¿Es el día de ayer algo reciente? ¿O es todo el pasado la misma cosa tenue que pasó, que en su poca sustancia era lo mismo: humo y nada y consecuencia de todos los ayeres? Hoy es siempre ahora, en blanco queda el aire que vigilo y su memoria. Olvido. He olvidado. Está mi cuerpo en paz con lo aprendido a golpes de tristeza. Nada he sido. Solo, el eco que no sabe qué es el eco, el verbo que asombrado ignora cuántas veces fue invocado y repetido como una forma inocua de delirio.