Otro imbécil de aire horriblemente mediocre pecando de hibris a manos llenas.
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Serpientes y corderos compartiendo la música y la noche.
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En esta ciudad aislada y diminuta, estamos predestinados a transcurrir por la eternidad de una manera ridícula y extraña. El pasado nunca se fue, el presente siempre está transcurriendo y, a partir de los cuarenta, el futuro nos alcanzará a todos sin habernos dado cuenta todavía de quiénes somos ni de dónde estamos realmente.