Mientras tú reprimes en mi conducta
cualquier reflujo natural de energía erótica,
y al mismo tiempo tratas de involucrarme
en un imaginario afectivo
del que ya no podrías ser merecedora,
yo practico el gran cinco contra uno
pensando en ti cada noche,
sin ninguna piedad,
con la única intención
de seguir encarando como un adulto
la dramática verdad de nuestra historia.