contra este otoño inoportuno:
mi estancia delimita la otra orilla,
y otro amigo me combate
desde el frío estigma del silencio.
No hay nada que explicar.
No puedo codiciar aquel desnudo,
ni un rostro adolescente en los espejos.
¿Creéis que al fin cedo en mi locura?
ni un rostro adolescente en los espejos.
¿Creéis que al fin cedo en mi locura?
Juzgad de nuevo,
la edad no me amenaza todavía.
la edad no me amenaza todavía.
Otra vez es más sencillo:
he vuelto a odiar al que contempla en sueños
la feliz incoherencia de mis lunas.
he vuelto a odiar al que contempla en sueños
la feliz incoherencia de mis lunas.