12 oct 2006


Estático el color evoca su secreto
para que la mirada reprima sus hábitos inútiles.
Reducir la imagen a la esencia desnuda,
filtrada ante mis ojos por suposiciones vacías
que me conducirán de nuevo al sueño errático.
Esta recóndita parcela de vida desconozco,
tan sólo porque mi ambición no juega con el embeleso,
trágico y perpetuo, que busca en mí el artista condenado.
El lienzo contiene la misma densidad cansina
de todos los silencios que gana una pregunta.

Arrojado ahora hacia aquella realidad imposible
contemplo algo extrañado la obra irrealizable,
quise comenzar ésta al preferir la vida
que fue quedando atrás con su porvenir distante.
Puede que mi imaginación aún quiera advertirme
acerca del terrible poder de sus excesos,
pues de triunfar totalmente sobre mí,
mi arte crecería hasta más allá de la locura.
La voz abre sus recovecos al juego de la verdad.
El hombre trata siempre en vano de explicar lo que ama.
Siente que hay un motivo para caminar tras el sueño,

aunque arriesgue más de lo que podría ganar.
La voz del hombre necesita nombrar aquello
que aún sabe hermoso sin saber qué será.
Las palabras parecen faltar y sobrar.
Qué cosa fueras, amor, que no fuera el poema,
el poema en rojo que leí de niño y me hizo callar.
Qué cosa fueras, amor, que no fuera luna, canto,
alborada única que hiciera reír y temblar.

Sí… eres la belleza, amor, la belleza.
¿Pero qué es la belleza sino el misterio de amar?


11 oct 2006


Después de los días de penumbra,
después del éxodo que nos aguarda.
Después de la primera de tus faltas,
pasadas las palabras para herir más hondo.
Después del llanto de los otros,
después del llanto propio y para nada.
Una vez abiertos más los ojos,
tras describir un círculo que nunca acaba.
Después de haber hollado campos más verdes
con la misma tristeza de quien ya no ama,
luego de perseguir sombras y sombras,
ecos retorcidos en nombre del mañana.
Después de todo lo aterido, todo lo borrado,
todo lo que fuimos en mitad de quién sabe,
en mitad de la vida y para nada más preciso
que un poco de ternura o de esperanza.

Después de haber sentido que todo era posible,
no basta con mirar hacia los otros, no, no basta…
No bastan sus rostros contenidos,
ni sus manos llenas de tardanza.

Henos aquí, vacíos, después de contemplarlo todo.
Como si todo fuera vivir para encontrarnos
henos aquí, de nuevo, como si todo lo aprendido
nos hubiera costado volver a lo pasado.




9 oct 2006

Solo, indeciblemente solo, como las piedras,
como el alto sol de mediodía a nuestros ojos.
Así mi nombre, mi sombra, mi quimera.
Mi única muestra de tristeza son los siglos,
el hallazgo de nadie,
el soplo vacilante que revoca lo vivido.
Así mi amor bajo la lluvia recia,
así mi carne hasta la carne de ella.
Solo hasta el cansancio indeciblemente humano,
hasta las raíces que forman un lugar en la ceniza.

La soledad es un canto que a veces recomienza,
que busca en sus albores el eco de sí misma.
La soledad es a veces un refugio, de truncadas salidas,
a veces tregua hostil de dos pieles sin deseo.
Su árida desnudez se templa en el hastío
como una burla que nombra sin tapujos nuestros huesos.
De ella nacen los silencios que ofrecemos,
cimas distantes de nieve y pensamiento,
pues de nieve y pensamiento es el ansia de estar vivo.

Solo como tú, como el resto de nosotros, los cautivos
por nuestra propia impotencia de tiempo y hermosura.
Solo, indeciblemente solo me presento, amigos,
ante la llamada victoriosa que recibo
de todos los amantes, perdidos en lo oscuro.

8 oct 2006



Un tiempo dispar, de hojas y molinos,
quebrado acaso por manos redentoras.
Una fuerza imposible, un valle solemne,
una cruz sometida que interfiere en los albores.
Y además tú y yo; cómo no convencerse
sin referirse obviamente a los hechos desnudos,
a las tumbas prematuras, a los días conjuntos.
Otra vez las preguntas y los labios,
la demora trivial de los pasos deseados.
Otra vez la palabra y sus engaños
conviniendo sus trastornos periféricos.

Un tiempo dispar dominado por la noche,
una noche otoñal consagrada a la penumbra.
Otra vez el deseo es una trampa
donde convergerán la verdad y la calumnia.
Arte de imposibles, fuga de innombrables.
Caminos soterrados que no comprende nadie.
Y además tú y yo mecidos por el aire,
prendidos por un sol de sueños invernales.
Basta una renuncia, un día sin buscarnos;
basta una palabra para que toda esta quimera
se hunda en su prefacio.

Cómo no convencerse para después olvidarse.
Cómo no presentirlo, si lo anuncia la sangre.


El rostro esculpido por el exceso y el cansancio
la voz sujeta por la angustia del silencio
la ciudad, imperfecta, ignorando el nombre de todos
los muertos acallados por el tiempo.
La heroína ha dejado en su sangre
no sé qué vasta predilección por el olvido
la noche, en sus ojos, aguarda una respuesta
pero tú no sabes pronunciarla
y eso es todo.

Si esta noche un lobo husmea tu sombra
estarás solo, como el más hambriento poeta,
ante las mismísimas puertas del infierno
y allí cabalgarás en aras de la terrible felicidad
que para ti reservaran los otros condenados.

Sueño, sí, sueño que para ti quisieron
los que no te conocían aún sabiendo
el nombre que le diste a tu conciencia.
Sueño, sí,
pero ligero.

El hombre es sangre de pies a cabeza
y jamás olvida la respuesta
por la que se le dio la vida.
Tú no has olvidado, escucha,
la voz que sufre dentro
recordará siempre el nombre que eligieras.
Pues el verdadero lamento
se nutre de violentos ascensos
a un sórdido cielo vacío
del que nadie es deudor eterno.

7 oct 2006




Lo vacío (el alma) no puede influir en lo lleno (el cuerpo).
El cuerpo (lo lleno) sí puede influir en el alma (lo vacío).

La predilección del hombre por lo vacío
es consecuencia de su incapacidad para disfrutar de su cuerpo.
La predilección del hombre por lo lleno
es reflejo de su condición de gozo.

La predilección del hombre por lo vacío
es su capacidad para soportar el sufrimiento.
La predilección del hombre por el cuerpo
es su capacidad para disgregarse como el polvo.

El hombre que busca el vacío se precipita en éste.
Puede aprender a llenarlo
pero para ello necesita de su cuerpo.
Si comprende que su alma nace de su cuerpo,
puede aprender el sentido de la serenidad
a través del amor a su tormento.
El dolor se transforma en gozo espiritual
cuando el hombre comprende que su cuerpo
puede generar un perfecto silencio.
Pues el silencio trasciende fuera del cuerpo.
Y así sólo queda lo vacío.

6 oct 2006


Tratando de definir el eje trágico de nuestros días,
dices haber visto lunas más altas.
Altas primaveras, altos pensamientos.
Altas formas de equidistar entre lo malo y lo bueno.
Tratando de explicar el fin de todas nuestras leyes,
hablas de obligaciones y derechos.
Hablas cabalmente de lo que no entendemos.

¿Cómo explicarte, amigo, lo que diariamente perdemos?
¿Cómo imponerte su guadaña de hastío,
su tornasol de muerte, su fácil escarmiento?
Crecemos a fuerza de olvidar nuestros sueños.
Crecemos o vivimos sin estar en lo cierto.
Por temor a estar locos callamos las verdades
que sepamos todavía nadie ha resuelto.
Los problemas consabidos al mirarnos de frente,
urden sus equívocos, sus razones solemnes.
Busca tras los ojos de cualquiera, sabrás lo que digo.
Mira fijamente: no hay nada dentro.

¿Sabrías discernir entre amor y comienzo,
sin que parezca que el tiempo es un ángel sin vuelo,
un ángel de rabia que maldice en silencio al hombre despierto?
Mira fijamente: no hay nada dentro.
El hombre es una espiga al viento cuya raíz es mentira,
incluso cuando la tierra le observa, es mentira su sueño.
El hombre permanece callado porque nada merece el esfuerzo,
nada dirá que vaya en contra todos,
por más que todos estén en contra del mismo suceso.
¿Cómo decirte sin que parezca que miento?
¿Cómo explicarte lo que los siglos han hecho?

Amigo, mira fijamente: nunca; nunca nos conoceremos.
Hemos venido a buscar lo que tan sólo existe en sueños.

3 oct 2006


¿Quién vive, después del marasmo cotidiano,
envuelto todavía en sedas luminosas?
¿Quién, si no hay más sueños que soñar,
concibe de otro modo la existencia?
Piensa corazón, piensa…
Pues los inútiles fragmentos que atesoras
no sumarán la verdad al nuevo sol que se avecina.
Hollarás la misma tierra una, dos... cien veces;
sin que tu paso sea igual al del niño enemistado
con la incierta realidad que le rodea.
Asumirás, acaso asumirás, el miedo ajeno como propio.
Mas desde tus vísceras comprenderás el miedo verdadero,
miedo que negarás o supondrás pequeño.
Luego el valor, la fuente redentora de todos los ocasos,
te mirará algún día frente a frente.
Si eres fuerte, devuelve convencido la mirada:
escucha y retorna en lo posible a la inocencia.
Si ya está sellado el viaje e imposible te resulta una sonrisa,
aguarda otra ocasión: el día señalado será el día siguiente.

Piensa corazón, piensa…
¿Quién vive sin padecer aquello que le engrandece?
¿Quién, después de tratar con el sombrío agravio,
no pernocta, ni siquiera un día, bajo techo de la cobardía?


Acato con inocencia la preguntas de Marzo,
bebo con indulgencia los licores prohibidos,
jamás me acerco a su puerta a menos que me lo pida
desde su respiración ardiendo en mis oídos.

Miro con desidia las aceras,
me obstino mansamente en comprender los cálculos.
Muerdo a veces la manzana entera, sus atajos
para dejar de vivir como si no quisiera.

Me entrometo en asuntos ya sabidos,
replanteo la longitud de su belleza,
pero es que entiendo muy poco de lo mío:
en verdad es como si no existiera.

Creo a ciencia cierta que si en verdad creyera
estaría desoyendo la maldad del mundo.
Pero creo más en su bondad ligera
ternura inevitable de procedencia oscura.

No fornico con fantasmas ni con brujas…
(las ausencias son ausencias porque aman,
porque son extrañamente idénticas si dudas)

No peleo nunca contra la tristeza,
a menos que me deje ganar bajo la luna.

Me desnudo sólo si la muerte calla
y encerrada sueño adentro sonríe la locura.
Me estremezco.
Me estremezco como la rama que la lluvia
va llenando de alegría.
Compadezco y amo el trémulo verdor de la osadía.
Y además sangro, sangro de amor o de agonía
por la misma herida que el sentir delata

Entonces:
¿por qué no quiere morir conmigo
antes que muera toda vida en un adiós definitivo?

1 oct 2006


No es sólo predilección por el transcurrir
lejos del tráfago interminable de la razón.
Discernir no debe preocuparte nunca,
más que para tener el impulso certero
al límite en que debes enterrar entre las manos
el semblante cansado de tan profunda tristeza.
Pues realidad y belleza, razón y plenitud,
muerden distintos extremos de la misma presa.
El hombre, en su dorada esclavitud, piensa poco,
haciéndose testigo de fútiles cimas, se guarece
en aquello que al contemplar le reporta
la enfermiza índole del esteta. Ésta es,
ante todo, la causa que le lleva a entronizarse
sobre las demás bestias del paraíso.
Si la belleza, ese pájaro extraño de oscuras cadencias,
se te aparece un día reclamando todo tu saber mundano,
entrégaselo. Y disfruta después de entregarlo.
Lúcidas ensoñaciones, al parecer, se le anticipan
al hombre que renuncia a la verdad de buen grado.

Pues a fin de cuentas, todo hombre de la mentira vive,
en diferentes medidas que no comprenderán

sino los más cercanos.
Preferible debería parecerte entonces
la enfermedad del esteta a la preocupación del sabio.