Siempre a estas horas de la noche
se despide de mí con un beso. Mas hoy,
contrariado por su trato protector,
me he mostrado indiferente a sus afectos.
Es sólo un detalle más
de los muchos que suma
una ya larga convivencia.
No tiene mayor importancia.
Pero, aunque estuviera en mi derecho,
no podría perdonarme a mí mismo
el que esta misma noche
se la llevara la muerte.
La muerte, esa enemiga lejana,
siempre traicionera.
13 nov 2009
12 nov 2009
Deberes y renuncias
Soy yo el que se equivoca. No hay obligación moral alguna hacia aquellos que aún no hemos conocido hasta el afecto. Las faltas que pueda cometer con ellos son totalmente inocuas. Pues sólo en el amor o en la inocencia puede darse el daño imperdonable.
Yo sé que eres lluvia. Y también árbol, y brisa inconsciente del pasado. Pero yo soy sólo ese pensamiento que, para poder comprenderte, esquivo sospechosamente mientras hablo.
La vanidad va estrechamente ligada a lo perecedero. Quien se cree demasiado hermoso, le oculta deliberadamente a su conciencia esa otra negación de la belleza, que es la muerte paulatina por indiferencia.
Hay quien se siente especialmente atractivo cuando sufre. ¿No será otra forma de afirmar que la realidad pertenece a los que así la enfrentan directamente?
Gobierna tu corazón. Ama sólo cuando tu pulso se rebele.
Si el silencio cobra un significado extrañamente hermoso, te estarás acercando a lo que buscas. Así pues, no digas nada. Sólo escucha o escribe.
10 nov 2009
La edad del alma
Hoy tengo la edad silenciosa de todos los objetos.
Será porque me niego desde ahora
a tener un alma apenas perdurable,
será que no quiero renacer de nuevo
al tiempo de la angustia y el reloj incendiado.
Pues ya mi cuerpo es la osadía y es el hambre.
Y he escuchado entre gentes improbables
la palabra irreductible del filósofo.
Mas no creo que haya esencia verdadera,
ni trasmundo de caminos melancólicos
más allá de las horas más oscuras de la tarde.
Hoy tengo la edad que ostentan los espejos,
la experiencia del libro en los estantes…
Hoy mis manos son la piedra insensible
que de niño lancé hacia las sombras del mundo.
Y mis ojos, mis dedos, todas mis extremidades,
mi espalda, los pulmones, la lujuria o la sangre,
son también parte de un silencio furioso
que hoy escribo con letra casi inerte.
Y también hoy sin asombrarme.
Será porque me niego desde ahora
a tener un alma apenas perdurable,
será que no quiero renacer de nuevo
al tiempo de la angustia y el reloj incendiado.
Pues ya mi cuerpo es la osadía y es el hambre.
Y he escuchado entre gentes improbables
la palabra irreductible del filósofo.
Mas no creo que haya esencia verdadera,
ni trasmundo de caminos melancólicos
más allá de las horas más oscuras de la tarde.
Hoy tengo la edad que ostentan los espejos,
la experiencia del libro en los estantes…
Hoy mis manos son la piedra insensible
que de niño lancé hacia las sombras del mundo.
Y mis ojos, mis dedos, todas mis extremidades,
mi espalda, los pulmones, la lujuria o la sangre,
son también parte de un silencio furioso
que hoy escribo con letra casi inerte.
Y también hoy sin asombrarme.
Página para un lector futuro
Insufla, lector, si por azar me crees digno, tu suave aliento a este leve resto de mi rabia, inútil hoy para su primer propósito de sangre. Revive, si en tu pensamiento padeces estas mismas ansias por creer, a un cadáver de sueños intranquilos, que tan bien conserva el silencio del sencillo anaquel en que reposa. No, la palabra no nos da más tiempo que el sabido. De mí sólo quedan algunas páginas de retórica grosera, grisácea monotonía de una jungla que confundes entre los pasillos subterráneos de la noche. Pues la ciudad es, querido amigo, la verdadera señora del olvido…
Así, piénsala tuya, gobiérnala con el sumo desconcierto de sus ecos más oscuros. Sabes bien por qué sueños te conoce, por qué en tu corazón viven sus transeúntes invisibles. La ciudad es el mundo que te acoge tras su ritmo de mentiras y blancas alucinaciones. Gobiérnala con la mirada que conduces aún más lejos. La ciudad, esa dudosa encrucijada de esperanzas nimias, es el escenario que tanto necesita la literatura.
Pues un libro ya leído, es siempre otro peldaño hacia la civilización. Y la última palabra de esta incierta arquitectura de espejismos, también se perderá bajo las sombras de una autodestrucción más que consentida.
Para ti, lector a quien ya nada debo, este ingrato juego de imposibles…
Puertas
Abrirlas todas. Cerrarlas
sólo cuando toda realidad entre
repleta de remotos estigmas.
Que no las abra el viento.
Que tu voz sea ese ariete
sutilmente dedicado a no rendirse.
Puertas. Puertas del azar en vela.
Abiertas todas con el juego de la mente.
Cerradas con el ímpetu secreto
del que anuncia otro futuro
más cercano que la propia muerte.
Llama... Y entra, y dime,
si albergas otro entendimiento,
por qué hay tantísimas presencias
en un lugar ya casi vacío.
sólo cuando toda realidad entre
repleta de remotos estigmas.
Que no las abra el viento.
Que tu voz sea ese ariete
sutilmente dedicado a no rendirse.
Puertas. Puertas del azar en vela.
Abiertas todas con el juego de la mente.
Cerradas con el ímpetu secreto
del que anuncia otro futuro
más cercano que la propia muerte.
Llama... Y entra, y dime,
si albergas otro entendimiento,
por qué hay tantísimas presencias
en un lugar ya casi vacío.
9 nov 2009
Retrato de M.
De hace algún tiempo... No es muy fiel a la realidad, pero como me ha emocionado encontrarlo entre mis papeles, aquí se los dejo. Ya me dirán.
8 nov 2009
... literatura, amor, locura, muerte
Hasta donde alcanzan mis rudimentarios conocimientos de psicología, la psicosis, enfermedad que suele embelesar al soñador empedernido, suele tener un punto de partida más que definido. El enfermo, en cualquier caso, termina siempre por vislumbrar un instante que a mí sólo se me ocurre definir como de “realidad absoluta”. Un instante que desmiente todo cuanto haya aprendido a lo largo de su vida, para dotarlo de unos principios de actuación totalmente nuevos y, por qué no, cambiantes al punto de favorecer en todo momento la plena libertad del que parece sufrir una herida profundísima en su amor propio.
De todo esto, me interesa especialmente la convicción definitiva del que padece este desequilibrio. Pocas cosas en esta vida tienen un poder tal sobre nosotros, que al final podamos deducir que después de tal o cual suceso somos ya otra persona, alguien a quien las circunstancias han convertido de por vida en un extraño para sí mismo.
A mí, personalmente, sólo se me ocurren dos hechos en la existencia de cualquiera que no sufra de psicosis, que tengan tanto poder sobre su psique. Uno es el amor. El otro, como ya se habrán imaginado, es la cercanía definitiva de la muerte.
Ambos espectros son invocados una y otra vez por la literatura, creo yo que con la intención de hacer reparar al lector sobre la verdadera dimensión de lo irremediable, cualidad del ser que, por citar un ejemplo, lo es todo un día, y al día siguiente, o bien ya es nada, o acaso ya haya dejado de habitar el plano tangible de la realidad corriente.
4 nov 2009
Días de luz
Estos días nos devuelven la mirada, amor.
Y hoy somos un tiempo mil veces huido
hasta los tristes vertederos de la razón.
¿Mas con qué llenar tanta distancia?
¿Cuál será el final de todo invierno?
Piensa en un juego que revele lo que somos,
en un cuerpo que quizás lo fuera todo.
Sombras que huyendo de la luz adviertan
que estos días son apenas
la mirada incierta que sueña su horizonte.
Ya no hay voz de la razón, amor…
Pues hoy soñamos la evidente cifra del dolor
que ya nunca sentiremos por querernos tanto.
Y hoy somos un tiempo mil veces huido
hasta los tristes vertederos de la razón.
¿Mas con qué llenar tanta distancia?
¿Cuál será el final de todo invierno?
Piensa en un juego que revele lo que somos,
en un cuerpo que quizás lo fuera todo.
Sombras que huyendo de la luz adviertan
que estos días son apenas
la mirada incierta que sueña su horizonte.
Ya no hay voz de la razón, amor…
Pues hoy soñamos la evidente cifra del dolor
que ya nunca sentiremos por querernos tanto.
3 nov 2009
Sacrificio
Abismarme en tu forma de esperar,
sentirte en mí hasta que me sientas.
Llenar de blanca sal, de clara nieve
los mismos mares que hoy rompían
en la playa más lejana de tu mente.
Que yo también comprenda,
mientras bailas tú con tu silencio,
en qué tranquilo hogar, cuartel de invierno,
se consuma lentamente el sacrificio.
Tantas palabras cotidianas nos superan…
son pequeños mundos, amor,
los que trato cada día de encontrar
implicándome desde un simple teléfono,
objeto imprescindible en toda esta quimera.
¿Y acaso querrás que conversemos siempre?
Yo a veces quiero suponer
que toda esta cruel distancia
ocurre sólo por creer de más en nuestros cuerpos.
Pues ya sabrás que a ratos adivino,
en la vital escena de tu soledad última,
esos tristes festejos que la carne adolece.
sentirte en mí hasta que me sientas.
Llenar de blanca sal, de clara nieve
los mismos mares que hoy rompían
en la playa más lejana de tu mente.
Que yo también comprenda,
mientras bailas tú con tu silencio,
en qué tranquilo hogar, cuartel de invierno,
se consuma lentamente el sacrificio.
Tantas palabras cotidianas nos superan…
son pequeños mundos, amor,
los que trato cada día de encontrar
implicándome desde un simple teléfono,
objeto imprescindible en toda esta quimera.
¿Y acaso querrás que conversemos siempre?
Yo a veces quiero suponer
que toda esta cruel distancia
ocurre sólo por creer de más en nuestros cuerpos.
Pues ya sabrás que a ratos adivino,
en la vital escena de tu soledad última,
esos tristes festejos que la carne adolece.
2 nov 2009
El río inexorable
I
Voy de la soledad a la muerte, de la muerte a tus brazos… Y de tus brazos regreso siempre a la soledad. Mas no me es posible comprender nada que no sea más que evidente. Nada sé, salvo aquello que un observador extraño también podría deducir mañana sobre la expresión de tus ojos.
II
Me pregunto de cualquiera si habrá perdido la capacidad del llanto. Supongo que lo más lógico es pensar que sí, pues rara vez se ve a alguien desahogándose de ese modo por las calles.
III
Ya sé que mi tiempo aquí es limitado. Acaso por eso el desperdiciarlo me parezca un acto tan heroico como el de malgastar la paciencia en una infinita empresa imposible de llevar a cabo.
IV
Para suicidarse hace falta un valiente que le tema demasiado a la vida y un cobarde capaz de enfrentarse un día en soledad a la propia muerte.
Derrota del soñador
Has negado, con infinita paciencia,
los signos indelebles que vienen de la noche.
Estar en ti es ya bastante. Pesa tu vergüenza.
Has negado, sin saber siquiera tu destino,
los altos signos que tentaban tu futuro.
Conténtate, si así lo quieres,
sabiendo que a ratos sufriste en tu silencio.
Celebra el tibio advenimiento de la noche
creyendo que sólo tú leíste el libro
que no podía sino hablar sobre ti mismo.
Mira: esta ciudad que has comprendido,
es la indolente testigo que ignora tu derrota.
los signos indelebles que vienen de la noche.
Estar en ti es ya bastante. Pesa tu vergüenza.
Has negado, sin saber siquiera tu destino,
los altos signos que tentaban tu futuro.
Conténtate, si así lo quieres,
sabiendo que a ratos sufriste en tu silencio.
Celebra el tibio advenimiento de la noche
creyendo que sólo tú leíste el libro
que no podía sino hablar sobre ti mismo.
Mira: esta ciudad que has comprendido,
es la indolente testigo que ignora tu derrota.
Ya sólo puedo aconsejarte,
si es que algo esperas,
seguir empecinado en tu caída
y soñar como león lo merecido.
Pues el fracaso es ahora la mentira misma
que te salva, no lo niegues,
de jugar en vano al vano juego de la vida.
si es que algo esperas,
seguir empecinado en tu caída
y soñar como león lo merecido.
Pues el fracaso es ahora la mentira misma
que te salva, no lo niegues,
de jugar en vano al vano juego de la vida.
1 nov 2009
Fulgor
Tu reino es hoy este fulgor de cada verbo.
Sabes que no hay plenitud en la rosa,
ni abismo más allá del casual nombre
que le diera sentido a su ancestral silencio.
Pues, que la rosa no se mezcle con el fuego,
ni el fuego con la voz de la memoria,
es la única misión que la palabra
encuentra por sí misma en cada término.
Mas, por hablarte, sé que hay fuerzas
que se tocan al cifrar un sentimiento.
Que al nombrar la rosa, es cierto,
hablamos de esa flor que nos recuerda
la muerte que reclama perfecciones
cuando pasa por el mundo de las formas.
Y acaso por hablarte
también hay sombras en camino.
Palabras que sólo esconden en su ruido
la herida que no termina nunca de contarse.
Así, si acaso olvidas tu origen o destino,
nada temas: el verbo es la memoria contenida
por voces infinitas que se crean en el hombre.
Que, porque sabes que la rosa ya está escrita,
tu reino es hoy el mágico fulgor de cada verbo.
Sabes que no hay plenitud en la rosa,
ni abismo más allá del casual nombre
que le diera sentido a su ancestral silencio.
Pues, que la rosa no se mezcle con el fuego,
ni el fuego con la voz de la memoria,
es la única misión que la palabra
encuentra por sí misma en cada término.
Mas, por hablarte, sé que hay fuerzas
que se tocan al cifrar un sentimiento.
Que al nombrar la rosa, es cierto,
hablamos de esa flor que nos recuerda
la muerte que reclama perfecciones
cuando pasa por el mundo de las formas.
Y acaso por hablarte
también hay sombras en camino.
Palabras que sólo esconden en su ruido
la herida que no termina nunca de contarse.
Así, si acaso olvidas tu origen o destino,
nada temas: el verbo es la memoria contenida
por voces infinitas que se crean en el hombre.
Que, porque sabes que la rosa ya está escrita,
tu reino es hoy el mágico fulgor de cada verbo.
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