28 mar. 2014

Laercio

Oculté minuciosamente el rastro de mi cinismo. Fui cándido, empalagoso, feliz, cansino. Tiempo atrás, en la adolescencia, llegué a sentir que valía para tan poco, que tarde o temprano acabaría viviendo entre cartones por pura disconformidad con lo aprendido.

De los otros, solo conocemos una superficie en sombras. Ignoramos educadamente que los perros también saben devorar el corazón más noble.

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