Al hacerme caer, me empujaste con más fuerza hacia mi Destino. Qué son la envidia y la discordia, sino el fuego de ese infierno en el que los culpables de existir nos sentimos como en casa.
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Aboguemos pues por una realidad real, en la que lo irreal no sea la belleza de una mística kamikaze.
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Y la inutilidad de nuestro dolor, que viene a ser la inutiilidad misma de cualquier obra de arte verdadera.
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Pienso que hay cierta nobleza intelectual y espiritual en el hecho de sentirse idiota. A quien le parezca esto una abominación, piense en lo terrible que puede llegar a ser el ser completamente idiota, y no haberse sentido nunca como tal.