24 ene 2007

Ya es tiempo de sembrar lo nuevo.
Sobre los jardines de invierno aparecen
rumbos infinitos como frutos apetentes.
Invaden la imaginación perversa,
con su sola proyección espléndida
jóvenes anhelos y aventuras casuales.
Todo está por escribir en el libro del silencio.
Los ojos permanecen fijos, grávidos
ante la vibrante llamarada cósmica,
por cuya imprecisa intuición percibimos
estar abocados a reinar en viejos jardines.

Buscamos nuevos motivos para recomenzar
aquello que tal vez nos hiciera de otro modo,
el roce cruel de un tiempo contrario,
del que pudimos extraer conciencia de lo propio.

¿No es acaso un deseo perverso?
Pues ya vivimos nuestra trascendental empresa.
Y la novedad que anhelamos consistiría
en abrazar de nuevo un tormento idéntico
al que ya dedicaramos nuestros esfuerzos.

Acaso tan sólo sea nostalgia del infierno.
Mas para este sentimiento no hay cura,
pues consiste en añorar lo que pudo ser
límite fatal de este proceso.

Sin embargo,
cabe la posibilidad, es cierto,
de que esta nostalgia sea el verdadero desafío.
Y así continuar viviendo para el sueño.
Y así existir. Existir. Amar. Creer.
Sin tener que reconocer que nuestro tiempo
consiste en realidad, por más que lo neguemos,
en poder abrazar sin temor lo venidero.




19 ene 2007

A la belleza esencial a veces me dirijo
con extraños aires de pensador.
A la belleza a veces me dirijo sin ser yo.
Así finjo ser espectador escéptico,
muerto improbable, delirante impostor,
incluso aquel frío matemático aberrante
que ignora el sentimiento en sus análisis.
No poeta ensimismado, menos aún,
sombra acongojada de mí mismo;
que al ver un día interrumpida la canción
inspirada en la belleza que nace del dolor,
vacila entre dos mundos un instante
y luego hunde por defecto la cabeza.

De haber ardid en la hermosura
el tiempo ha de roer, con total sabiduría,
lo que no debe importarnos en exceso.

Pues si contemplamos fríamente la belleza,
si reducimos su esencia a una intención,
a un cálculo, a una pura abstracción,
la belleza, por sí misma,
urdirá otra vez su enigma.
Y de este modo, ante nosotros,
renacerá su faz de amor y ciencia
ante nosotros, así conmovidos
por el arte de mostrar
la más secreta evidencia.

18 ene 2007

El agua nos impone su práctica vital
de pacientes resultados mágicos.
Cada variación de su forma corresponde
a un movimiento fortuito del entorno,
respuesta primigenia, que como todo azar,
debe su intención al infinito mecanismo
que varía al respirar el poder del universo
Su disciplina consiste, no sólo en aunar,
maternalmente, la conciencia y lo pretérito.
También en dominar su fuerza ingobernable,
reside el constante y necesario aprendizaje
que el hombre corrobora sin proceder con éxito.

Pues el agua, la emoción inestable
vertida difícilmente sobre el mundo,
cambia también con la sola intención
de quien a voluntad trata de cambiarla.

Para el que busca dominarla, torna en éste
témpano que obedece a la muerte sin premisas.

Para el que hace de ella una experiencia,
el agua se evapora gracias al obsceno calor
de la total insurgencia.
No obstante,
quien sólo la contempla sin pensarla,
sin tratar de hallar en ella ningún uso,
halla en ella la propia inmanencia reflejada
por gracia de lo que en verdad no puede verse.



13 ene 2007

Repito para mí las mismas conclusiones subjetivas
que obtengo cada día desde el fermento de la sombra.
Observaciones casuales, que obedecen al indulto
aunque éste llegue tarde para todos.
Son mis verdades,
el signo comprendido entre dos fiebres
que a veces vaticina su rara incoherencia.
Algunas me sitúan del lado de los vivos.
Otras me alejan del tiempo y sus agravios
y me conducen por entre los reductos mundanales del ocio.
Existo, parte y parte, en lo que soy y en lo que sueño.
A un lado la realidad que quisiera,
a otro, la que debiera ser un poco más perfecta.
Repito para mí, que si en algún lugar ambas se encuentran,
es sólo por gracia del sueño, que así las une para prevalecer
sobre lo que es y lo que acaso fuera. O lo que nunca fue.
Pues si la imaginación trata de conciliar a su contrario
para salvar la distancia entre lo que es querer
y lo que sólo es ser, la realidad se distingue por alejar
lo que siempre ha sido, de lo que podría ser.

12 ene 2007

¿No has sentido nunca entre las sábanas,
al esclarecer el verbo tenaz de la cordura,
la incipiente sospecha de urdir la mentira
en cada viejo rincón de tu propia existencia?

De haber faltado al principio supuesto,
de haberte visto arrastrado al inútil extremo
para traicionar, por un sentido soberbio,
las mismas reglas que dictaras a otros.

¿No has pensado entonces, cuando volvías,
en lo fácil que sería consolarte de nuevo
si alguien contemplase en ti la evidencia?

Si alguien afirmara por ti todo el peso ancestral
que en aras de tu tranquilidad fuera anulado.
Si alguien acaso dijera de ti
que tras de ti hay un alma,
un alma que sueña consigo
desde un perpetuo comienzo.

9 ene 2007


Hay una continua intermitencia en lo vacío, acaso
un roce de plenitud que no distingo, signo de luz,
versículo dividido que acontece por sí mismo
llevando el despertar hasta el asombro propuesto.
Sin embargo, aunque la conciencia reconozca
tardíamente el sentimiento, éste siempre subyace,
como un eclipse indistinto, en la raíz sensible,
en la intermitencia continua de su extraño gobierno.
Me invade como rayo precursor de la materia,
como exigencia de vivir hasta completar la vida
me imbuye en su cadencia de armonía espontánea.

Es el amor que acaso me revela
las formas prematuras del ascenso,
el tiempo inmaculado de la vida.

No quiero saber, me niego a fabular acerca lo cierto.
La propia realidad es un espejo
capaz de reflejar cualquier vivencia.

7 ene 2007

Se demora en lentas avenidas,
contagia de su azul mis pocas predicciones.
Expresa, sueña y duda, como un hecho de luz,
lo que nace para sentir su amor
desde la reminiscencia desnuda.
No vuelve para herir. Ella nunca podría.
Su sola convicción contiene aquel diamante
expuesto hacia el dolor, hacia la lucha,
hacia el éxodo incansable de la belleza nocturna.

Emplazada hacia mí por vientos fabulosos, 
espera recomenzar en el límite del ocaso.
Quiero pensar que no puede haber engaño,
que es de ambos el tiempo que me ha dado.
Como de ambos es al fin aquello que negamos.