La ignorancia todo lo disculpa.
Todo lo perdona la ignorancia.
Por eso, quien ignora, aún es inocente.
Por eso,
porque el saber y la verdad
paralizan nuestros actos.
Los paralizan porque,
para entender, primero hay que observar,
y para observar,
debemos alejarnos.
Por cierto:
algunos hemos encontrado a Dios
iluminando esta pesadilla.
Ahora que nos han dejado ciegos,
deberíamos pensar cómo perder
— ya para siempre —
esta fe sombría en la ignorancia.