11 jul 2006

En tu hora de rabia y ternura
giran vientos de añil sobre el azabache.
En mi hora de rabia…
la soledad extendida sobre las paredes.
En tu hora de ternura, el ocaso,
la madera se astilla con el ademán triste
de tus manos abiertas, de mis manos simples.
Todo cuanto sé está escrito en la noche
para el corazón que acalla el enigma.
Y esta hora de rabia y ternura,
de mi rabia imposible y tu ternura probable,
esta hora que pasa como sombra que eclipsa
las sombras del aire,
te halló conmigo y con frío
hasta sentirte perfecta y de nadie.