de mi grito.
Y, sin embargo, quien te miente soy yo,
no ese otro contenido en mi elocuencia.
Soy yo quien emplea estos recursos
para alimentar nuestro amor distante
con la voz incierta del delirio.
para alimentar nuestro amor distante
con la voz incierta del delirio.
Que lo único peor que haber mentido
es no saber si hay algo cierto,
algo que merezca ser dicho ante testigos.
es no saber si hay algo cierto,
algo que merezca ser dicho ante testigos.
11 feb 2009
sobre la belleza
¿Cómo explicar, amigos,
la hora definitiva en que la vida,
esa tempestad caprichosa,
escoge a sus allegados, los felices,
los que se han enamorado de la lluvia,
a los más perfectos de entre los amados?
Porque ella, la hacedora terrible,
escoge sólo a los más hermosos.
Le pertenecen. Se han entregado.
Son obra del poderoso ensueño
que en la noche se alza
oscuro como un llanto aciago.
Ellos, los que más de cien veces
se verán acorralados por el odio,
por la envidia, ellos, los felices,
dependen del amor que necesitan.
Y en su necesidad, la vida duele,
impone sus llagas invisibles,
les amenaza con una soledad perpetua
gestada en la dudosa inercia de los días.
la hora definitiva en que la vida,
esa tempestad caprichosa,
escoge a sus allegados, los felices,
los que se han enamorado de la lluvia,
a los más perfectos de entre los amados?
Porque ella, la hacedora terrible,
escoge sólo a los más hermosos.
Le pertenecen. Se han entregado.
Son obra del poderoso ensueño
que en la noche se alza
oscuro como un llanto aciago.
Ellos, los que más de cien veces
se verán acorralados por el odio,
por la envidia, ellos, los felices,
dependen del amor que necesitan.
Y en su necesidad, la vida duele,
impone sus llagas invisibles,
les amenaza con una soledad perpetua
gestada en la dudosa inercia de los días.
10 feb 2009
sísifo
Este quehacer me salva del absurdo.
El ocio que merece la inteligencia
consiste en devorar con tristeza,
entre crímenes calculados y poemas,
la luz que la propia inteligencia engendra.
Así, en este quehacer violento,
forcejeo cada día con las palabras
que dicta un asombroso enemigo.
Pues con su furia implacable, él,
cada día me muestra su otra vida
y algo más sobre la poesía
que tanto me conmueve de los muertos.
He de ser testigo y partícipe
de una salvación más que incierta:
aquella que consiste en saber amar
el rostro verdadero de la culpa,
intranquila expectativa que conduce
al averno inmenso que he creado.
Ha de ser así, hasta que un verso
enmascare mi juicio enajenado,
y me devuelva, entre susurros,
a la página en blanco del principio.
El ocio que merece la inteligencia
consiste en devorar con tristeza,
entre crímenes calculados y poemas,
la luz que la propia inteligencia engendra.
Así, en este quehacer violento,
forcejeo cada día con las palabras
que dicta un asombroso enemigo.
Pues con su furia implacable, él,
cada día me muestra su otra vida
y algo más sobre la poesía
que tanto me conmueve de los muertos.
He de ser testigo y partícipe
de una salvación más que incierta:
aquella que consiste en saber amar
el rostro verdadero de la culpa,
intranquila expectativa que conduce
al averno inmenso que he creado.
Ha de ser así, hasta que un verso
enmascare mi juicio enajenado,
y me devuelva, entre susurros,
a la página en blanco del principio.
noche adolescente
Frecuenté durante mi adolescencia
ciertos lugares, oscuros tugurios
de atmósfera sórdida y reacción violenta.
Recuerdo vagamente alguno de ellos,
donde aquella música estridente
retumbaba muy cerca de mis oídos ebrios.
No me gustaba entonces ese ambiente.
No me gustó nunca. ¿Por qué, entonces?
Quizás un niño deja de ser inocente
cuando se aventura en la noche
para ser distinto a sí mismo,
pues ha de ser más hombre
quien se avergüenza inútilmente
de su propia ingenuidad perdida.
¿Pero hasta dónde es así?
Quizá perdí tan sólo esa verdad
que me unía al espejo,
la mirada asombrada que busca
en la mirada de los demás
la ausencia de sus propios demonios.
Pues ser quien eres tiene un precio.
Y es más fácil ser la sombra indemne
que siempre se confunde con el resto.
ciertos lugares, oscuros tugurios
de atmósfera sórdida y reacción violenta.
Recuerdo vagamente alguno de ellos,
donde aquella música estridente
retumbaba muy cerca de mis oídos ebrios.
No me gustaba entonces ese ambiente.
No me gustó nunca. ¿Por qué, entonces?
Quizás un niño deja de ser inocente
cuando se aventura en la noche
para ser distinto a sí mismo,
pues ha de ser más hombre
quien se avergüenza inútilmente
de su propia ingenuidad perdida.
¿Pero hasta dónde es así?
Quizá perdí tan sólo esa verdad
que me unía al espejo,
la mirada asombrada que busca
en la mirada de los demás
la ausencia de sus propios demonios.
Pues ser quien eres tiene un precio.
Y es más fácil ser la sombra indemne
que siempre se confunde con el resto.
VOZ QUE CRUZA EL SUEÑO
Hechas tus horas a imagen del silencio,
deja que la duda atrape la insoportable certeza
que llena tu soledad de extraños espejismos,
porque esa voz vertiginosa interrogada por el viento
callará una noche para que atiendas a lo vivo…
—Por no estar de acuerdo contigo,
vanamente dejas escapar los días
presa de un febril sentimiento
que arrastra tu alma y la consume. Así,
mientras el tiempo mella lo que es tuyo,
con la sombra tenaz de la impotencia
el sueño fugaz rompe la cuerda
que sostiene el peso de la edad.
Acepta, pues, y vive sin saber
del orden que revoca cada acto
con que hiciéramos valer nuestra importancia
Tal vez logres aunar por un instante
dolor y alegría, temor y esperanza…
Volviendo así a amar el mundo
que hoy rechazas por juzgarlo
demasiado frío y falto de belleza.
deja que la duda atrape la insoportable certeza
que llena tu soledad de extraños espejismos,
porque esa voz vertiginosa interrogada por el viento
callará una noche para que atiendas a lo vivo…
—Por no estar de acuerdo contigo,
vanamente dejas escapar los días
presa de un febril sentimiento
que arrastra tu alma y la consume. Así,
mientras el tiempo mella lo que es tuyo,
con la sombra tenaz de la impotencia
el sueño fugaz rompe la cuerda
que sostiene el peso de la edad.
Acepta, pues, y vive sin saber
del orden que revoca cada acto
con que hiciéramos valer nuestra importancia
Tal vez logres aunar por un instante
dolor y alegría, temor y esperanza…
Volviendo así a amar el mundo
que hoy rechazas por juzgarlo
demasiado frío y falto de belleza.
9 feb 2009
días extraordinarios
¿Serás, amor...?
Pedro Salinas
Pedro Salinas
Vivimos, ya lo sabes,
días extraordinarios.
Cada instante es una luz
que copa nuestro tiempo.
Cada día, aunque ausentes,
nos acercamos más y más
a los puertos que en la noche
se divisan gracias al amor.
Vivimos, ya lo sabes,
días para fabular este imposible,
para llorar de ansiosa esperanza,
para tornar más fácil el miedo
que se instalara a su antojo
en lo más recóndito del alba.
Días extraordinarios, hermosos,
tal una víspera ciega por cumplir.
Somos la incesante promesa
que culminará con otro día más,
abrazados en la vacilante luz
de un final siempre pospuesto.
8 feb 2009
hacia el mar
Se le hizo extraño hablar de amor
ante aquel mar enigmático.
Quizá fueron la tarde y el olvido.
El corazón, cansado de girar,
se adentro, esta vez como un niño,
entre los ecos grisáceos del agua.
Se le hizo extraño oír su silencio tan cerca,
sentir en sí mismo esa débil constancia,
pues extraño es dar a conocer un misterio
que también es misterio para nosotros mismos.
Ante aquel mar enigmático
se detuvieron por un rato sus sueños.
Fue entonces, en aquella pausa solemne,
cuando él dijo algo, desnudo. Algo…
No sé bien qué frase imposible,
qué anhelo secreto,
qué verbo incesante de olas rompientes,
de barcos azules e infinitos espejos.
ante aquel mar enigmático.
Quizá fueron la tarde y el olvido.
El corazón, cansado de girar,
se adentro, esta vez como un niño,
entre los ecos grisáceos del agua.
Se le hizo extraño oír su silencio tan cerca,
sentir en sí mismo esa débil constancia,
pues extraño es dar a conocer un misterio
que también es misterio para nosotros mismos.
Ante aquel mar enigmático
se detuvieron por un rato sus sueños.
Fue entonces, en aquella pausa solemne,
cuando él dijo algo, desnudo. Algo…
No sé bien qué frase imposible,
qué anhelo secreto,
qué verbo incesante de olas rompientes,
de barcos azules e infinitos espejos.
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