4 nov 2006

Buscando en el espejo formas definidas,
traté de reconocer, volcado en el silencio,
el mundo que me habita.
Difícil entregarse, arriesgarse a claudicar.
Difícil comprender el límite racional
en el que empieza lo visible a fraccionarse.
El yo abarca indefinidas variaciones,
fundidas en abstracto por impresiones sesgadas
que fluyen dentro y fuera, y más allá,
en el vacío que supone una presencia.
Limitar la cotidianeidad de la existencia,
descartar las posibilidades sin mesura.
El yo es una extraña materia, consabida,
capaz de consumirse en su propia esencia infinita.
Conocer mi yo acaso supondría
un éxtasis de amor, u otro tipo de muerte,
tan sencilla como el renacer de las estrellas.
Conocer el yo bastaría solamente
para aniquilar su espontánea belleza.
La única razón por la que debo temerme,
es el sueño de autodestrucción silente
que conllevaría el limitar todos mis actos.
Pues si alguien de mí espera lo esperado,
¿renunciaría yo a mi amada libertad
sin tener la certeza de que voy a ser amado?

3 nov 2006

Cuando oigas hablar a la voz del destino.
Cuando abocado a reinar te sientas
sobre un mundo fortuito de cadenas,
al ángel enloquecido tal vez escuches;
rebelándose febrilmente en tu interior
como para recordarte la libertad plena.
Frente a la imposible elección de tu propio destino,
acaso escuches un desgarrador grito que te nombra.
Podría significar para siempre
el someter sin más tu libertad,
a cambio de un viaje ilusorio
hacia la búsqueda eterna.
Si tu destino estuviera escrito,
apiadarte del ángel conllevaría una cosa sólo:
luchar en contra de un enemigo invencible,
a fin de ser consecuente
con tu elección verdadera.
Pues si la locura es el precio de la libertad,
la libertad será el sueño que nadie entienda.

27 oct 2006

Para Sofía, mi profesora, como pobre justificación de mis breves tragedias.



No me detengo al anochecer
sino en aquello que se avecina, empujándome
por entre las horas de oscuridad plena.
Trágico es el ejemplo que me inspira.
Mas en el modo de sobrellevarlo dignamente
es donde más siento yo la alegría…
Pues de ser fácil el consumar un destino,
de no haber prueba ni agravio,
no habría sino caminos habitados
por gentes cuya voluntad fuera estéril.
Si es trágico mi afán de contemplar el mundo
es porque siempre quiero observar lo importante,
deteniéndome para sembrar una palabra
que más tarde pueda recordarme el todo.
Lo importante, al final, puede carecer de valor
cuando obtenerlo nunca nos costó
siquiera un instante de la primavera.
Y si la primavera sirviera también de ejemplo
capaz de inspirar el aliento necesario,
a ella dedicaría yo mis versos. Pero,
fue la noche, con su desesperado acento,
la que puso en mí el constante esfuerzo.
Esfuerzo por el que ahora comprendo algo,
que aunque conlleve ciertos sufrimientos,
a diario me demuestra el valor de la alegría.

Avanza, simplemente avanza.
Por entre providenciales ruinas imbatibles,
por entre los muros cuya sola sombra mortifica.
Hay esquinas que aún aguardan tu promesa.
Hay árboles, árboles solemnes,
que llevan ya tu nombre escrito entre las frondas.
Queda un fuego en la montaña,
testigo de la plenitud mecido por la noche.
Hay un negro galeón, un galeón vencido,
desde el que partirán mil mujeres enlutadas.
Avanza, aunque los ojos se arrepientan
de haber visto el centro ciego de la rabia.
Pues no recuerdo ya tus días oscuros.
Y en mi soledad no hay más que un enemigo
cuya idiosincrasia es idéntica a la mía.

22 oct 2006


Montaña de infinitas alturas;
a la sangre me remito, al hecho evidente.
Éste puede situar al hombre sencillo
ante el fuego creador de conocimiento.
Siempre habrá cimas vacías,
siempre claridades remotas
que ocupen el lugar de lo prohibido.
A la sangre, a lo real e inmediato,
procuro dar cabida en este mundo.
A lo que en mí sucede para estar vivo,
para presentir la muerte y comprenderla
como fuente de posible renacimiento.
Ahí me precipito, avanzando y retrocediendo,
pero siempre empecinado en mantener el ritmo.
Ser no basta. Debo ser y ser consciente
del amor con que se funden los extremos.
Letal y audaz principio de cualquier armonía
por la que el hombre será libre e inocente.

A la sangre y a la noche me remito,
a lo real y desconocido
que a veces entreveo estremecido.

21 oct 2006

Aunque este paisaje contenga precisas soledades
no debes acompañarme, ni aguardar mi regreso.
En este trasfondo extraño he de sentarme
a escuchar el grave latido de mi propio corazón.
No dependo de nadie. Nadie puede aconsejarme.
No necesito salvarme del ser milenario
que hoy sonríe letalmente en mi interior.
La triste acometida del viento me agrada
al punto de hacerme recordar quien soy;
pues la existencia, pese a ser el hecho más sencillo,
es la causa única de la que todos somos consecuencia.
Por tanto, aunque este paisaje contenga
precisas y negras soledades, me agrada
porque en él comprendo lo que siempre he sido,
lo que siempre se mantiene vivo
gracias a un secreto fulgor.

18 oct 2006

Tres abismos cruzan por nosotros.
Recuerda su insidiosa apariencia.
Porque sucede que lo escrito
fue dictado en pos de un sacrificio.
Imaginación, perfección y belleza.
Tres abismos que el poema ensancha
con su materia recóndita
y su mísera sentencia.
La imaginación cruza por nosotros,
inspira la inercia,
dándonos versiones más amplias
de lo que no existe. La perfección,
verbo inhóspito, arte simple,
invade por nosotros el anhelo
de lo que no existe. La belleza,
esa sombra que ilumina reductos
de lo que un día fuera esencia…
¿acaso existe? Pues este abismo
resume el conjunto por nosotros.
Por nosotros habla
la evidencia atroz
de haber socavado la inocencia.
De saber que el amor
desgarra en su caricia
los velos que la carne
suple con la
herida.
Surge bajo la luz un reino antiguo de palomas.
Un reino extraño, fugaz siempre,
en el que arcángeles fatuos y tormentas
urdieran lentamente una música infinita.
Templados instrumentos melancólicos
parecen vibrar al son de un devenir fortuito.

Reino solar de endechas vespertinas,
llevado hasta mi cabeza por la intuición evidente,
pues ésta trae consigo la ensoñación simbólica
que hiciera surgir del matiz ambiguo la belleza.
Dueño de este reino es el poema
por el que el corazón acalla su locura hasta la muerte.
Sin embargo en este reino se entremezclan
raras sabidurías, mentiras elocuentes,
amores que el pensamiento encarna en figuras hurañas
cuya mayor proeza es la soledad que tientan.

Surge bajo la luz este reino,
bajo la luz, este reino evidente.

17 oct 2006

Inútilmente nombras mi camino: nunca fui poeta.
Todo lo que digo se pierde entre acertijos
queriendo desprenderse de las raíces de lo efímero.
Cansado de la luz, señalo hacia el olvido
en busca de unas huellas que nunca nadie ha visto.
Por más que describa a tientas este mundo,
por más que juegue a hipnotizar el corazón ajeno,
mi arte se reduce a exhumar palabras
para convencer a todos de que estuve vivo.

Quede sobre mi voz el hombre
que quiso remediar sus males como un niño.
Pues nunca fui poeta. Nunca.
No hay verdad en ninguno de mis versos,
ni arte verdadero que no sea experiencia.
Quede, sobre la tumba que un día me guarezca,
la señal de un ser anónimo, que amó incasablemente;
no sin dolor, no sin ratos de impotencia,
el verbo impronunciable que guía la belleza.

15 oct 2006

Hacia dónde se repliegan las olas
de todo mar bajo tu huella
hacia dónde las aves
hacia dónde el cielo de este mundo
Hacia dónde los altares de nieve
las risas ensortijadas
los grandes corazones sin querencia
Hacia dónde se dirigen los versos
cuando nunca dicen si no callas
dónde las mareas de los cuerpos
los caminos imposibles del alma

Hacia qué fuente tu sed de nada
Hacia qué tierras mis sueños
mis sueños incesantes y perfectos
hacia qué tierras.

Dónde levantar mi esperanza
más allá de toda noche
dónde escribir mi nombre
en qué vacío en qué silencio
dónde escribir mi nombre
sin que lo borre el estío
de tu lejanía clara.

Hacia qué olvido me llevas
dime hacia qué sombra
para poder ofrecerte tiempo

Hacia qué otoño?
Hacia qué principio o qué eterno?