3 oct 2026

Trampa para jóvenes invisibles


A los veintiocho años, ya era huérfano de padre,
ya había sufrido un ingreso psiquiátrico,
ya había continuado emborrachándome
mientras me trataban con antipsicóticos,
ya me había visto involucrado
en algún altercado de carácter violento,
ya había invocado la imagen de la divinidad
con todas mis maltrechas fuerzas
por no tener a qué aferrarme.

Obviamente, también había intentado suicidarme.

Para muchos de mis compañeros de generación,
esa tesitura demencial 
hacía de mi persona 
una figura tremendamente interesante.