Podría decirte la verdad de muchas maneras.
Pero siempre, aun cuando no creyeras,
la verdad sería la misma. Implacable.
Como los placeres malditos que atrás dejaras,
o esos nubarrones bajo el cielo opaco,
la verdad, por sí misma, revela siempre
la ilusoria inocencia de cualquier anhelo.
Lo que firmemente amamos cada día,
redescubrimos a diario. Y pensamos
que en su nueva apariencia, la belleza,
corresponde a la esencia indistinta
de algo que torna siempre hacia la luz,
algo que añorases desde niña
aun sin conocer su existencia.
Si lo que amas al final resulta ser mentira,
la ingenua proyección de una carencia
que vuelve insoportable algún defecto,
retorciendo tu corazón, condenándote;
piensa pues que nunca amaste.
Pues el amor, cuando se expresa,
es la única forma digna de resistir sin vacilar
la verdad más implacable. La de la propia conciencia.