4 mar 2009

los otros nombres

El hombre, mientras sueña,
es la sombra del dios infantil
que vive de su propia esencia.
Mientras sueña, olvida el soñador
su propio nombre, sueña,
y en lo más hondo de sí mismo
es el dios feliz que fue de niño.
¿El nombre definitivo de ese dios?
Ni el mismo lo recuerda.

3 mar 2009

el lector

Un nombre es verdad siempre.
Una voz es siempre el arduo camino
que la palabra traza sobre el alma.
Escribo. Mi intuición llena la noche
de humano sentido, de tristeza tenue.
Sé que esto es el olvido.
Sé que hay alguien ahí, lejos, más allá
de la ciencia oscura del poema;
alguien que ignora que estoy vivo,
que no sabrá nunca en su secreto
cuán desesperadamente sueño, todavía,
con hallar a ese alguien en mis versos.
Como si se tratara de mí mismo,
trato de adivinar su nombre,
de resolver el dilema de sentir
su ancestral dolor en mi silencio
o mi tibieza gris en sus olvidos.
Trato de confundir mi nombre
con el suyo, trato de entender por qué
ese alguien sentirá lejos de mí
lo que yo no sé sentir frente al espejo.

1 mar 2009

sin trascendencia

Y no saber quién te guía, qué juez,
qué implacable y poderosa sombra,
qué insensata sospecha, qué anhelo,
qué oscuro y cotidiano motivo
estará escrito al final del poema.

No saber qué mirada estremecedora
guía los pasos taciturnos de la muerte,
hace que en las calles atestadas
todos parezcamos inocentes
y terribles vagabundos.

Porque no hay un más allá.
El cielo es sólo la promesa del olvido.
Y no saber quién te guía
es la esencia misma del destino
que debes aceptar en soledad.

27 feb 2009

soñar tu nombre

Es injusto ignorar tanto.
Lo que no sabré nunca de ti
trasciende el tiempo y la palabra,
brilla tras tu mirada, eterno y desnudo,
me urge como el signo que trazaste
sobre el triste sueño de mi sangre.
De ti debería saber al menos
lo necesario para amarte,
lo que entierras en la sombra
por miedo a que la palabra
impredecible de tu corazón
se escriba un día en nuestra contra.
Por eso es necesario que te sueñe,
que invente los oscuros colores
con que adivinar la cifra
que ocultas de tus pensamientos.
Y soñaré contigo, hasta que un día,
después de adivinar todas las máscaras,
y una vez aprendidos todos los errores,
aparezcas ante mí, desnuda.
Hecha a imagen de tus palabras,
de todas tus derrotas, podré quererte
pese a lo que no he sabido nunca.
Porque entonces, sólo entonces,
cuando al fin me reconozca en ti,
no temeré más la íntima verdad
por la que podría yo perderte
antes de saberte conmigo.

bajo otro cielo

Ordeno en mi interior el cielo,
guiado por difusos cánones lejanos.
Cada nube está en su lugar
si la nostalgia de otro azul
aflora como un verso en la mañana.
Las imágenes que me conmovieron,
los cielos proyectados desde dentro
y la perspectiva infinita
de un jardín cualquiera,
se superponen al presente,
dejándome desnudo ante el silencio
que fluye por el cauce gris de la memoria.
Soy la soledad de un tiempo compartido.
Ayer vagábamos bajo un perfecto escenario,
soportaba contigo la inalterable verdad
del amor que hoy surge en lo que veo.
Pero en la insegura potestad del tiempo,
somos objetos que la mente guarda,
tristes realidades dependientes
de un mismo secreto conocido:
añorar consiste en volver a lo que fue
para no habitar un presente ya vacío.

26 feb 2009

el rumbo de la espera

He creído arder en la roja inquietud
de todas las sombras del crepúsculo.
La esperanza dicta que este amor
debe soñar su tiempo en el vacío,
pero en el vacío duermen fieras
más reales, incluso más terribles,
que tu delicada ausencia.
Dejémonos llevar por ese viento
que trae consigo un rumbo o una vida,
de azares y súbitos comienzos
se alimenta el corazón del buen viajero
que ignora su destino.

Porque debemos creer en algo,
dejaremos de creer cuando sea en vano.
¿Después? Mentir la vida, sin palabras,
para saber que esta esperanza tibia
es tan inútil como necesaria.

25 feb 2009

lo más fácil

Seamos infelices,
lloremos si la tarde se lleva consigo
lo mejor de nuestros pensamientos.
Que ningún poema puede arrebatar
las heridas consumadas en el alma,
que no hay canciones más bellas
que aquellas que se escuchan a lo lejos.

Seamos infelices, pensemos,
miremos hacia un mar inexistente,
hablemos del ayer y de la sombra
que toca incierta nuestros rostros
al planear cualquier futuro.

Seamos lo que somos: vivamos,
aceptemos por siempre nuestra hora
para que nada pueda ya dañarnos.

Seamos infelices, amor,
porque acaso merecemos descansar
del estío que al pasar dejó sus huellas
impresas con la fuerza del delirio.

Seamos, amor, seamos sin ser,
sin dudar más de lo que dudan,
por nosotros, quienes nos rodean.
Que lo más fácil es asentir ante la vida
y disfrutar en vano del silencio.

Amemos la triste perfección
de la sencilla naturaleza que somos,
que algún día podremos sonreír
si nos hemos adueñado de la noche
que llega cada vez que estamos solos.





sobre verdades y otras sutilezas

Se escribe la verdad con signos
implacables y disputas a muerte,
con indiferencia ante el fracaso,
con el sufrimiento anónimo
de todos los que ignoran cuanto saben.

La verdad,
esa que poco a poco nos ganamos
desoyendo las verdades del tirano,
que aprendemos dejando que nos duela
la palabra inaudible del vencido,
se adivina solamente en la mentira
de aquellos que sonríen
convencidos a la muerte.

La verdad no es ángel ni demonio,
diríase que está más allá de toda moral,
más allá, incluso,
del juicio de esos locos
que aseguran conocerla.

Si has de apostar por algo,
ama tercamente a una mujer,
a un hombre, un paisaje:
ten tu propia forma
de eludir el miedo
y de asombrarte ante la vida.

Y si has de amar una idea, hazlo.
Pero te aconsejo, lector,
que ya no dejes nunca
de observar la realidad
que, impune,
pretendes alterar soñando.

temer la vida

Sólo nos corresponde del drama
la humana negación
de su densa realidad en nosotros.

Por más intensa que sea la tristeza,
y aunque la brutal negrura se te ofrezca
tal hermosa despedida con los héroes,
no cedas todavía,
no cedas mientras puedas,
mientras oigas latir tu voluntad
y algo en tu interior se oponga
a regodearse sin más ante la muerte.

Sueña. Llámate a vivir. Miente.
Miéntete si es necesario avanzar
y tus pasos retroceden y preguntan,
y tu corazón se esconde, y alguien dice
que es más fácil llorar por un alma atormentada
cuando no teme la vida ni el olvido.

24 feb 2009

restos

Si hoy ya no sé quién soy,
será porque ya no existo,
porque una parte de mí
de simple soledad ha muerto,
parte que, sin ti, soñando espera
recomenzar un tiempo ya vivido
sin esperanza alguna en lo posible.

Pero te aseguro que he estado
ante ese espejo negro, fondo ciego
que así dejaras en tu ausencia.
He estado, he visto y he anhelado
el tibio gozo de ese olvido
que cabía en mi conciencia
cuando estabas tú en mis brazos.

Si ya no existo es porque ahora,
ahora que estoy vivo,
me duelen los colores y la lluvia
y la verdad, tan alta, del vacío.
Porque la realidad sólo es ella misma,
ya me dueles a la sombra
de un pasado que no entiendo,
de un oscuro y azaroso olvido,
tiempo irremisible
de inconscientes renuncias.

Y hoy, mientras sueño que estoy muerto,
la vida son los restos
de aquel futuro que el amor
pone lejos de la tarde y de mí mismo.

23 feb 2009

el vagabundo

Un sol frío y melancólico
repta llorando por mi corazón de piedra.

Hijos taciturnos de este dios hambriento,
soberanos que la locura ebria ha concebido,
paseamos por ciudades sin caminos,
violentas ciudades, oscuras, sin estrellas.

(Pero al abrir las rotas cristaleras
a nuestros ojos acudieron
calles sin luz y hasta pájaros muertos, 
sentenciados cualquier día de la infancia
a volar por siempre en el vacío.)

Somos hijos de soberbias ciudades,
de alcoholes luminosos y espejismos negros.
Nuestros dioses se asesinan entre ellos.
Y un viejo calvario nos devora tras el sueño.

22 feb 2009

del lugar al instante

Quisiera estar aquí. Sentir el frío.
Dominar soñando la sombra y el abrigo.
Abrir los ojos en el centro eterno de la nada
para recrearme en la gravidez de lo invisible.
En lo que no tiene nombre. En lo vacío.

Pero no puede situarse ser alguno
más allá de sus ansias torpes e imposibles,
no sabe el corazón desnudar su espacio íntimo
a fuerza de repetir su propio nombre ajado.
Quien siempre sabe donde está,
está solo, porque se ha encontrado.

Y yo quisiera estar aquí.
Y estoy aquí, contigo.
En la explanada de un presente ilimitado
que huye sin razones más allá de sí mismo,
creando el sedimento vivo del olvido,
abriéndome camino hacia un futuro ciego
que existe solamente en nuestros ojos dormidos.