26 ene 2009

lo que guarda el poema

Entender cualquier poema suponía
entender también la vida
que fluía lenta y contradictoria.
Hay paisajes que se abren sonriendo,
iguales a una imagen del pasado
que no puede volver, pero que encuentro
en mitad de una lluvia que me sigue.

Entender el poema equivale a veces
a sonreir al autor de nuestra muerte.

Recuerdo cuando no podía dormir
porque el rencor ciego de mis noches
era más intenso que cualquier cosa.
Entonces, el paisaje era una alucinación
que consistía en existir como el poema,
porque la palabra no podía morir.

Hoy todo pasó.

Lo que no he sabido perdonar
es parte de un rompecabezas
que trato de resolver contigo.

Pero a veces no sé para quién escribo.

24 ene 2009

de mí en ti

No tus ojos:
la belleza de tus ojos.
No tus sueños, no:
el tiempo que te pertenece.

Lo que hay de mí en ti
sólo yo puedo verlo,
porque de tu belleza
suele quedar la cifra,
la intimidad en tu regazo
o el sol altísimo de la mañana:
toda hermosura unida en nosotros,
confundidos
en la plenitud borrosa
de una imagen infinita.

Por eso, más hermosa pareces
cuando te miro desde la inquietud,
y, desnuda de fugaces sombras,
un joven amor me ofreces.

Por eso no son tus ojos.
Sino la imagen que yo veo
porque te siento a mi lado,
descendiendo conmigo
desde la altura imposible
que abarcaría la claridad del mundo,
desde nuestra verdad sin nosotros
hasta la sencilla realidad de mirarnos.

22 ene 2009

primera distancia

Tú me separas del ruido
que gobierna oscuramente la intemperie,
me alejas dulcemente del desastre
de ser sólo otra parte
de mi propio silencio,
de mi verdad más íntima.

Tienes la delicadeza de herirme
cuando me niego a mí mismo,
así, tu herida y mi nombre,
son fuerza propagada por el aire,
dolor que se consume en las aguas
tranquilas de un tiempo distinto.

Tú me llevas hasta los meses
en que mi sombra era potestad del fuego,
y en tus rumores ardo,
y en tu silencio muero,
pues me pierdo sin saber
si mi hora se acerca
desde tu pasional caricia, porque,
desde tu infranqueable ausencia,
arrasa toda esperanza el tiempo.

Tú me separas del ruido certero
que hace temblar mi vida.
Tú me alejas, dulcemente me alejas
del caos invisible
que gobierna la soledad del instante.

Yo contengo en mi corazón la sospecha 
de estar también separándote
de la más oscura corriente,
de la inercia que tu propio ruido
alimenta en los simples vacíos del día.

yo

Pasó mi momento. También mi vida,
incomprensible para los más fuertes,
pasó como una nube anónima
sobre la extraña luz de todos los desiertos.
Como una fábula sin moraleja
sucedió el amor, y pasó al olvido.

Luego, la turbulenta inercia de la noche
contrajo matrimonio con mis actos.
Y ahora soy un niño solitario
que busca la inspiración en sí mismo,
en lo más hondo de un llanto delirante.
Y aunque busque mi corazón
empecinadamente,
no hay nadie que sepa consolarme.


21 ene 2009

el ciclo de la luz

Nuestro amor, voluntad y ocaso,
limita con la desolada luz distante
que ha de tocar nuestro tiempo.

No es infinito el sentimiento.
Esta hora nos muestra
la forma en que transcurre
el instante perpetuo, la luz
nos enseña qué altura
alcanza la verdad de los sueños.
Y la vida se asemeja tanto a esto,
al ocaso anunciado en el cielo,
al irremediable temor de sentir tan sólo
la infinita potestad de la ausencia.

Es la exactitud con que marcha el día.
Es la resignación de este amor,
que necesita morir para completar su ciclo.

Y, al final, la noche.

¿Qué pensamiento esquivo
justificaría el verdadero olvido?

No es infinito el deseo.
Sólo la muerte,
con su andar lento y preciso,
nos acogerá para siempre en su sueño.

20 ene 2009

regreso de un extraño

Diréis que en mis silencios
se adivina pensando un rencor amargo,
una muerte paulatina y otra vida,
diréis que no era yo el que sufría,
que no estuve años esperando.
Diréis por todos: si habrá cambiado…
Ya no quiere la suerte de encontrarnos.
Quizás algo extraño le atormente,
quizá no sepa ya cómo llamarnos.


Diréis que he envejecido
después de tanto repetir la noche,
que la muerte me seduce con sus sombras,
que mis manos son de otro
y de otra primavera son las flores
que corté para que vierais mi pasado.

Pero yo sé que hay hombres
que no soportan tanta vida entre sus brazos,
y que por ello miden el regreso de los otros
por el negro baremo de sus propios engaños.

Yo sé que hay gente que ha olvidado,
que acusa con rencor a los que cambian
por las faltas que esta vida extraña
pone por igual a nuestro cargo.

18 ene 2009

Por qué la alegría

Y cada paso último que doy,
cada pensamiento tuyo del que alejo
la huella de mis días, el cielo o la palabra,
me acercan sin quererlo a otro vacío
más vacío todavía que la muerte,
más perfecto que el silencio
que habita el corazón desnudo
de cualquier poema implacable.

Cada tristeza que aparto
me acerca más y más al mundo,
más al olvido, llano y simple,
de mí mismo y de mi historia;
más al pasado repetido en la inconsciencia,
a lo más alto del presente o del vacío.

Porque sin tristeza, amor,
no habrá lugar para nada más,
ni siquiera para la alegría
que nace por oponerme contigo
a lo aprendido del error o de la vida.

16 ene 2009

sobre mi miedo al presente

Mi mayor temor fue, porque era niño,
perderme en la oscuridad infinita
de ese mundo que acechaba dentro,
en lo más hondo de mí mismo.

El miedo, dicen,
es la verdad más oculta,
el último grado de un convencimiento
que puede acabar más allá de la cordura.
El miedo es la posibilidad de un imposible,
el asombro de ese niño que hemos sido,
que no comprende que esta vida
es real, única e incomprensible.

Hoy, como es lógico,
sobrellevo mis temores infantiles
con la dignidad triste de un adulto.

Pero cuando recuerdo a solas mi niñez,
sus paisajes e horizontes infinitos,
su tristeza inexplicable y ese miedo
a ser por siempre lo que jamás quise,
me invade, y con razón,
una humana incertidumbre
que culmina siempre con un malentendido.

Quizá, busco todavía en mi interior
otro final más amable que el presente
que tanto me aterró porque era niño.

15 ene 2009

soledad de enero

Llueve, amor, llueve sin misericordia.
Y el cielo es la solemne sombra
que arrastra nuestra difícil pesadumbre.
Llueve, amor. Llueve, llora…

Enero es esta lluvia melancólica.

Pero cada cual piensa en su historia,
y hay quien se resguarda en el silencio
que da de sí el cansino frío del pasado.
Hay quien mata el pensamiento
pensando, con mirada ausente,
en la lluvia que caía cuando un niño
miraba ingenuamente hacia el futuro.

Y hay quien se conforma con menos,
y se acomoda en esta nada alegre
para ver morir sus sueños.

Llueve, amor, sobre nuestros cuerpos
cae la memoria de todos los inviernos;
y la soledad certera
y la violenta metamórfosis
que dicta el dolor de la conciencia,
nos aguardan en algún instante del olvido.

Bajo la lluvia me propongo
esta dulce penitencia de esperarte
aunque los días pasen
y esta lluvia lenta y cotidiana
parezca ya nuestro único motivo.

14 ene 2009

lo más correcto

Creo que lo más correcto sería
avergonzarme
por no vivir como ellos,
los histriones que pasan y no dejan
más que miseria en las manos del miserable,
los felices burgueses, que aún piensan
que tener o no tener es algo secundario,
los jóvenes que odian a los viejos,
los viejos que odian a los jóvenes,
los psicólogos que consideran
que la mente es sólo un trabajo
aburrido y triste.
Creo que lo más correcto sería
morir lentamente de vergüenza,
matar con saña a los que sueñan,
soñar con algo
que parezca posible,
mentir por alguien
que acaso lo merezca.

Porque este mundo, amor,
es tan extraño, que a veces pienso
que lo más correcto sería
ponernos todos bocabajo,
y vivir del revés nuestra impotencia.

sentimental

He albergado la locura y la pasión,
la muerte y el dolor esencial
que nace del amor que crece.
Fue mía la ciudad, su noche indiferente.
Mío fue el deseo de matar,
que dio lugar a toda mi verdad
—quien mata un corazón
está a salvo de sus sueños—
y a la conmiseración del muerto.

Ya no puedo sentir más.
Todo exceso nos lleva a comprender
que el final del verdadero amor
está en la muerte o en la rutina.
En todo caso,
el vacío es el último aliciente,
donde desemboca toda intensidad.

13 ene 2009

poema desnudo

¿Por qué precisamente aquel poema
dejó sentir su voz sobre mi sangre,
su silencioso sonido
sobre mi ruido elemental;
sobre mi estancia cerrada,
su vida ya vivida, su esperanza?
¿Por qué tal día y tal hora,
en la fecha señalada, la tinta refulgía
como el viejo sueño de esas sombras
que renacen de luz cuando se aman?

Tal vez un sueño me llamaba.
Tal vez yo creí ser más que un sueño,
ser poema y ser aire y también música
para desnudar lo que el silencio dice
cuando un corazón calla.

Tal vez.

Pero en verdad no soy quien
para merecer esa verdad intranquila,
para comprender el alto amor
que nace del dolor de otro.

Pues si el poeta escribe, sangra.

Y así, hay poemas en los que creer,
poemas para reconocer la propia vida
en la muerte escrita por el otro,
por el poeta, el amigo, por nosotros.

Por el extraño que somos todavía...