17 jul 2007
16 jul 2007
12 jul 2007
Se apresura el germen impaciente de los días.
Los libros comprendidos, los gestos detallados,
la lujuria corrompida por extraños pesares,
las frías pinturas, que adornan lo vacío,
los nombres olvidados por un bien abstracto.
Las canciones feroces, los halagos, la inocencia…
La burda ingenuidad de creernos felices.
El canto conmovido de lo que la noche encierra,
el amor enemistado, su compleja paciencia,
la franqueza imposible, el destino anhelado.
Busca por ti mismo el sentido a estas cosas,
insiste, en lo que tu corazón consienta,
por amar la ruidosa prosperidad del mundo.
Mas no te convenzas nunca en tu contra;
no permitas que el mundo tanto te influya
hasta hacerte pensar que todo funciona.
Observa los densos matices del alba,
ten por maestra a tu luz y a tu sombra.
Ama la ruidosa prosperidad del mundo
creyendo que el amor todo lo torna.
Porque se apresura, lentamente,
el germen impaciente de los días futuros,
en que no seremos ya sino esta común historia.
Los libros comprendidos, los gestos detallados,
la lujuria corrompida por extraños pesares,
las frías pinturas, que adornan lo vacío,
los nombres olvidados por un bien abstracto.
Las canciones feroces, los halagos, la inocencia…
La burda ingenuidad de creernos felices.
El canto conmovido de lo que la noche encierra,
el amor enemistado, su compleja paciencia,
la franqueza imposible, el destino anhelado.
Busca por ti mismo el sentido a estas cosas,
insiste, en lo que tu corazón consienta,
por amar la ruidosa prosperidad del mundo.
Mas no te convenzas nunca en tu contra;
no permitas que el mundo tanto te influya
hasta hacerte pensar que todo funciona.
Observa los densos matices del alba,
ten por maestra a tu luz y a tu sombra.
Ama la ruidosa prosperidad del mundo
creyendo que el amor todo lo torna.
Porque se apresura, lentamente,
el germen impaciente de los días futuros,
en que no seremos ya sino esta común historia.
11 jul 2007
Ética y Estética (II)
En todas las cosas que creí bellas está implícita la muerte. Para que el sol brille al amanecer, haciéndonos creer que el mundo está sujeto a la belleza, es necesario que algo muera con delicada resistencia, que un sentimiento distante se apague lentamente mientras la muerte presta su caricia al alma. Es necesario suponer que el mundo es el estado de ánimo que el corazón inventa, y así, observar como las bestias se guarecen en su propia inconsciencia a fin de no temerle al sórdido vacío de la noche. Porque la noche, con su búsqueda hacia lo perdido, le devuelva al hombre su concepción de esa sustancia redentora que es la belleza, que no es nunca un ideal, pues los ideales sólo los conciben las ansias inmortales de los corazones que tratan de perdurar sobre la sangre. Dioses conscientes del tiempo que les queda, los idealistas se aferran a una perfección que saben imposible. Y la belleza sólo es posible renunciando a lo que hay de imposible en el deseo de belleza. Ese juego del alma predilecta; abandonar lo esencial para que lo esencial busque su sitio en los sentidos, hace del ideal una ilusión que se expande en tanto que se aleja. Pues un ideal de perfección no puede ser percibido a menos que renunciemos a éste. Así, poco a poco, éste irá revelando su propia verdad al individuo que tanto ha deseado experimentar dicha perfección, que no es nunca tal y como podría imaginarla.
8 jul 2007
7 jul 2007
5 jul 2007

Van pasando los días, atardeceres contados,
pasan dejando al alma su tranquila lejanía.
El río refleja su misteriosa tristeza dorada,
transformada en luz por lo sagrado,
revuelve al alma herida por los días
en que el amor fuera el reverso de la nada.
De todo aquello queda apenas el legado
que es pensar que el río acaso volvería.
Pasan días, mientras pasa el mismo río,
caudal de espejos engañosos, profecía:
si han de retroceder las aguas presurosas,
que vuelvan para mostrar el tiempo dado.
Si nada nos conforta, si así pasan los días,
que al menos borren estas aguas caudalosas
la idea de vivir según lo ya dictado.
4 jul 2007
Si te hablara de mí con tímida sencillez,
igual que hablan los jóvenes enamorados,
cada palabra interpretada en su tibio sentido
contendría un extraño matiz amargo de tristeza.
Y si quisiera partir lejos de aquí, lejos contigo,
de igual manera que dos jóvenes enamorados,
el viaje culminaría el mismo día grisáceo
en que ya no supiéramos decidir soñando
quién o qué somos cuando amamos.
Este pudoroso silencio contiene la verdad,
la verdad de un tiempo acaecido esperando
en un jardín de soles y cipreses.
Lo pasado, pasado está.
Pero en estos días faltos de misericordia,
el amor nos mira con ojos huraños,
haciendo que ciertas heridas sean
la enseñanza más cruel que no olvidamos.
Y así, si quisiéramos hablar de nuevo,
y sentir como dos jóvenes enamorados,
hablaríamos el lenguaje de las sombras,
usaríamos las manidas palabras del cansancio.
Lo pasado, pasado está. Hasta el amor y el daño.
igual que hablan los jóvenes enamorados,
cada palabra interpretada en su tibio sentido
contendría un extraño matiz amargo de tristeza.
Y si quisiera partir lejos de aquí, lejos contigo,
de igual manera que dos jóvenes enamorados,
el viaje culminaría el mismo día grisáceo
en que ya no supiéramos decidir soñando
quién o qué somos cuando amamos.
Este pudoroso silencio contiene la verdad,
la verdad de un tiempo acaecido esperando
en un jardín de soles y cipreses.
Lo pasado, pasado está.
Pero en estos días faltos de misericordia,
el amor nos mira con ojos huraños,
haciendo que ciertas heridas sean
la enseñanza más cruel que no olvidamos.
Y así, si quisiéramos hablar de nuevo,
y sentir como dos jóvenes enamorados,
hablaríamos el lenguaje de las sombras,
usaríamos las manidas palabras del cansancio.
Lo pasado, pasado está. Hasta el amor y el daño.
1 jul 2007
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