27 oct. 2006

Para Sofía, mi profesora, como pobre justificación de mis breves tragedias.



No me detengo al anochecer
sino en aquello que se avecina, empujándome
por entre las horas de oscuridad plena.
Trágico es el ejemplo que me inspira.
Mas en el modo de sobrellevarlo dignamente
es donde más siento yo la alegría…
Pues de ser fácil el consumar un destino,
de no haber prueba ni agravio,
no habría sino caminos habitados
por gentes cuya voluntad fuera estéril.
Si es trágico mi afán de contemplar el mundo
es porque siempre quiero observar lo importante,
deteniéndome para sembrar una palabra
que más tarde pueda recordarme el todo.
Lo importante, al final, puede carecer de valor
cuando obtenerlo nunca nos costó
siquiera un instante de la primavera.
Y si la primavera sirviera también de ejemplo
capaz de inspirar el aliento necesario,
a ella dedicaría yo mis versos. Pero,
fue la noche, con su desesperado acento,
la que puso en mí el constante esfuerzo.
Esfuerzo por el que ahora comprendo algo,
que aunque conlleve ciertos sufrimientos,
a diario me demuestra el valor de la alegría.

Avanza, simplemente avanza.
Por entre providenciales ruinas imbatibles,
por entre los muros cuya sola sombra mortifica.
Hay esquinas que aún aguardan tu promesa.
Hay árboles, árboles solemnes,
que llevan ya tu nombre escrito entre las frondas.
Queda un fuego en la montaña,
testigo de la plenitud mecido por la noche.
Hay un negro galeón, un galeón vencido,
desde el que partirán mil mujeres enlutadas.
Avanza, aunque los ojos se arrepientan
de haber visto el centro ciego de la rabia.
Pues no recuerdo ya tus días oscuros.
Y en mi soledad no hay más que un enemigo
cuya idiosincrasia es idéntica a la mía.

22 oct. 2006


Montaña de infinitas alturas;
a la sangre me remito, al hecho evidente.
Éste puede situar al hombre sencillo
ante el fuego creador de conocimiento.
Siempre habrá cimas vacías,
siempre claridades remotas
que ocupen el lugar de lo prohibido.
A la sangre, a lo real e inmediato,
procuro dar cabida en este mundo.
A lo que en mí sucede para estar vivo,
para presentir la muerte y comprenderla
como fuente de posible renacimiento.
Ahí me precipito, avanzando y retrocediendo,
pero siempre empecinado en mantener el ritmo.
Ser no basta. Debo ser y ser consciente
del amor con que se funden los extremos.
Letal y audaz principio de cualquier armonía
por la que el hombre será libre e inocente.

A la sangre y a la noche me remito,
a lo real y desconocido
que a veces entreveo estremecido.

21 oct. 2006

Aunque este paisaje contenga precisas soledades
no debes acompañarme, ni aguardar mi regreso.
En este trasfondo extraño he de sentarme
a escuchar el grave latido de mi propio corazón.
No dependo de nadie. Nadie puede aconsejarme.
No necesito salvarme del ser milenario
que hoy sonríe letalmente en mi interior.
La triste acometida del viento me agrada
al punto de hacerme recordar quien soy;
pues la existencia, pese a ser el hecho más sencillo,
es la causa única de la que todos somos consecuencia.
Por tanto, aunque este paisaje contenga
precisas y negras soledades, me agrada
porque en él comprendo lo que siempre he sido,
lo que siempre se mantiene vivo
gracias a un secreto fulgor.

18 oct. 2006

Tres abismos cruzan por nosotros.
Recuerda su insidiosa apariencia.
Porque sucede que lo escrito
fue dictado en pos de un sacrificio.
Imaginación, perfección y belleza.
Tres abismos que el poema ensancha
con su materia recóndita
y su mísera sentencia.
La imaginación cruza por nosotros,
inspira la inercia,
dándonos versiones más amplias
de lo que no existe. La perfección,
verbo inhóspito, arte simple,
invade por nosotros el anhelo
de lo que no existe. La belleza,
esa sombra que ilumina reductos
de lo que un día fuera esencia…
¿acaso existe? Pues este abismo
resume el conjunto por nosotros.
Por nosotros habla
la evidencia atroz
de haber socavado la inocencia.
De saber que el amor
desgarra en su caricia
los velos que la carne
suple con la
herida.
Surge bajo la luz un reino antiguo de palomas.
Un reino extraño, fugaz siempre,
en el que arcángeles fatuos y tormentas
urdieran lentamente una música infinita.
Templados instrumentos melancólicos
parecen vibrar al son de un devenir fortuito.

Reino solar de endechas vespertinas,
llevado hasta mi cabeza por la intuición evidente,
pues ésta trae consigo la ensoñación simbólica
que hiciera surgir del matiz ambiguo la belleza.
Dueño de este reino es el poema
por el que el corazón acalla su locura hasta la muerte.
Sin embargo en este reino se entremezclan
raras sabidurías, mentiras elocuentes,
amores que el pensamiento encarna en figuras hurañas
cuya mayor proeza es la soledad que tientan.

Surge bajo la luz este reino,
bajo la luz, este reino evidente.

17 oct. 2006

Inútilmente nombras mi camino: nunca fui poeta.
Todo lo que digo se pierde entre acertijos
queriendo desprenderse de las raíces de lo efímero.
Cansado de la luz, señalo hacia el olvido
en busca de unas huellas que nunca nadie ha visto.
Por más que describa a tientas este mundo,
por más que juegue a hipnotizar el corazón ajeno,
mi arte se reduce a exhumar palabras
para convencer a todos de que estuve vivo.

Quede sobre mi voz el hombre
que quiso remediar sus males como un niño.
Pues nunca fui poeta. Nunca.
No hay verdad en ninguno de mis versos,
ni arte verdadero que no sea experiencia.
Quede, sobre la tumba que un día me guarezca,
la señal de un ser anónimo, que amó incasablemente;
no sin dolor, no sin ratos de impotencia,
el verbo impronunciable que guía la belleza.

15 oct. 2006

Hacia dónde se repliegan las olas
de todo mar bajo tu huella
hacia dónde las aves
hacia dónde el cielo de este mundo
Hacia dónde los altares de nieve
las risas ensortijadas
los grandes corazones sin querencia
Hacia dónde se dirigen los versos
cuando nunca dicen si no callas
dónde las mareas de los cuerpos
los caminos imposibles del alma

Hacia qué fuente tu sed de nada
Hacia qué tierras mis sueños
mis sueños incesantes y perfectos
hacia qué tierras.

Dónde levantar mi esperanza
más allá de toda noche
dónde escribir mi nombre
en qué vacío en qué silencio
dónde escribir mi nombre
sin que lo borre el estío
de tu lejanía clara.

Hacia qué olvido me llevas
dime hacia qué sombra
para poder ofrecerte tiempo

Hacia qué otoño?
Hacia qué principio o qué eterno?

12 oct. 2006


Estático el color evoca su secreto
para que la mirada reprima sus hábitos inútiles.
Reducir la imagen a la esencia desnuda,
filtrada ante mis ojos por suposiciones vacías
que me conducirán de nuevo al sueño errático.
Esta recóndita parcela de vida desconozco,
tan sólo porque mi ambición no juega con el embeleso,
trágico y perpetuo, que busca en mí el artista condenado.
El lienzo contiene la misma densidad cansina
de todos los silencios que gana una pregunta.

Arrojado ahora hacia aquella realidad imposible
contemplo algo extrañado la obra irrealizable,
quise comenzar ésta al preferir la vida
que fue quedando atrás con su porvenir distante.
Puede que mi imaginación aún quiera advertirme
acerca del terrible poder de sus excesos,
pues de triunfar totalmente sobre mí,
mi arte crecería hasta más allá de la locura.
La voz abre sus recovecos al juego de la verdad.
El hombre trata siempre en vano de explicar lo que ama.
Siente que hay un motivo para caminar tras el sueño,

aunque arriesgue más de lo que podría ganar.
La voz del hombre necesita nombrar aquello
que aún sabe hermoso sin saber qué será.
Las palabras parecen faltar y sobrar.
Qué cosa fueras, amor, que no fuera el poema,
el poema en rojo que leí de niño y me hizo callar.
Qué cosa fueras, amor, que no fuera luna, canto,
alborada única que hiciera reír y temblar.

Sí… eres la belleza, amor, la belleza.
¿Pero qué es la belleza sino el misterio de amar?


11 oct. 2006


Después de los días de penumbra,
después del éxodo que nos aguarda.
Después de la primera de tus faltas,
pasadas las palabras para herir más hondo.
Después del llanto de los otros,
después del llanto propio y para nada.
Una vez abiertos más los ojos,
tras describir un círculo que nunca acaba.
Después de haber hollado campos más verdes
con la misma tristeza de quien ya no ama,
luego de perseguir sombras y sombras,
ecos retorcidos en nombre del mañana.
Después de todo lo aterido, todo lo borrado,
todo lo que fuimos en mitad de quién sabe,
en mitad de la vida y para nada más preciso
que un poco de ternura o de esperanza.

Después de haber sentido que todo era posible,
no basta con mirar hacia los otros, no, no basta…
No bastan sus rostros contenidos,
ni sus manos llenas de tardanza.

Henos aquí, vacíos, después de contemplarlo todo.
Como si todo fuera vivir para encontrarnos
henos aquí, de nuevo, como si todo lo aprendido
nos hubiera costado volver a lo pasado.




9 oct. 2006

Solo, indeciblemente solo, como las piedras,
como el alto sol de mediodía a nuestros ojos.
Así mi nombre, mi sombra, mi quimera.
Mi única muestra de tristeza son los siglos,
el hallazgo de nadie,
el soplo vacilante que revoca lo vivido.
Así mi amor bajo la lluvia recia,
así mi carne hasta la carne de ella.
Solo hasta el cansancio indeciblemente humano,
hasta las raíces que forman un lugar en la ceniza.

La soledad es un canto que a veces recomienza,
que busca en sus albores el eco de sí misma.
La soledad es a veces un refugio, de truncadas salidas,
a veces tregua hostil de dos pieles sin deseo.
Su árida desnudez se templa en el hastío
como una burla que nombra sin tapujos nuestros huesos.
De ella nacen los silencios que ofrecemos,
cimas distantes de nieve y pensamiento,
pues de nieve y pensamiento es el ansia de estar vivo.

Solo como tú, como el resto de nosotros, los cautivos
por nuestra propia impotencia de tiempo y hermosura.
Solo, indeciblemente solo me presento, amigos,
ante la llamada victoriosa que recibo
de todos los amantes, perdidos en lo oscuro.

8 oct. 2006



Un tiempo dispar, de hojas y molinos,
quebrado acaso por manos redentoras.
Una fuerza imposible, un valle solemne,
una cruz sometida que interfiere en los albores.
Y además tú y yo; cómo no convencerse
sin referirse obviamente a los hechos desnudos,
a las tumbas prematuras, a los días conjuntos.
Otra vez las preguntas y los labios,
la demora trivial de los pasos deseados.
Otra vez la palabra y sus engaños
conviniendo sus trastornos periféricos.

Un tiempo dispar dominado por la noche,
una noche otoñal consagrada a la penumbra.
Otra vez el deseo es una trampa
donde convergerán la verdad y la calumnia.
Arte de imposibles, fuga de innombrables.
Caminos soterrados que no comprende nadie.
Y además tú y yo mecidos por el aire,
prendidos por un sol de sueños invernales.
Basta una renuncia, un día sin buscarnos;
basta una palabra para que toda esta quimera
se hunda en su prefacio.

Cómo no convencerse para después olvidarse.
Cómo no presentirlo, si lo anuncia la sangre.
Para Alfonso,
que se ha dejado llevar por la tristeza
y no sé si debería darle a leer este poema.


El rostro esculpido por el exceso y el cansancio
la voz sujeta por la angustia del silencio
la ciudad, imperfecta, ignorando el nombre de todos
los muertos acallados por el tiempo.
La heroína ha dejado en su sangre
no sé qué vasta predilección por el olvido
la noche, en sus ojos, aguarda una respuesta
pero tú no sabes pronunciarla
y eso es todo.

Si esta noche un lobo husmea tu sombra
estarás solo, como el más hambriento poeta,
ante las mismísimas puertas del infierno
y allí cabalgarás en aras de la terrible felicidad
que para ti reservaran los otros condenados.

Sueño, sí, sueño que para ti quisieron
los que no te conocían aún sabiendo
el nombre que le diste a tu conciencia.
Sueño, sí,
pero ligero.

El hombre es sangre de pies a cabeza
y jamás olvida la respuesta
por la que se le dio la vida.
Tú no has olvidado, escucha,
la voz que sufre dentro
recordará siempre el nombre que eligieras.
Pues el verdadero lamento
se nutre de violentos ascensos
a un sórdido cielo vacío
del que nadie es deudor eterno.

7 oct. 2006


Pido humildemente a mis pocos lectores, que comenten este poema sin ritmo escrito después de rumiar un poco a William Blake. Necesito saber si estoy diciendo tonterías o si esto realmente tiene algún sentido.
Gracias.

1


Lo vacío (el alma) no puede influir en lo lleno (el cuerpo).
El cuerpo (lo lleno) sí puede influir en el alma (lo vacío).

La predilección del hombre por lo vacío
es consecuencia de su incapacidad para disfrutar de su cuerpo.
La predilección del hombre por lo lleno
es reflejo de su condición de gozo.

La predilección del hombre por lo vacío
es su capacidad para soportar el sufrimiento.
La predilección del hombre por el cuerpo
es su capacidad para disgregarse como el polvo.

El hombre que busca el vacío se precipita en éste.
Puede aprender a llenarlo
pero para ello necesita de su cuerpo.
Si comprende que su alma nace de su cuerpo,
puede aprender el sentido de la serenidad
a través del amor a su tormento.
El dolor se transforma en gozo espiritual
cuando el hombre comprende que su cuerpo
puede generar un perfecto silencio.
Pues el silencio trasciende fuera del cuerpo.
Y así sólo queda lo vacío.

6 oct. 2006


Tratando de definir el eje trágico de nuestros días,
dices haber visto lunas más altas.
Altas primaveras, altos pensamientos.
Altas formas de equidistar entre lo malo y lo bueno.
Tratando de explicar el fin de todas nuestras leyes,
hablas de obligaciones y derechos.
Hablas cabalmente de lo que no entendemos.

¿Cómo explicarte, amigo, lo que diariamente perdemos?
¿Cómo imponerte su guadaña de hastío,
su tornasol de muerte, su fácil escarmiento?
Crecemos a fuerza de olvidar nuestros sueños.
Crecemos o vivimos sin estar en lo cierto.
Por temor a estar locos callamos las verdades
que sepamos todavía nadie ha resuelto.
Los problemas consabidos al mirarnos de frente,
urden sus equívocos, sus razones solemnes.
Busca tras los ojos de cualquiera, sabrás lo que digo.
Mira fijamente: no hay nada dentro.

¿Sabrías discernir entre amor y comienzo,
sin que parezca que el tiempo es un ángel sin vuelo,
un ángel de rabia que maldice en silencio al hombre despierto?
Mira fijamente: no hay nada dentro.
El hombre es una espiga al viento cuya raíz es mentira,
incluso cuando la tierra le observa, es mentira su sueño.
El hombre permanece callado porque nada merece el esfuerzo,
nada dirá que vaya en contra todos,
por más que todos estén en contra del mismo suceso.
¿Cómo decirte sin que parezca que miento?
¿Cómo explicarte lo que los siglos han hecho?

Amigo, mira fijamente: nunca; nunca nos conoceremos.
Hemos venido a buscar lo que tan sólo existe en sueños.

5 oct. 2006

Aquellas noches claras no pueden perdurar aún.
Fuera de lo que a veces entendemos como olvido,
pretendo tan sólo que la vida dicte su respuesta.
Sobre aquellas noches su respuesta inevitable.
El giro que demuestre que habitaste conmigo
el manso rumor de calles infinitas.
Ventanales que daban a lugares oscuros,
perdidos en lo profundo de un beso o un aroma…
Inevitables ahora por su lejanía
parecen consecuencia del olvido.

Si te quise y fuera cierto todo lo pasado,
nada podría ser todo por ahora.
Por siempre, una mitad sin tiempo corrobora
que nada prevalece salvo el sueño. Por ahora,
las noches claras que recuerdo han perdurado.

3 oct. 2006


¿Quién vive, después del marasmo cotidiano,
envuelto todavía en sedas luminosas?
¿Quién, si no hay más sueños que soñar,
concibe de otro modo la existencia?
Piensa corazón, piensa…
Pues los inútiles fragmentos que atesoras
no sumarán la verdad al nuevo sol que se avecina.
Hollarás la misma tierra una, dos... cien veces;
sin que tu paso sea igual al del niño enemistado
con la incierta realidad que le rodea.
Asumirás, acaso asumirás, el miedo ajeno como propio.
Mas desde tus vísceras comprenderás el miedo verdadero,
miedo que negarás o supondrás pequeño.
Luego el valor, la fuente redentora de todos los ocasos,
te mirará algún día frente a frente.
Si eres fuerte, devuelve convencido la mirada:
escucha y retorna en lo posible a la inocencia.
Si ya está sellado el viaje e imposible te resulta una sonrisa,
aguarda otra ocasión: el día señalado será el día siguiente.

Piensa corazón, piensa…
¿Quién vive sin padecer aquello que le engrandece?
¿Quién, después de tratar con el sombrío agravio,
no pernocta, ni siquiera un día, bajo techo de la cobardía?
Retrato de una fábula



Acato con inocencia la preguntas de Marzo,
bebo con indulgencia los licores prohibidos,
jamás me acerco a su puerta a menos que me lo pida
desde su respiración ardiendo en mis oídos.

Miro con desidia las aceras,
me obstino mansamente en comprender los cálculos.
Muerdo a veces la manzana entera, sus atajos
para dejar de vivir como si no quisiera.

Me entrometo en asuntos ya sabidos,
replanteo la longitud de su belleza,
pero es que entiendo muy poco de lo mío:
en verdad es como si no existiera.

Creo a ciencia cierta que si en verdad creyera
estaría desoyendo la maldad del mundo.
Pero creo más en su bondad ligera
ternura inevitable de procedencia oscura.

No fornico con fantasmas ni con brujas…
(las ausencias son ausencias porque aman,
porque son extrañamente idénticas si dudas)

No peleo nunca contra la tristeza,
a menos que me deje ganar bajo la luna.

Me desnudo sólo si la muerte calla
y encerrada sueño adentro sonríe la locura.
Me estremezco.
Me estremezco como la rama que la lluvia
va llenando de alegría.
Compadezco y amo el trémulo verdor de la osadía.
Y además sangro, sangro de amor o de agonía
por la misma herida que el sentir delata

Entonces:
¿por qué no quiere morir conmigo
antes que muera toda vida en un adiós definitivo?

1 oct. 2006


No es sólo predilección por el transcurrir
lejos del tráfago interminable de la razón.
Discernir no debe preocuparte nunca,
más que para tener el impulso certero
al límite en que debes enterrar entre las manos
el semblante cansado de tan profunda tristeza.
Pues realidad y belleza, razón y plenitud,
muerden distintos extremos de la misma presa.
El hombre, en su dorada esclavitud, piensa poco,
haciéndose testigo de fútiles cimas, se guarece
en aquello que al contemplar le reporta
la enfermiza índole del esteta. Ésta es,
ante todo, la causa que le lleva a entronizarse
sobre las demás bestias del paraíso.
Si la belleza, ese pájaro extraño de oscuras cadencias,
se te aparece un día reclamando todo tu saber mundano,
entrégaselo. Y disfruta después de entregarlo.
Lúcidas ensoñaciones, al parecer, se le anticipan
al hombre que renuncia a la verdad de buen grado.

Pues a fin de cuentas, todo hombre de la mentira vive,
en diferentes medidas que no comprenderán

sino los más cercanos.
Preferible debería parecerte entonces
la enfermedad del esteta a la preocupación del sabio.