
Si alguna adicción sombría
reviviera con la inminencia de la estación siguiente,
escuchad el lenguaje de la herida.
Su belleza destructiva nos empuja
a sincerarnos con la insistencia del olvido.
Encarnad así el no lugar
donde el dolor ha sido enterrado
demasiadas veces.
Escuchad el lenguaje mortecino de la herida.