31 ago. 2009

Deshacer la memoria

Una simple estatua de sal
llorando de vergüenza
en medio del infierno.

Y también la desmemoria,
también la luna detenida,
y el arte de soñar, y la palabra
que no debe curarte hasta no herirte.
También un incómodo silencio
cerrándose ante las puertas de la noche.
Todo esto nos concierne. Todo esto.
Hemos mirado tantas veces
hacia lo que no quisimos fuera olvido.

Una simple estatua de sal,
terrible e indefensa,
ha llorado de vergüenza por nosotros,
que vivimos la hora más oscura
habituados a las soledades del espejo.

Y mañana olvidaremos ese cielo
que parece presagiar nuestra caída.
Y también el calor de todo invierno,
las huellas que conducen al principio,
y el dolor, las respuestas vanas, y la duda…
Hasta la senda que no debimos recorrer
como tristes favoritos del recuerdo.

Si la memoria es ese tiempo tan dudoso
que en sueños le arrebataremos a la muerte,
quizá, como simples soñadores que ya somos,
deberíamos recordar tan sólo
la vida que fue plena y cierta solamente.

En venta

Comerciar con ingenua poesía
o, por qué no, con una muerte genuina…

Apostar también el blando corazón,
ese juguete tantas veces humillado,
de alegres perdedores insensibles.

Vender al enemigo tu última verdad,
sin el consentimiento previo de los inocentes
que tanto han avergonzado al mundo.

Pagar con inhumana sonrisa
todo lo que pueda valer un alma,
que por mucho que sea,
siempre será poco.

Dejar hacer al mundo, dejar hacer…

Y no derramar ni una lágrima.

Y no recibir ni un reproche
por parte de tus verdaderos amigos,
ni de boca de tus amantes o de tu sombra.

Pues hace ya mucho que olvidaste
que el precio prohibitivo de la libertad
son tus sueños más corrientes,
aquellos que aún no tienen
valor alguno demostrable.

30 ago. 2009

Las condiciones del destino




Toda condición necesita de un futuro o de un presente incierto. Un horizonte es siempre un oscuro quizás. Una dudosa sospecha podría revelar lo que está sucediendo precisamente ahora. Quiero suponer que mañana, por no decir hoy mismo, un caprichoso destino querrá enmendar todas las humillaciones de un pasado improbable. Y, aunque es inútil tratar de manipular el curso de la verdad, sé que ahora mismo puede estar floreciendo el germen de la más hermosa fortuna y también el de la más terrible de las desgracias.

El presente guarda celosamente las noticias definitivas. Toda condición necesita de alguien incapaz de prevenir lo que un día será evidente…

Hoy la muerte y el amor pueden haberse ocultado en cualquier lugar próximo al olvido. Puedo ser el amante, la víctima, el traidor o el asesino. Puedo ser la causa que ignora el sentido, la consecuencia que no sabe desde qué oscuro resorte han de articularse las repercusiones de su ignorancia.

Todo fluye dentro de un ciclo infinito que ha de repetirse en nuestra limitada memoria de los hechos. Hoy es posible el destino que mañana simplemente habrá de acontecer, de un modo u otro, para todos los que tratan inútilmente de no temer al futuro.






28 ago. 2009

Felicidad del otro

Hoy no estarás llorando de inocencia
ni nadando entre los restos fortuitos
e invisibles del naufragio.

El mundo es apenas una calle
por la que tú ya nunca pasas,
mas, si has de llorar,
recuerda que hay desastres
que son tan sólo la impotencia
de soñar con otra vida.
Y nada se ha perdido todavía…
Nada termina cuando luchas
empecinadamente
contra molinos gigantescos
que son también la realidad.

El mundo es apenas una calle,
una calle que termina donde empieza
tu alegría a perdurar como la noche.

¿Pero no ves cómo estos días
van llenándote las manos
de un fugaz tiempo irrepetible,
y también el frágil corazón,
y hasta la nada?
De tiempo que contiene aquel futuro
soñado sólo al despertar del sueño
de lo que nunca ha sucedido.

Que hoy, al oírte continuar,
ha cambiado el mundo o yo
en verdad también puedo ser otro.

27 ago. 2009

Conclusión

Madre: ¿por qué este mundo?
¿Qué vida me entregabas al nacer
del calor de tus jóvenes entrañas?
¿Por qué estos días para la desgracia?
Tanta inocencia sé que me soñabas…
Y hoy soy sólo la rabia, el puño cerrado
que aún invoca ante algunos inocentes
el último reino sagrado de la venganza.
No he sido valiente ni he luchado
por lo que en verdad creía justo.
Pero te aseguro, madre, que he sufrido
la burda palabra del necio y el aire
feliz del indolente burgués que no he sido.

No sé qué hago yo en este mundo.

¿Y qué sueño ha de concebir un soñador enfermo
para resarcirse de esa oscura vergüenza
que envilece su nombre ante la luna inalcanzable?

26 ago. 2009

Peso de la sombra

Yo, que tantas veces he olvidado,
te vi soñar tu propia oscuridad un día.
Te vi ante el fuego del delirio,
que sólo quema a quien detiene
sus pasos en el desolado centro de sí mismo
Nuestra noche era un océano en negro.
Y tu voz arrastraba un último silencio
que sólo tú ceñirías a tu alma
como la muerte sólo ha de ceñirse a tanta nada.
Te vi soñar el fuego y la palabra,
el ángel y el espejo quebrado de la rabia.
Y hablabas. Sé que mientras tanto hablabas…
Pero yo sólo recuerdo tu rostro verdadero,
tu mirada horadando el vasto frío de la casa.

¿Qué hice, amor, para que la muerte
llenara de dolor tu dulce pensamiento?

En verdad merezco
que la perfecta balanza de los años
me haga ver a mí también
el secreto abismo de mi sueño.

A mí, que tantas veces he olvidado…

Bifurcar la ausencia

Un naufragio inevitable
en la orilla solitaria del absurdo.
Allí donde la soledad eres tú,
cada día debo despertarme
ante un amor que nadie más entiende.
Y respirar, cada día,
el salitre envenenado del silencio;
y cada día preguntarme
qué distancia es más real,
si aquella que sentimos
cuando la noche se detiene
o esa otra
de cuerpos invisibles
y vanas sombras verticales
atadas al olvido.

25 ago. 2009

Naturaleza

Somos ese triste animal
educado a la luz de cálidos afectos.
Una bestia que acaso trate de soñar
que su naturaleza está más allá
de cualquier divinidad artificial
engendrada siempre por el progreso.
Mas un animal es lo que es
porque su eterna naturaleza
parece casi una fuerza sagrada.
Sólo un hombre, cualquiera,
no podrá ser sólo un hombre despierto
si no se enfrenta viviendo a su tiempo,
a la luz del sol o a la noche rasgada
por su propia voluntad de fuego.

ceremonia

El día que queme estos falsos poemas
ha de ser en una ceremonia
más bien triste y sencilla:
sólo yo mismo,
la naturaleza y el fuego.

Sólo yo mismo, sin más testigos.
Sin aquellos que puedan considerar
admirable esa forma de prescindir
de una molesta ambición desesperada.

Que nadie pueda recriminarme
un exceso de vanidad soberbia
en cuanto a ese íntimo gesto
del todo autodestructivo.

Ha de iluminarse la noche un instante
para que en mi indiferencia sonría
como sonríen esos locos sempiternos
que cuentan el futuro cuando escriben.

El día que queme estos falsos poemas,
nunca más estarás tú aquí, conmigo.
Y yo seré todo eso
contra lo que siempre he luchado:
un cobarde incapaz de arder de verás
junto a lo que ya sólo podría sentir
soñando otra noche más contigo.

24 ago. 2009

Rayuela

Encontrarme contigo es encontrarme
con una ciudad en fuga siempre,
animal en llamas herido por el loco viento
que amenaza con aullar hasta volverme
también a mí ciudad herida, a mí,
que soy sólo otro espejo que revela
tu clara vocación de hollar el mundo.

Hoy un azar de calles y ascensores,
de sucias cafeterías y ramblas estivales,
nos vincula de nuevo a la extraña
biografía secreta de los arquetipos que somos.

Hoy lo sé perfectamente…
Tus pasos son ya los pasos del destino
que sólo reconozco soñando con la muerte.
Ya nuestro tiempo se ha sincronizado
a fin de detenerse cuando abramos
las puertas de una desnuda eternidad perdida.

Pues encontrarme contigo es encontrarme.

Y esta ciudad es el mundo y el olvido.

23 ago. 2009

Después de medir la tarde

Aún parece único el mismo atardecer,
su breve nostalgia de sombras reflexivas
ultima las inciertas respuestas del silencio.
Pues ante la noche no hay palabras.
Y en la cifra del aire sólo queda
un presentimiento mudo
que anuncia el amor en sacrificio.

Quédate…

Se han ido todos tras la tarde.

Llenaron estas horas tenues
de triviales pensamientos
que no podían disfrazar de luz el mundo.

Ya no hay estrellas ni colores en el cielo.

Y la noche no es de nadie…

También nosotros quisiéramos pertenecer
a la infinita posibilidad de su inocencia,
descender de nuevo por los años en fuga
que tantas veces nos vencieran.

(Era la niñez efímera casi un juego eterno.)

Quédate… El mundo es esa farsa ciega
que fabricas cuando crees estar sola.
Y no hay más realidad que el vivo sueño
soñado por primera vez en esta hora.

21 ago. 2009

Elección

Sospecha siempre de la vulnerable desnudez
que cualquier llanto verdadero
ocasione todavía en ti, porque acaso
mañana sea esa la última consecuencia
que un amor mortal deje sobre la tierra.

Sospecha también
de las estrellas que no has visto,
porque tal vez estén ya ante tus noches,
ardiendo, tal vez, hacia el confín de tu mirada
o repitiendo los poderosos colores del vacío.

Sospecha incluso de ese verano,
fugaz, terrible e íntimo,
que un día te hiciera regresar de pronto
al todo ya perdido
que hoy añoras como un niño.

Sospecha, en fin, de la belleza.

Protégete de su amable misterio insondable:
pues tras la apariencia elegida
por una infinita naturaleza o por el arte,
se esconde el daño que las luces del tiempo
no han de mostrarte todavía.
Esa mentira que oculta nuestros defectos,
hace que un hermoso misterio
sea preferible a todas las verdades implacables.

Belleza es el principio que rige
la tibia realidad del inocente
o cualquier falsedad creíble
que brille en los ojos del culpable.

Belleza es amor o sangre.

Por tanto, cree o sospecha,
pues todo lo demás son ya reflejos
de la imposible máscara de nadie.

La Salida

Vivió aquel hombre un millón de años en el laberinto. Noche tras noche recorrió sus pasadizos en busca de una huella ajena, día tras día se obstinó en descifrar la verdad contenida entre sus muros. Y noche a noche, día a día, se fue convenciendo de las terribles propiedades de su retorcida arquitectura. Un millón de años vagó en busca de la salida, y, ya en el ocaso de su vida, halló un niño al que el azar le había procurado su mismo destino. Este desconocía el motivo por el que se encontraba en el mismo lugar que el anciano, pero creyendo que su larga barba sería un indicativo de sabiduría, se aventuró a preguntarle si podía indicarle donde estaba la escapatoria que, sin lugar a dudas, ambos habían pasado mucho tiempo buscando.

-Lo único que puedo decirte, mi querido niño, es lo que en efecto me han demostrado los años y la desesperación. No existe el laberinto. Pues lo que ves no es más que el camino que tú mismo impusiste el día de tu nacimiento. Cuando al fin comprendas esto podrás recorrerlo a tu antojo sin posibilidad de pérdida. Por tanto recuerda siempre que tú eres el laberinto y el laberinto es en verdad la búsqueda sin fin de ti mismo.

Y pasó otro millón de años, durante los cuales el anciano desapareció y el niño creció hasta que una larga barba descendió por su rostro. Y sucedió que al sentir próxima la muerte, halló así mismo a un niño que, al ver en él a un sabio de aire familiar, se atrevió a interrogarle sobre la forma de trascender el laberinto. Este le respondió:

-¿Es qué aún no has aprendido la lección? Pasará otro millón de años, y volveremos a encontrarnos justamente aquí: en el impreciso límite que separa la vida de la muerte. Y yo te responderé. Y tú creerás entender. Pero deberá pasar otro millón de años para que algo así suceda. Por tanto lo único que puedo decirte es que te enfrentes a la idea de que esta aterradora realidad es la creación más sublime del amor que sientes hacia ti mismo. Amor que te condenará, siempre, a buscar en ti mismo una porción de muerte. Y no sé si los demás hombres han de correr nuestra misma suerte. Pero creo que esta es la prueba a la que se ven sometidos quienes creen en el laberinto del destino.

Y dicho esto ambos partieron seguros de no volverse a ver nunca.

19 ago. 2009

Pájaros nocturnos

Pájaros dueños de la madrugada,
cantores tristes y pequeños si en la noche,
buscando el silencio de árboles sagrados,
tomáis protagonismo en la ventanas.
Pájaros fugaces, sonámbulos, inquietos.
Nocturnos soñadores de mi inconsciencia:
¿habéis llorado alguna vez la altura,
tan trivial y remota, de los fríos rascacielos?
¿Habéis cantado al tráfico convulso,
a los transeúntes violentos,
al caos definitivo, o al perpetuo desconcierto
que gobierna las impúdicas ciudades?
Un día os sentiréis como nosotros:
ridículos y feroces, y también molestos
con la insignificancia de vuestro dolor
en la inmensidad de todo el universo.

Así que cantad, pájaros del sueño.
Entonad en esta misma noche
un delicado himno de hambriento fuego
que llene de eterna luz este silencio eterno.
Pájaros tristes y pequeños,
abrid este corazón hermético
a la belleza transitoria de ese vuelo
que alzáis ante la oscuridad de un viejo firmamento.

18 ago. 2009

Inventario

Acumulo libros olvidados
—fetiches llenos de amor y cenizas—,
distancias invisibles, extrañas comedias,
hasta raros nombres para una estrella,
que no puede durar pero vuela
más allá de la luz que la muestra.

Guardo viejos restos de ese naufragio
que está por venir en el mar de tu sueño.

Atesoro una vocación sagrada
que rompe a cantar sus silencios
cuando el sol, uva de agosto,
madura su luz en un cielo infinito.

Mi mundo fue un paisaje secreto
de mágicas nieblas en jardines azules,
lugares inciertos donde aún se celebra
la última noche y el único fuego.

¿Pero a día de hoy quién conserva
en su íntimo ser, cansado del tiempo,
lo que fuera tan importante
en aquellos días del viento?

Quién sabe ya dónde quedó
el salvaje amor de los parques
o la hermosa luna indecente
que amaba en secreto los largos veranos.

Si eso fue la felicidad, hoy, un día más,
también me asesina la voz del recuerdo.

16 ago. 2009

última utopía

He soñado que elegía este mundo ajeno
de entre todos los mundos posibles.
Y en mi sueño había playas azules
de arenas infinitas, y había pueblos
donde todos eran nobles extranjeros
capaces de llorar por un amor secreto.
Y vi niños aptos para matar en un solo día
miles de insectos invisibles. Vi el odio.
Y comprendí cuán extraña es la cordura.
Acaso la única forma de ser feliz
en este orbe gestado por el fuego,
sea elegir de nuevo el mismo orden
que sólo pueda revocar un nuevo sueño.

14 ago. 2009

Y no te arrepientas nunca

Sueña, y no te arrepientas nunca
de haber creído vanamente
que otra sombra, en la distancia,
iluminaría la misma oscuridad
que tan humanamente guardas.
Nada puede llenar la soledad
de los que portan la negra herida
abierta por los más próximos,
esos a quienes tanto se ama en exceso,
cuando deberíamos huir hasta perdernos.

Sueña y piensa que ciertos sacrificios
añaden valor a la voluntad del hombre.
Entiende que quien ha sufrido una vez,
acaso luego pueda recordar una razón
que sirva de consuelo al mal inevitable.

Pues, si es cierto que quienes pueden amar
tienen una terrible capacidad de sufrimiento,
suya será la hermosa soledad de los ríos,
de las ciudades insomnes, la de los olvidados…
Y la de los árboles que no ignoran el invierno.

Y cómo comprender el triste cansancio
de esos solitarios fuera de la multitud,
si pretenden amar porque están solos,
y sólo tratan de olvidar esa necesidad
que no ha calmado ningún hondo abrazo.

Amor que no te salve, habrá de destruirte.
Amor que te destruya, habrá de serte ajeno.

13 ago. 2009

Ser quien eres
no significa ya
ser el mismo que fuiste.
Olvídate de ti. Duerme.
Quizá te hayas convertido
en otra sombra del paisaje.
O quizá ya seas
parte de ese río múltiple
que avanza y nunca vuelve.
Duerme. No te busques.
En verdad eres uno, y sientes.

Primer verano a la luz

En este lugar no hay tiempo.
Contempla: todos sueñan,
y el mar codicia nuestros cuerpos.
Sí. En una playa, lejana como esta,
comenzaron a ser todos tus recuerdos.
Y el mar lo sabe: así se ofrece, confinado,
a guarecerte de un cielo que no existe.

Ve. Aprende, amor, todo cuanto puedas
sobre la ingenua soledad de aquellos pájaros
que llegaron hasta aquí para perderse.

Y si tratas de regresar y es pronto,
sabrás que el mundo es nada,
que un viento interminable pasa
exterminando el color de este verano.

Ve hasta la orilla donde nunca viste
un horizonte más claro que tu alma.
Ve. Aprende que las olas nos esperan.

Pues desde que podemos comprender sin más
los últimos anhelos que guardamos en secreto,
ya no juegan a vencernos los silencios.
Y así regresaremos siempre
hasta el único mar que conocemos.

El mar de aquellos días nuestros.

Suponer el cosmos

Supongamos que esta sencilla forma
de ver y comprender el mundo
tiene algo de extraño e irreal,
que todavía hay una franja en el silencio
en la que todos somos vulnerables
e igual de proclives a la locura.
O supongamos también
que, aunque el sol,
ese dios primigenio,
no salga del todo una mañana,
todas nuestras convenciones
sobre lo que es en sí la realidad
no se derrumbarán de pronto,
en un solo instante universal y sórdido.
Supongamos que podríamos sobrevivir
porque aún somos seres racionales,
seres que han elaborado su pensamiento
en torno a una serie de conceptos lógicos,
abstracciones tan verdaderas
e infalibles
como la mágica evidencia
de esa luz que un día cualquiera
dejará de arder para nosotros.

(…)

Lo cierto es que a veces
es más cómodo
no suponer nada
sobre esa otra suposición, tan extraña,
que atiende al casual nombre de cordura.

¿Pues qué sería de nosotros
si en el destello invisible
de una oscura noche interminable
contempláramos deshecha la razón
—esa máscara justa y necesaria—
que hace realidad el ser de la experiencia?

11 ago. 2009

Vocación nocturna

Ciertos pensamientos arden por si solos,
prenden sin llegar nunca a iluminar
lo más hermoso de algunas madrugadas.

Así pienso la noche interior,
pienso el desorden…
Pienso la mirada que me busca en todo.
Pienso, y encuentro cierto dolor,
memoria sin fin de los días menores.

Y en la tensa quietud de la noche,
arden mis fuerzas y danzan todos los relojes.
Arden, cada vez más deprisa,
los íntimos espacios de la noche…
Se queman la luna y el silencio,
incluso el mar informe.
Y arden también las ventanas,
y todas las estrellas sin nombre,
arde la sangre atropellada de ese otro
que quedó sonriéndole al olvido.

La verdad es esa:
ciertas noches soy efímera llama oscura.
Ciertas noches
arde en mí el oscuro corazón
de todo el que soñó conmigo.
Acaso quienes llegaron a pensar
que era yo su triste semejante,
debieron encontrar tan sólo las cenizas
de ciertas noches circulares.

10 ago. 2009

Al sur del cielo

Aquí, bajo la superficie infinita del mundo,
donde la soledad es casi definitiva,
la luz tiene un matiz amargo, y llueve.
Aquí las leyes innombrables del corazón
son las leyes que rigen el futuro, la verdad,
el tiempo inaprensible y el espacio.
Y, aun así, llueve.

Llueve ruidosamente en la dudosa noche,
la noche contaminada por el mismo vacío
que guarda la mirada perdida del errante.

Llueve sobre nosotros, tristes guerreros
que adivinan su futuro ante las ruinas
de un paraíso imposible de descifrar de nuevo.

Bajo la superficie infinita del mundo,
donde descenderemos los perfectos soñadores
que tantas veces despertáramos, el sol muere
antes de que en la noche clandestina
renazcan antiquísimas estrellas.

Ya he estado aquí otras veces, vagando.
Otras veces he olvidado amando lo que amo.

9 ago. 2009

Teoría de los espejos

Simple para todos es imitar un nombre,
obtener de quien sea el influjo
que permita negar aposta
toda experiencia patética.

Y acaso para el imitador
no haya peso más real,
que aquel que se supone
ya implícito en su juego.

Pues, en el fluir de las formas que describe,
trata de abarcar el fondo de sí mismo,
sueña la ilusión tenaz de un tiempo
que en otro entonces fuera sólo suyo.

Suyo e igual de previsible que el de todos.

Sí. ¿Pero quién imita a quién?
¿Son de ese otro nuestros gestos,
o de quienquiera que un día
se sintió quizás solo y eterno?
Ah, mecánica del alma insatisfecha,
a nadie pertenecen tus mágicos ardides:
todos actuamos como ese otro
que a veces actuaba como nosotros mismos.

8 ago. 2009

Biografía

Intentaba no ser como soy.
Quería demostrar que los demás
nos suelen arrebatar el fruto único, la certeza
que libera al hombre de su propia realidad.
E intentaba no ser en cada gesto.
Trataba de soñar con la locura,
que hace del dolor un juego vanidoso
imposible de ganar creyendo en algo más.
Mas ahora sé quién era entonces.
Y sé quién soy ahora. Sí: todos los otoños
se pierden en la lucha de mis manos fugitivas.
Moldeo la mirada de los otros a mi antojo.
Todos los otoños son parte ya de mi locura,
de mi eterna fiebre, de la hermosa inocencia
que aleja el frío y el terrible pasado de la sombra.

He aquí que no soy diferente de mí mismo,
ni de ti, enemigo de todo lo que sientes.

7 ago. 2009

Sobre la manada

La manada danza al son estrepitoso,
danza y tropieza en su tácita ceguera
con un azar violento y raro.
Y algunos nos estremecemos
al representar de nuevo
el viejo ritual de nuestra infancia.
¿No lo ves? Fíjate en todo cuanto arde.
En la manada seguimos siendo niños,
salvajes inocentes que se ofrecen
para interpretar el rol de la mentira.
Y siempre hubo algo en esos ojos,
un brillo incomprensible
de ardiente fe innombrable
en los que sí eran semejantes.
La manada danza, muerde, repta.
Pero nunca piensa. Es así de fácil.

Un solo ser es la manada…
Y se enfrenta a lo que es,
y danza contra todo lo probable
en el último limbo de las decepciones.

Sé que la soledad puede ser más digna.
Pero nunca será más cierta,
ni más fuerte que el profundo calor
que la manada deja en el ambiente
al armarse en la noche igualatoria.

6 ago. 2009

Rutina de la soledad

Sería extraño enamorarse hoy.
Hoy, precisamente,
que no he podido juzgar aún
la mácula secreta de mis actos últimos.
Hoy que es otro día y, sin embargo,
es el único día en que algo importa.
¿Cómo enamorarse mientras tanto?
Una cosa es augurar la noche,
contemplar una estrella y afirmar
lo que uno sabe desde siempre.
Otra muy distinta es empezar
un día cualquiera a ser tú mismo,
y llorar por los versos y las tardes
que uno, desde ayer o desde siempre,
acaso sabe irremediablemente suyas.
Y sería extraño enamorarse hoy,
aunque la soledad de hoy sea la misma.
Porque el amor, de tarde en tarde,
es distinto de su sombra y de la sangre.
Y hoy su extrañeza amenaza con teñir de luz
la certeza cotidiana de otro día predecible.

Huir soñando

No hay costumbre ante la luz
que pueda convencerme, tan sólo a mí,
de cuán cotidiano es contemplar un mundo
que tiende a la asombrosa belleza del dolor.
Aun así, asisto cada día en la vigilia
a un sueño que recuerda lo que nunca vi.
Cada día, en la luz del sol intuyo el modo
de reconstruir el mundo desde el principio.
Y otra luz rompe en mis nuevos ojos.
Y es potestad del cielo lo que nombro.
Pues el día me permite presenciar las horas,
me permite contener sobre mi mente
los fugaces ritos que alimentan toda inspiración.
Mas la luz del sol es una siempre.
Somos nosotros los que así buscamos
huir soñando del eterno enigma de su muerte.

4 ago. 2009

Vana Psicosis

Aún no sé qué sé de mí.

Paso las horas soñando cosas simples,
y el sueño es una flor tan breve…

Y escribo. Hago café. Hablo.

Y cada día me entretengo preguntando
al otro inamovible que me habita:
¿qué sabes tú de mí?
¿alguna vez creíste en algo?

Acaso me empeño en olvidar aquello
que me haría crecer hasta estar muerto.
Puede que en verdad aún tenga tiempo
para invertir el orden de las normas
que me hacen convenir
tanta ineptitud conforme.

Si fuera cierto lo que sé,
sé que lo sabría sin quererlo.

Y me pregunto una y otra vez,
y la respuesta siempre cambia
de situación en situación,
de realidad en realidad pensante.
De la noche al día, suelo suponer
que todo cuanto aún no sé
es lo que será mi vida.

2 ago. 2009

Por qué no ser

Y de qué habrá servido esconderse
entre páginas abstractas sin tu luz,
quisiera saber qué invención me separaba
del mundo, del dolor, o de mí mismo,
que siempre fui enemigo de las sombras,
aquellas que negaban la eterna juventud.

Sí, la belleza se oculta en todo lo que veo,
entre las frondas luminosas de los parques,
en las miradas fugitivas que no entiendo.
Mas yo me evado casi siempre
tras el azul infinito que la nada
guarda para mí en lo profundo del silencio.

No quiero ser. Duermo. Entre mis cosas
hay ciertos espejismos prodigiosos,
un corazón exhausto, verdades importantes
y algún que otro momento
en que pude ser mejor
o incluso más hermoso
que el pulso inevitable de toda soledad.

Y de qué habrá servido tanto entenebrarse
aferrado a una identidad que ya ha ocurrido.

Porque lo cierto es
que ya he amado demasiado con la sangre,
y no quiero volver a ser el mismo.
Ya todo es vanidad: prefiero continuar
como si mi papel consistiera en presenciar
la sencilla vida del que nunca fue distinto.

1 ago. 2009

La fortuna del viajero

Y trazar lentamente una ruta,
por absurdo que hoy pueda parecerte;
marcar un principio irrepetible
que conduzca, aunque sea a tientas,
hasta algún lugar sagrado.
Así, que a la hora de sufrir o de dar,
cobre sentido todo cuanto hayas aprendido.
Que cuanto hayas visto o soñado,
se revele siempre como parte necesaria
de un conjunto de soles y de simas.
Para ello ábrete paso, lentamente;
aprende a vivir como si un día cualquiera
—hoy, mañana o dentro de diez años—
una extraña fortuna fuera a complacerte
con algún detalle inesperado.

reflexión

Me gusta tu sexo así: aniquilado,
saciado entre las lluvias de la tarde.

Molestias del alma

Con los años, la vergüenza,
imposición natural de la conciencia,
deja de ser un rubor lloroso
para sedimentar su fuego inhóspito
en forma de misteriosa molestia del alma.
Entonces, lo más vergonzoso
puede que no sea lo que somos
o, peor aun, lo que dejemos de ser,
sino el hecho mismo, triste y simple,
de no saber todavía —pese a todo—
qué es exactamente la vergüenza,
ni por qué razón no podemos evitar
esa sinrazón del deber no cumplido.