16 may. 2018

Tiempos de soledad



También es interesante cierta poesía
cuando el amor cae en el olvido.

Observar entre las sílabas
una oscura serpiente, un crucifijo.

Leer palabras que la noche sacraliza
para un ritual de fiebre.

Eso o la inocencia cercada por el rojo,
delirando como un grillo hasta la muerte.

Así la esperanza de volver
a un amor sin pausas,
sin terceros, sin enigmas que delaten
esplendor en la miseria.

A otro amor que mire a lo más hondo,
y nos vea en sus rescoldos,
y no guarde para sí
aquello que, de no decirse,
caerá con el rito del poema.



Imagen: acrílico, a2

8 may. 2018

En respuesta a un viejo dilema



Habla sólo por ti.
Algunos a veces no somos nosotros.
Nos arde un espejo al fondo del sueño
y dormimos a medias
donde vagan extraños recuerdos.
No todos somos quien somos,
ni somos siempre nosotros.
La culpa a menudo se enreda
en los calles que cierra
un olvido mayúsculo,
y la locura de no haber sido niño,
acecha al final de algún credo
que los sabios ignoran.
Huímos. Algunos huímos de algo
que debería abrazarnos,
de algo que fuimos y que aún se prolonga
en la sombra nocturna de un árbol en llamas.


Imagen: el funambulista, acrílico, din a2

1 may. 2018

Responsabilidades



Tómame en serio. Soy la vida.
Todo en mi arde para tu vacío.
El vacío, sí. ¿Qué es sin ti?
Tú que creaste la realidad
para que rompiera tus cargas,
tómame en serio, incluso
cuando el peso de tu alma
doble hacia el aire cada una de tus vértebras.
Allí, en lo más hondo,
el oscuro tesoro aguarda,
y las aguas más salvajes
corren bajo las nieblas del espíritu.
Piensa en la muerte de cuando en cuando,
en lo terrible de su futilidad,
y siente así el paso del tiempo,
y tómame de esa manera en serio.
Tan en serio como el dolor debe ser tomado.
Tan en serio como lo que piensen
los demás sobre ti, pues es lo único
que de ti quedará sobre la tierra.


Imagen: el último árbol, acrílico, a2

17 abr. 2018

Continuidad del poema



Todos esos grandes poemas,
los que hablan de la soledad,
del dolor, del amor o de la muerte,
podría haberlos escrito
cualquiera de nosotros.
Escuchamos al mirar lo escrito,
escuchamos algo que dice conocernos
a todos, que a todos nos conoce
tal y como nos desconocemos
en la dureza, en la espléndida
dureza del silencio.

Desde ahí, alguien da, dió y dará
un paso al frente, y escribe. Escribe.
Como si le fuera la vida en ello.
Como si le fuera la vida en decir
algo que todos saben o que creían saber
hasta que leyeron esa cosa inútil,
el gran poema, espejo
quebrado en la hora de reconocernos.


Imagen: acrílico, a2

13 abr. 2018

Un recuerdo



Opuse resistencia. Mucha resistencia.
No quería embrutecerme, odiarme
de un espejo a otro, no quería
echarme a perder
bajo la atenta mirada de mi madre.
La noche, la noche...
Todo guarda relación en ella.
Hemos sido en ella carne que festeja
su propio patetismo, y qué decir
del espíritu cuando por fin alborea,
cuando todo es ya lo que parece.
Lo he dicho. No quería embrutecerme.
Llenarme de sangre como el cuenco
que debemos vaciar sobre la hierba.
Para comprender el mundo
había que trazar la oscuridad del hombre,
por eso no pudimos ser amables y perfectos.
Los altos crucifijos se oxidaban en nosotros,
se cansaban de nosotros las viejas cantinelas.
Tanta lid ha ensanchado mi rostro,
vulgarizado mis huesos, ensuciado mi camisa.
No quería embrutecerme, odiarme
por vivir hacia la tierra. Lo he dicho.

Lo demás, el duro veredicto y su condena,
es vuestro, tan solo vuestro y de los dioses.


Imagen: acrílico, a2

9 abr. 2018

Ávido



Más noche, más luna, más verdad,
más música, más ruido, más espejos.
Más tiempo, más culpa, más silencio.
Impuros como la ceniza, como el sexo turbio.
Ante el espejo, impuros, más humanos.
Hablándole al fuego y al horror del mar.
Más palabras, más vísceras, más secretos.
Muy hondo debe ser el juego,
debe merecer la pena tantísimo silencio.

Que todo lo ya visto sea un poco más.


Imagen: "Vértigo", acrílico, din a2

1 abr. 2018

La realidad y el juego



No pregunto ya
si hay un lado oscuro,
una sombra en sombras
dentro del oculto corazón.
Pregunto ahora
si hay un corazón que cierra
sus enigmas en las tardes de borrasca,
¿hay un corazón inerme que combate
con su dura luz nuestros insomnios?
Yo tuve un corazón de piedra.
Lloraba solo, de noche, cuando nadie 
vigilaba su aspereza.
En algún momento huyó hacia el                                                      [mediodía.
Y lo seguí, pero el Sol
se alimenta de esa clase de despojos.

16 mar. 2018

Finalidad del diálogo



Era la mentira libre de hablar,
de hablar más y de seguir hablando.

Era la sinceridad esclava de su propio verbo.
Pesaba un gran silencio sobre ella.
Pesaba cada cosa por decir,
cada nudo deshecho, cada frase
arrojada hacia la claridad del eco.

Callaba la sinceridad a veces,
callaba porque nada
escuchan los que usan
la mentira como ruido blanco,
como fe en la nada y el deseo.

1 mar. 2018

Ser o no estar



¿Dónde apoyaremos luego esta pobre vanidad? Dónde... Si nada sabemos de cómo nos ve el resto. Actúamos sólo para nosotros, pero toda función necesita un público. Y nadie, nadie -nadie- puede vernos realmente. Así llegamos al espejo y a veces vemos lo que queremos ver. Felicidad, carisma, juventud, belleza. Pero ni siquiera sabemos la expresión exacta que ofrecemos durante cada instante de la larga obra. Una especie de mueca corrompida surge a veces en los otros, pero... ¿en mí, en nosotros? ¿Era eso la máscara, lo que había tras la máscara o tan sólo un gesto fallido, una expresión tan confusa como todo lo que llena el tiempo? Me siento tan responsable de mi rostro como del vuestro. Y esa carga, creedme, en realidad es tan trivial como todo lo que no comprendo.


Imagen: "el héroe absurdo", acrílico, din a2

20 feb. 2018

No perseguir nada



No, a los sueños hay que dormirlos,
silenciarlos en la noche otra vez y otra,
acunarlos sin un ruido, y seguir velando.

Un sueño despierto llorará de hambre,
de miedo, de sed,
llorará, gritará y se rebelará
contra la casa y su pequeñez,
avanzando luego como jauría,
como inercia de la realidad en jaque.

Pero no, un sueño dormido
no es un sueño muerto.

A los sueños hay que dejarlos así,
siempre despiertan,
su llamada siempre vuelve hasta nosotros.

Resonará su memoria en la rutina,
en la monotonía que afile nuestros párpados,
en los fríos años que será mejor dormir
para no despertar a otro sueño más largo.

Imagen: "Sísifo", acrílico, din a2

7 feb. 2018

Libertad entre sombras



Era mi deber entonces
obsesionarme con la dignidad.
No más juegos. Ninguna jerarquía.
Nunca una mirada condescendiente
ante el patetismo.
Firmeza, ante todo, firmeza.
La obsesión por la dignidad
era ante todo una expresión deforme,
un rostro espantado de sí mismo,
cien madrugadas violentas
llenas de inquisidores, de vulgar insolencia.
Respeto, ante todo, respeto.
La suciedad de la vida me observaba
desde los ojos de un niño,
también desde la luz que me descifra.
Algo obsceno, turbio,
una condena sin justicia,
una ironía salvaje
sobre los muertos que quise.

Y la dignidad era una lengua extranjera.
El idioma que usan los mayores
cuando, a mitad de un encuentro,
un joven sediento les grita diciendo:
ya todo está hecho,
vuestro respeto es la defensa
segura del necio, vuestra firmeza
es la ilusión segura del viento,
vuestra dignidad es
la muerte segura de nuestro deseo.


Imagen: "miedo y ternura", acrílico, din a2

5 feb. 2018

El tedio y lo demás



También ignoro
a qué espejismo se parece mi vida.
Mi vida: una novela aburrida,
llena de detalles inútiles,
absurdos como este poema.
Mi vida, un suceso dramático
cuidadosamente olvidado.
Muchos días disímiles.
Ratos en blanco. Más ratos en blanco.
Tal vez,
lo más importante de la historia
sea la voz interior,
esta voz que divaga sobre un argumento
que no entiende y que aun así la sostiene.

¿O será mi voz la urdimbre que crea
un argumento inverosímil,
lleno de errores, delirios y detalles inútiles?

Mi vida se parece sólo a sí misma.
Tanto, que a veces querría
parecerse a otra vida.



Imagen: laberinto y predestinación, acrílico, din a2