12 ene. 2019

A tu regreso...





Déjalo todo. Serán lo último de lo último
las relaciones sentimentales sin sentimientos.
Un juego, eso es. Todo un juego.
Barato, cursi y algo estúpido. Pero un juego.
Un entretenimiento para niños sin alma,
porque nos encantan las cosas sin alma,
los productos desechables, las marcas.
Lo único importante es el ego,
la presencia dilatada. Tal vez crecer sea eso:
inflarse hasta no ser nada. Después, dormir.
Dormir a pierna suelta y para siempre.
Así, como si estuviéramos muertos.
Porque solo los muertos tienen alma,
sus sentimientos sí estuvieron ahí,
ellos sí supieron vivir.

Sentir es hablar para nada.

14 dic. 2018

Pulso a la memoria



Hay quien trata de llenar el hueco,
ese hueco, con grandes dosis de cocaína.
Otros, con alcohol.
Los hay que gritan
desesperadamente a las paredes.
También hay por la labor
jóvenes hipersexuales,
orgullosos misántropos,
rebeldes y pocos, muy pocos enamorados.

Pero todos tratan de llenar ese hueco,
el hueco, con algo de sombra,
con algún reducto pasional que los arrastre,
que los subleve, que los guíe por entre la nada,
por entre ese montón de escombros.

Ahí, me digo, entre todas esas ruinas,
hubo una vez algo hermoso.
Dejarlo marchar y tratar de proseguir en calma,
ya es labor suficiente para toda una vida.

29 nov. 2018

Duración del metodo



No sé hasta qué punto
se trata de una actitud ejemplar,
pero mi máxima con la gente
siempre es la misma.

Intento solo ser buena compañía.

No busco salvar a nadie de sus demonios,
no me adentro en el laberinto de sus traumas.

No pretendo saciar
la violenta oscuridad
del alma de ningún amigo,
ni del corazón de ninguna amante

No soy el maestro, ni el padre, ni el héroe.

Trato solo de ser buena compañía,
porque sé perfectamente que,
tarde o temprano, la tempestad, la noche,
el desamor, el dinero, la locura o la rabia
dirán: tienes que irte, tu lugar
está en otro lado,
tu tiempo ya no es
el tiempo que has sembrado
en la invisible tierra de los otros.


Imagen: acrílico sobre papel din a2

16 nov. 2018

Dos jardines en el aire



El crítico interior y nuestras defensas psíquicas son exactamente la misma cosa. Si abatimos al crítico, alcanzaremos el estado sublime de inspiración. ¿Qué hace falta para abatir al crítico? Una piedad infinita por el Universo. ¿Qué hace falta para experimentar una piedad infinita por el Universo? Presenciar el dolor en todas sus formas.

                                  ***

Para quien vive, no una ficción, sino su propia vida, no debería haber desdoblamiento ni objetividad posible. Para quien vive de sus propias entrañas, la verdad no arde. Se arrastra como pesada sombra que no cabe en ningún espejo.

La demencia de la ficción refulge en todas partes. Más liviano es el aire para quien traza en ella un destino, su destino, hacia el presente.

Y qué es verdad. Qué cosa es ficción o mentira. Abramos los ojos aunque sea una vez de cuando en cuando. Verdad y ficción engullen lentamente la materia, el cuerpo que, sin ellas, se ignoraría por siempre a sí mismo.


Imagen: "ciudad hermética", acrílico sobre papel a2

4 nov. 2018

Constancia del equívoco




Escribe. Para no aceptarlo nunca.
Para no naturalizarlo.
Para que siga doliendo siempre,
escribe, escribe, sigue escribiendo siempre.

Siempre habrá quien te lea
para saber qué sucede
o en qué se habrá convertido.

Escribe, y déjalo cuando entiendas
que aquello por lo que escribías
entraba tan dentro de lo posible,
que al escribir tan solo quebrantabas
tus propias leyes frente al olvido.


Imagen: "Indiferencia", acrílico sobre papel a2

24 oct. 2018

Comienzo de lo terrible




El dolor nos vuelve feos,
invisiblemente feos.

Aun así, hay una belleza de la angustia,
un viejo placer en lo deforme,
una comprensión del horror que nos hace
tan bestiales como humanos.

¿Qué era la belleza?

Cambiante como el día, paseaba
entre nosotros, que la dejábamos sufrir
para que sintiera a qué debía darse.

Si fue fría la perfección de la belleza,
no menos lo será la sabiduría de la sangre,
poso amargo de viejas cicatrices,
rescoldo de la luz, ceniza que surcaba
los rostros donde se mezclaron por un tiempo
belleza y sufrimiento, perfección y sabiduría.


Acrílico sobre papel a2

Inercias



El ruido como compañía y amenaza.
La ciudad como espejo
de algo que tememos e ignoramos
sabiamente. El ansia. Siempre el ansia.
Siempre la soledad que no debe conmoverse.

Sigo paseando por las ruinas de mi mundo.
Cuando haya visto suficiente,
cerraré los ojos para escuchar bien el ruido,
el ruido de tus ojos breves,
ruido de la soledad que se sabe
demasiado bien a sí misma.

Mil veces me he engañado, durante mil años
afirmé no estar solo. No sé si era a Dios
a quien sentía en mi ruido de inocencias.

No sé si era yo mismo
quien se hacía compañía.

Creo que yo mismo era ruido.

Ruido de algo que no puede decirse
más que para decirse mil veces a sí mismo.



Acrílico sobre papel a2

16 oct. 2018

Caer porque sí



Una ventana a una realidad
donde lo verdaderamente importante
-el blanco techo que nos da asilo,
tantos matrimonios, el dinero-
careciera por completo de importancia.

Pasaríamos ahí las horas, observando
el fugaz absurdo que nos enseñaron,
para entender, después de muchos años,
que la única importancia llegaría
de cualquier mirada que ofreciera,
aun sin poseerlo,
ese otro mundo que tememos.

Después, un día cualquiera,
lanzarnos a través de una ventana como esa.

Algo así será vivir la poesía.



Imagen: sin título, acrílico sobre papel a1

3 oct. 2018

El fuego y su memoria




Algo hice mal.

Mi obsesión por la sinceridad
se volvió inquietante.

Dividí la realidad
en dos partes:
yo y todo lo demás.

Grité como gritan los más altos.

Fue lo suficientemente horrible,
como para necesitar ser solo uno más.

La verdad se basta a sí misma.
Nada brilla como la verdad.
Decir la verdad es arder y quemar.

Leí a diario cosas como estas,
y aunque ninguna metáfora
haya sido suficiente,
ahora creo que la verdad es un espejo mudo,
ante el cual, hasta un tonto
debería ser escuchado seriamente.



Imagen: sin título, acrílico sobre papel din a2

2 oct. 2018

Acostumbrarse a todo



Le quité hierro. Moriremos, sí.
¿A qué tanto dramatismo?
Siempre vence su figura, lo sabemos.
Es solo cuestión de tiempo,
insondable cuestión de tiempo.
Lo sagrado de la vida se presenta solo
cuando el tallo es arrancado
por la mano retorcida de otro ser viviente.
Entonces se habla de inocencia,
de sueños truncados, 
de sentimientos borrados
por un capricho soberbio. Y es cierto.
¿Pero cuántas veces nuestras vidas fueron
vulneradas contra nuestra inocencia?
Nuestros sueños, ¿no fueron pisoteados
diariamente por figuras superiores,
diariamente truncados por un orden
ancestral de reacciones siniestras?
¿Y qué decir de nuestros sentimientos?
¿Quién hizo verdadero caso a tanto miedo,
a toda aquella soledad o a lo posible
de un afecto que siempre terminaría cayendo?

Moriremos, sí. 
Pero acaso para entonces
ya estaremos muertos.


Imagen: "Caminante", acrílico sobre papel a2

24 sept. 2018

El límite y los otros



Infinitos seres infinitos.
Melancólicos espejos.
La misma superficie en todos ellos.

Miradlos como nos miran los muertos,
miradlos con la fascinación de la sospecha.

Miradlos uno a uno,
rudas almas de carne y hueso.

Todos tienen algo que decir.
Todos habrán visto demasiado
a su debido tiempo.
En el interior de cualquiera de ellos,
duerme
una música invisible, un furor
de infinitas estrellas disconformes.

Su letargo obedece al dominio del secreto.
Contienen la mística del sueño,
todos y cada uno de ellos. Realidad es
cuanto imaginaron en su tácita ceguera.


Imagen: acrílico sobre papel a2, sin título.

15 sept. 2018

Mirar sin ver



Queda la impresión de haber cambiado,
de que lo mejor que había en mí,
ha sido desechado por el tiempo.
Voz de mis pensamientos,
no escarmientas.
Voz de mis pensamientos que se dice
que un día estuve hecho, y al siguiente...

Si ya ocurrió la plenitud,
aún me quedan las ventanas, mirar
cómo las gentes de la calle se disipan.

Mirar como quien entendió lo que ya ignora.

No me importen las vidas de los otros.
La mía, a los demás, tampoco.



Imagen: "guitarrista", acrílico sobre papel a2