Hace años que el despreciable circo de las relaciones humanas se ha convertido en una película no menos despreciable. Y eso no es lo peor. Lo peor es que la mayoría de la gente se toma esa película nefasta tremendamente en serio.
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Solo los que han sido infinitamente derrotados — infinita derrota que alcanzaremos todos con la muerte —, son merecedores del más profundo perdón. Difícil resultará por tanto, augurarle un buen final a los que han sido infinitamente mezquinos en sus métodos para conseguir la victoria.