
Te harán temer a la verdad.
Y este cotidiano ir y venir entre los otros,
solo puede conducir
a una vieja mascarada.
Por tanto, huye,
que la verdad, convenida por los demás,
puede ser la herida y el puñal.
Huye, y encuentra en soledad
aquel juicio imperdonable.
Que cuando vuelvan a dudar de ti,
nadie más — tan solo tú —
conozca la visión que tienes de ti mismo.