30 sept 2009

El paisaje en ti

Perteneces al paisaje eterno de la tarde.
Eres el otoño en esta tierra de espejismos,
el otoño que pasa ante mis ojos de niño
como el viento que se pierde por sí mismo
porque avanza, rumoroso, tras el mundo.
Eres luz y lluvia,
y lenta expectación de aire claro,
aire pleno de solsticios y preguntas.
Y la tarde siempre está en tus ojos, esperando.
Y el cielo, y un sol levísimo de octubre
se apoderan de ti en la mirada
que te sabe ya dentro del paisaje infinito.

Los días circulares

Ya no veo mi vida como un día a día. Es más bien una trama interminable de prodigios y alucinaciones. Por eso me preocupan los retazos —¡tantos! — que suman una soledad fingida y un despertar desperdiciado. Estoy lejos de los días circulares, mi camino se superpone al de un tiempo que en realidad no existe, que por ello se limita a transcurrir indefinidamente sin posibilidad de retroceso ni de reiteración en sus señales más simples. Cuando un solo día es lo que debe ser (una unidad independiente o una parcela infinita de vida por recomenzar), el tiempo cobra un valor simbólico, que cesa con la profundidad de las horas de sueño. Y he ahí la única muerte cotidiana. Mas no para alguien que sabe que el sueño tiene un componente ajeno a su voluntad. No para un insomne.

Tras años de medicación sigo sin habituarme a la realidad de un descanso artificial. Para mí no hay más muerte que la definitiva. Y el presentimiento de esta es lo que dota de un ínfimo sentido al tiempo que transito cada día.

29 sept 2009

Donde faltas

Te busco cada día donde faltas,
y así supongo tu silencio tras el mío
y escucho tu palabra en mi palabra.
Veo una rambla vacía y somnolienta,
veo un parque sin amigos:
veo la verdad o el mundo.
Y pienso que has de estar ahí,
justo donde más faltas,
pues te busco mordiendo cada día
la última manzana prometida,
te busco, y al final te busco y no hay lugares:
estás, incluso, más allá de cualquier parte.
Y acaso sea eso lo que sienten
todos los que no saben esconderse
—si se alejan de sí mismos—
si se alejan cuando sienten la llamada
de un silencio irremediable como el tuyo.

27 sept 2009

Ultrarrealidad

Tú que sufres las calles siempre grises
y los barrios donde la miseria se aparece
como un ángel cansado y sucio,
y también perdido, y asustado y triste…

Tú que observas tu reflejo en los escaparates
como si al final también supieras
cuál es tu verdadero lugar en el mundo
o más allá del mundo:
en esa realidad sagrada que,
antes o después, habrá de pertenecerte
como te pertenece cada día
la desoladora nada de estas calles.

Sé que sufres porque sabes
que la verdad es tan injusta como la mentira,
que en las calles el paraíso es una trampa
de jeringuillas y anuncios invisibles;
porque sabes, y eso basta mientras tanto
para condenarte a la inquietud más fría.

¿Qué será de ti tras esta noche,
si ninguno de nosotros se siente más culpable
de lo que en verdad somos por negarte,
por negarnos otro mundo?

¿Y qué será de nosotros si esta noche
no creemos más en la vana caridad de los mayores?
Ni en vosotros, ángeles sonámbulos
que pasáis por el mundo mendigando
una moneda silenciosa e inmerecida,
un resto de gratuita bondad sin condiciones.

26 sept 2009

El lado roto del espejo

El día que para ser feliz
tengas que entretener a tus felices allegados
con la inútil narración de todas tus miserias,
cuando comprendas que un ángel
es devorado cada noche por tu odio.

El día que tus palabras sean ruidosas y solemnes,
acaso trates de contarles a todos
que hubo un tiempo en que tú también fuiste
elegido por todos, que por todos
fuiste escuchado y comprendido.

Y si caes, si fracasas,
si entiendes que en verdad no puedes,
que no pudiste nunca ser igual al resto,
si ese día llega como una maldición
imposible de eludir, y te delatas…
Ese día acuérdate de mí, piensa
que yo también estuve donde estás tú ahora,
en el mismo centro corroído de la nada.

Piensa en mí y entiende
que si alguna vez te pareció que mi conducta
era desproporcionada, soez o ridícula,
te diré que a día de hoy eso a nadie más le importa,
acaso porque a día de hoy yo también detesto
a todo aquel que ya no puede actuar de otra manera.

23 sept 2009

Una educación para la vida

Educados en el íntimo concepto
de ocultar siempre esta soledad cómplice,
esta soledad enemiga, vértigo inocente
del que no comparte la mentira, ni discute
la razón que algunos ostentan febrilmente.
Educados como estamos
para el árido silencio que rompemos
sólo si atardece y sabemos que es verano.

...Y hoy quizá podamos suponer
que un día fuimos esos niños doblegados
por un orden más que sospechoso
—pues acaso el amor es a menudo
un extraño sentenciado a la vergüenza
de saberse todavía demasiado hermoso
para un mundo de celosas vanidades.

Educados en la farsa de ser otros,
de llorar a solas en hogares ya perdidos,
educados en el juego de ser niños
incapaces de callarse una verdad dañina.

Y aún tenemos tanto que aprender
de la muerte que en la noche conjuramos
y del primer amigo que perdimos
por ser también como éramos nosotros,
aunque tiempo ha también fuéramos extraños.

Hay tantas cosas de las que hablar con el pasado,
tantos caminos que andar hacia la vida,
educados como estamos por su misma mano
de secretos, sombras y detalles terribles:
tal eternas luchas que muchas veces añoramos
al sabernos privados de cualquier supremacía.

Lo terrible

Todo lo que alguna vez ha sido
—el viento contra ciertos árboles de lluvia,
las ventanas ante el mar, el mar...
el tiempo que no reconocimos como nuestro—.
Todo lo que el recuerdo sabe suyo todavía,
hoy se asemeja a esa vieja intención
que deduzco siempre oculta en el poema,
y que tal vez consista en idealizar
todo aquello que entre los días ya he perdido,
todo lo que no quiero olvidar
en este día tan común
de un septiembre cualquiera.

(¿Y qué distancia queda por salvar
entre el verdadero mar que sabes
y la perfección más consciente
de ese otro mar que ya no existe?)

Dadme un tiempo nunca usado,
que todos los relojes se detengan
ante un futuro que haya sido siempre
la íntima promesa de otro mundo.

Dadme el tiempo que he ganado
luchando con las horas más fugaces
por tratar de retener la vida y la esperanza.

Que todo lo que alguna vez ha sido para mí,
acaso guarde en su silencio
la extraña perfección de lo terrible.

21 sept 2009

Apunte para el primer olvido

“El río de la verdad va por cauces de mentiras”


Retuerce la verdad, retuércela.
Que al final sólo seamos
solemnes marionetas, conscientes
del cálido trasmundo de esta luz.

Regresa por el verbo primigenio
que buscas en el fondo de tu voz.

Regresa.

20 sept 2009

Blanco

Para ser niño todavía,
olvida que una vez
fuiste ya niño, y juega:

se de nuevo la inconsciencia
de ser nada más que tú mismo.

Aprende cuanto puedas
de los últimos amigos de la infancia,
y juega, porque para ser niño todavía
hace falta tener héroes increíbles,
ejemplos inmortales que en verdad sean
tan normales como uno.

Pero juega, que ser niño todavía
implica enamorarse de los charcos,
buscar siempre las respuestas de esa lluvia
que cae desde una altura incalculable.

Juega todavía a ser
eterno como el niño aquel
que ayer quería parecer
idéntico a cualquier otra cosa.

Para ser niño todavía,
olvida que una vez
fuiste ya niño, y corre ya sin miedo
hasta donde nunca ha llegado nadie…

Verde

Estuviste conmigo el tiempo indecible
que dura una vida en lo alto.
Estuviste conmigo esperando…
Mas qué oscura es ya tu ausencia, amor,
se parece tanto a ese sentimiento extraño
que no debería haber medido nunca.

Nunca… Es la última sentencia definitiva.
Nunca más contigo. Nunca más tu mano.
El tiempo en que esperar es largo.
Y breve será siempre el amor que hemos ganado.

Pues todo consistió en arder hallándonos.

Y ahora la vida y su ritual sagrado
de imposibles desencuentros, de sombras,
de extraños milagros; ahora el despertar:
todo ha de caber de nuevo entre mis manos.

Ahora, comprender la vida;
aprender quizá de lo pasado.
Insistir a diario en la entereza
que a veces nos sorprende
latiendo en el interior de cualquier llanto.

Ahora la vida, nunca más sufrirte tanto.

Pues me dejas la luz, la experiencia,
el consuelo de haberte hallado en este mundo.
Ese mundo que has dejado abierto
a la posibilidad de amar sin tiempo,
y, pese a cualquier dolor,
teñir la vida de la más insólita belleza
al tratar de creer en lo que siento.

19 sept 2009

Rojo (II)

Ciertas noches la sangre se despierta
arrastrando su roja melodía delirante.
Y el cuerpo, entonces,
despacio se impacienta.
Y el aire que nos falta no es de nadie.

Noches que acarician este ímpetu feliz
de trémulo esplendor sobre la carne,
que añaden un barniz de extraño tacto
a la misma piel que así se encuentra
respirando contra otra piel ingobernable.

Y ciertos juegos consisten todavía
en perder la noción aprendida
de las normas que inventamos sin querernos.
Ciertos juegos son la vida
que desperdiciaremos en treguas
tan terribles como cualquier descanso.

Pues ciertas noches son la noche
en que el silencio prende con palabras
que encontramos al sabernos en el frío.
Y ese calor que nos cruza la sangre.
Y esa verdad que no entenderemos a medias.

18 sept 2009

Rojo

No hay silencio: te tengo todavía,
y aún debo saberte viento,
canción que arda aunque la lluvia duela
y se esconda de mis manos en tu cuerpo.

La carne es un mundo en fuga de dos vértigos.

Y la soledad es extraña como el tiempo
que empleamos en soñar con otra vida.

No hay silencio,
no sabemos contentarnos, si caemos,
con finales infinitos, pactados en secreto
bajo la fría impotencia de los sueños.
Pues el ruido siempre recomienza,
consumiendo todo lo que somos
alimenta los sentidos
con nuestros últimos restos.

Mas juguemos en la noche con el fuego,
que en la noche perderemos este miedo
a sentirnos solícitos o culpables
por lo que no hemos sido nunca.

Juguemos a tenernos todavía.

Que todavía aguardo el momento aquel
en que volver a buscarte ciegamente
por las rojas calles que conducen al delirio.