31 ene. 2008

Ahora
tengo una fe antigua en la palabra,
un convencimiento raso, un recuerdo
de lo que deber ser escrito.
Tengo fe en la palabra
porque sé que tú me escuchas
cuando la verdad naufraga
y el verbo de los sueños
-ese que nace para morir
y muere para creer,
porque cree para vivir-
acaso nos explique a ambos,
aunque siempre naufraguemos
amando en sendos horizontes.

Me escuchas aunque calle,
porque callar no es sólo aquel silencio
que oculta las ventanas, porque callar
es la forma que tengo de esperarte,
de proseguir tenaz como los días
con esta forma de llamarte
que sólo entenderán
las estrellas y tus manos,
tus manos y mi sombra,
pero nunca los olvidos
que caen como el peso de la nada
al tiempo de los míos.

Nunca los olvidos
fueron para mí memoria
de un pensamiento igual de claro:
aunque todo pase
y yo te olvide,
y tú no pienses que te amo
siempre quedarán los versos,
el pan recién cortado
que, juntos,
le ofrecimos a la muerte
amando.

30 ene. 2008

Tal vez,
en mitad del ruido o del amor,
haya alguien esperándote.
Una imagen absoluta
hecha de verdad o de arena,
un paisaje desmedido
que sea siempre un horizonte,
que complete por ti
tus mudos recovecos,
esas palabras simples
que no encuentro en mis pretextos.
Tal vez y otra vez hasta ti,
converjan los hilos de la madrugada
para tejer un amor
al que puedas aferrarte.

Yo, que apenas he visto sucederse
las estaciones en tus labios,
las noches tras tu risa,
o el tiempo en tus abrazos
me contentaré creyendo
que conmigo has soñado algo,
no sé si fuego o brisa,
no sé si amor o sangre.

Pero quiero pensar que un sueño tuyo
vale lo que mi verdad o mi espanto.

Quiero pensar que un sueño,
por el solo hecho de ser tuyo,
podría abarcar todo mi cansancio.
Esclarecer mi triste imagen
hecha de verdad o de arena,
como un paisaje azul, escrita
como se ha de escribir la vida:
sin palabras difíciles,
sin música de fondo
ni escenario.

Tal vez una imagen mía
pueda devolverte al fin
la imagen que has soñado.

26 ene. 2008

Quererte es fácil.
Me basta con sopesar la vida que conozco,
sentir tu nombre en mis poemas
y acariciar tus hombros,
para después oír la brisa de tu orilla
meciendo muy despacio
el pulso violáceo del crepúsculo.

Lo difícil
es olvidar los vestigios de una herida,
poner fin con la palabra
al tiempo de rendirse,
decir lo que no tiene fondo
cuando no puede ser dicho.

Pero quererte es fácil.
Me basta con pensarte
para adelantar un día la esperanza.

22 ene. 2008

Quisiera replicarte los silencios,
la duda que se fija en esta ausencia tuya
y el verbo agarrotado como un puño
que esconde fatalmente
lo cierto y lo posible,
y acaso su contrario.

Quisiera merecerte como un niño.
Abrir, diez veces por semana,
el pálpito secreto y la ternura,
el tacto mineral y la hojarasca.
El cielo de la infancia -su recuerdo-
el ojo que se centra en lo que nace,
igual que la verdad se observa a veces
como ese sueño ajeno
de rasgos milenarios.

Amor, sé que fueron solamente pocos días
en brazos de un presente extraordinario.
Sé que fueron las palabras una vida,
el cielo un escenario
y la ciudad, amor, fue poesía:
poesía callada enfrentada a tus labios.

Pero creo, sinceramente creo,
que en tus manos amanecen pensamientos
acaso divididos como cálculos extraños.
Acaso me has pensado
como se piensa el futuro,
y acaso ese futuro
será otro y estrellado.

Realmente no sé nada:
me he precipitado.
Son pocos días, amor…
Mas yo no sé medir el tiempo.
El tiempo no puede calcularse así:
como horas que pasan lentamente
en busca de un futuro preparado.

El tiempo no puede ser medido
por lo que todavía no ha pasado.

Me he precipitado.

21 ene. 2008

Cansancio

Estoy cansada, me dices.
Me dices como si el cansancio
fuera azar o vergüenza,
llama que todo lo consume,
ciencia de no aprender a resignarse.

Me dices como si no supieras
que hablar de corazón a las estrellas
excede nuestro tiempo, nos obliga
a recordar que somos y seremos,
a comprender que lo que fue se ha ido.

Es simple para quien se esfuerza
estar cansado de su esfuerzo,
convertir la casual sonrisa
en balada que no cesa,
en luz de fuerzas improbables,
en nieve estival, en lluvia pura.


Estoy cansada, me dices, me digo.
Y tu cansancio es una sombra,
y pesa como el día
que no ha llegado a iluminarnos.
Sé que estás cansada,
aun así, no te detengas.

Sólo quedan exhaustos por vivir
aquellos que aman la vida en demasía.

16 ene. 2008

Prefiero ser otro a ser nadie.
Porque estoy solo
-y he perdido el tiempo-
prefiero un largo camino
de márgenes confusos
y cielos despoblados.
Ser lo que no soy.
No ser lo que soy.
Porque caí en este absurdo periplo
desde mi verdadero nombre,
porque insulté a la vida
para creerme aún más vivo
en brazos de la muerte.
Porque no quiero ser nada,
prefiero ser otro –ficción o abismo-
que no conjure al silencio
cuando se escuche a la alegría
mentir con un susurro incierto.

14 ene. 2008

Yo sé sobre la felicidad
lo mismo que sé sobre las horas
que se deslizan siempre
hacia la altitud del olvido.
Sé sobre la felicidad,
porque cada hombre sabe
cuando en cada ocupación tiende
a apresurar su destino.

Sé que he logrado desvestirme
para trata de mostrar
un verso que suscite una pregunta,
la misma pregunta
que, pese al tiempo,
no pueden responderme los consejos
ni verso o explicación alguna.

Sé que hubo un punto exacto
en la altitud imaginaria de los días
que me llevó a comprender
la inanimada torcedura de mis días.

Sé que la felicidad
podría ser aquel recodo al que regreso
apaciguado por la duda,
por los años y la duda
de haber errado torpemente mi camino.

Y sin embargo,
sé que la felicidad se aprende
cuando el olvido nos recuerda
que la felicidad no se aprende.
Sé que si la felicidad llega,
llega como el beso
que casualmente
nos doblega.

9 ene. 2008

Privado en esta noche de tu risa
escruto las aceras de mi alma,
contengo a fuego lento la nostalgia,
y pienso que desnudo una proeza

en largas avenidas presagiada.

Se abre en inocencias la tristeza,
nos barre un acertijo la mirada.

Sabemos que sentir supone a veces
creer que el alma muere porque ama.

Privado en esta noche de tu risa
me aguarda un carnaval de criminales,
una bandera oscura,
una canción -cruel baraja-
que repartieron siete veces mis ancestros:
los enemigos que elegí
y resultaron ser reflejo
de todo cuanto sé sobre la nada.