
En qué momento,
en qué mediocre,
o quizás humilde momento
o quizás humilde momento
nos volvimos
despreciables admiradores del ego.
Cuándo empezamos
despreciables admiradores del ego.
Cuándo empezamos
a merecer la arrogancia
antes que la ternura.
Cuándo nos sedujo,
como a impresionables novatos de instituto,
la más horrible de las vanidades.
antes que la ternura.
Cuándo nos sedujo,
como a impresionables novatos de instituto,
la más horrible de las vanidades.
Desde qué ridícula inferioridad
nos pusimos a analizar el mundo,
que ahora el humo
nos pusimos a analizar el mundo,
que ahora el humo
nos parece
más valioso que el fuego.
más valioso que el fuego.