
Llega la siguiente novedad.
Pasaremos meses,
años,
décadas
respirando su evidencia.
Es hermosa, nos diremos,
y en algún momento
empezaremos a ver a través de ella.
Nos volveremos lúcidos entonces,
y ella, la novedad,
nos daremos cuenta,
tendrá un trasfondo invisible,
raíz que se encamine
por debajo de la superficie de la tierra.
Entonces algo entenderemos.
Y acaso algo resplandezca.
Pero tarde o temprano,
llegaremos al misterio de su naturaleza.
Sabremos ya
qué sucede más allá de su apariencia,
pero en su desnudez, como cada cosa,
la novedad es lo que es,
y no podremos descifrar esa inmanencia.
Se abrirá así
la visión más honda de nuestra ceguera.
Después, la imposible novedad
se disipará sin fuerzas
en el retorcido cauce de nuestra experiencia.