la de ojos soberbios, incipiente locura
que maneja la cifra del viento irremisible.
Ella, la innombrable, acecha tras la lluvia,
vigila el reino insatisfecho del deseo.
Con mirada acusadora, desconfía
de todo lo que no atiende al desafío
que expone brutalmente en sus ensueños.
Buscando la señal ávida del ego,
crea los fantasmas del tormento; así,
cuando duerma la razón su triste sueño,
la bestia podrá ocupar su aciago señorío.