29 jun 2012

Soberanía del yo

Entre ser limpiamente guíado hacia la felicidad y avanzar tropezando por mi propio pie entre escarpadas colinas, elegiré siempre lo segundo. Pues la plenitud solo es posible cuando preferimos actuar según nuestro propio criterio.

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Aunque las más de las veces me equivoque al hacer lo que quiero, en tales errores, precisamente por ser solamente míos, he hallado seguridad, consuelo y la certeza de que los designios del corazón, por oscuros que estos sean, se hallan siempre más allá del bien y del mal.
 
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Y observar con horror que el único camino que conocen los guías, conduce lentamente hacia la perdición.

23 jun 2012

Sobre la racionalización del dolor


La única sabiduría que nace del dolor, recibe el nombre de piedad, y es anterior a Cristo, Mahoma, Sócrates o Buda. Estaba aquí antes de que la civilización se nos fuera de las manos. Y puede que sea lo único que quede cuando el fuego de la inteligencia consuma hasta el último vestigio de inocencia.

16 jun 2012

Pesadilla sobre la intimidad

No cuentes conmigo si aún esperas que guarde tu secreto. Esa responsabilidad podría costarme largas noches de insomnio y horribles ratos defendiendo el hermético silencio que algún desconocido podría llegar a descifrar.

4 jun 2012

Buenos deseos

¿Y qué culpa tendrás tú, lejana ya,
de la noche que extravía
su razón por las venas del extraño?

Cualquier traición es leve
si aprendemos lealtad
primero hacia nosotros mismos.

¿De qué manera, pues,
hacerte responsable de mi infierno?

¿Quién podía acompañar
a este errante ciego
en su negro viaje hacia sí mismo?










2 jun 2012

Introversión

Propongo pintar el mundo una y otra vez de negro. Negro, el cuerpo concebido. La tensión de tu cabello, bruna. Negra esa mirada limpia con la que nunca me viste. Seamos otra vez camaleones camuflados por la roca más oscura. O por qué no mirlos, hormigas o cualquier animal impuro que no pueda enloquecer por su reflejo.


1 jun 2012

Las razones del otro

Para evitar sentirse una carga, culpó a cuantos le rodeaban del clima, el desamor y los accidentes de tráfico. Dos cosas sacó en claro: que acusar a los demás de un problema propio es algo muy serio y que para dejar de sentirse una carga nada mejor que dejar de serlo.

Desde entonces pasa sus noches conversando con el fantasma que intentó ser para poner remedio.



30 may 2012

Cordura

Se bienvenida a tu casa, cordura,
blanquísima cordura.

Entra, que aunque las calles cambien,
habitarás con gracia mi regazo.

Por ti será la culpa solo llanto.
Tan solo fiebre, 
el lenguaje atónito del pájaro.



23 may 2012

Malas lenguas


Hablan ellas. Y hablan mucho.


Critican mordazmente

la situación de alguno
que aún no identificas de tu parte.

No soy yo, piensas.


Pero es verdad que llevas

un tiempo ya de lucha
concentrando tu mirada sobre un mal, el tuyo, 

que bien podrían resolver mejor que tú
aquellos semejantes que no entiendes.

Ni eres tú, ni es tu herencia

la que sale amenazada en el entuerto.

Sin embargo,

después de haber buscado tanto,
no hay modo de ignorar la tentación
de hallar ardiendo en todas partes
el fruto incuestionable de tu esfuerzo.

21 may 2012

Malas compañías

Míralos. Ante ti, los libertinos. Su único consuelo es dejarse arrastrar por los rescoldos de la escoria. Su dudosa ley será siempre la del cuerpo. El exceso los convierte en héroes de la frágil fantasía que alimentan. No tienen rostro alguno, ni conocen máscara que desvíe su conducta del desprecio. Tan solo un sexo sórdido, capaz de concebir millares de generaciones enfermas.  

Míralos bien. Detente a hablar con ellos un segundo, y continúa luego como siempre. Amarlos supondría traicionar la luz más provechosa.

La misma que te guía hacia el hogar si has perdido tu camino en la intemperie.




17 may 2012

Tres pinceladas de negro

Asomado al balcón desde que es niño, piensa: el mundo será así cuando yo también desaparezca. Silencio. Todo juega a consolarnos con espejos que dilatan nuestra ausencia.

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¿Que con qué parte debería de quedarme? ¡Y a mí qué me dices! La vida es demasiado larga. Y el corazón, caprichoso. Además, ni siquiera estoy seguro de saber decidir correctamente qué cosas han de hacerme mal y cuáles deberían elevarme.

Dadme solo lo que necesite, solo cuando lo requiera.

Así, para cuando volváis a herirme, no tendré por qué enfocar el siguiente golpe hacia mí mismo.


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No te preocupes, querida, ya me enamoraré de otra, y también me dirá que no.