19 may 2026

Detrás del mundo



De los muertos sí reconocemos su dolor.

No así el de los atentos animales.
Tampoco el de los viajeros clandestinos.

Pero observamos como si observáramos a Dios
a los que sufren por amor
y a los que sufren por una noble causa.

Nadie nos forzó a discriminar
lo que era digno de piedad
— que era la totalidad de lo existente —,
de lo que era despreciable por su falsa inferioridad.

Ignoramos así a los que ya solo podían
silenciar la razón de su dolor.

Ese silencio es el gran silencio
de nuestro propio e indecible sufrimiento. 

De nuestra irrevocable soledad sin alma.