
Volvimos hacia ella sin resuello,
preguntamos por su nombre último,
y su vasta convicción nos negaría
lo que tantas veces despreciáramos a ciegas.
Recobramos en su fuego primitivo
la visión inmemorial de nuestro fuego.
Por su sueño se dibujan
las presencias que carecen de sentido
y las graves sensaciones del infierno.
Me refiero a la noche, que es la muerte
y el ansia tenebrosa
de existir pese a la muerte.
En sus fauces hemos sido perdonados
por delitos y pecados que jamás perdonaríamos.