18 jul. 2017

Decirlo todo



Aunque otra vez tenga sentido 
el sabor de la aceituna
y la alborada de la urbe
nos transforme en frío,
ni mapas ni cortejos fúnebres
podrán decir lo siento por nosotros.

Ni mapas, 
ni espejismos,
ni cortejos fúnebres.

Debería darte entonces, 
cuando todo pase,
otra confesión vertiginosa que trajese
aire a aquellos pájaros quietos.

Que las campanas rompan a volar
cuando nos crucemos por la calle
y acudan nuestros nombres
a nombrar nuestras miserias.

Qué importa.
Nada se confiesa hasta que se ha huido.


Imagen: "Bebedor", técnica mixta, din a3

7 jul. 2017

Luminiscencias



La herida es un estado perceptivo.
Sangran los ojos y la sangre es luz.
Y la luz es el sexo de los ángeles.
Estar herido exige de mucha pasividad
para curarse. El erotismo de la herida
seduce con ironía, rechaza con aflicción,
devora los restos de la noche
con un susurro bien intencionado.
La herida y el sexo más intenso
son casi la misma cosa,
la herida, el sexo más intenso
y la locura de la amante que reclama
un papel en tu agonía. Guarda silencio.
Aléjate. Haz de la soledad un gran vicio.
Pero no ames, no seduzcas, no forniques
a través de la herida. 
Porque tu sangre es luz. 
Porque la luz es ciega.
Ceguera que será siempre
un grito de belleza inexplicable.

4 jul. 2017

Terminado



Tinta de dibujo, din a3

Una breve crónica




Introvertido desde niño,
guiado por el influjo del silencio,
por un cauce anterior al poema.
El refugio era dentro.
Llegó la adolescencia,
delirio puro, ruidos, niebla.
Demasiada gente en las calles,
en mi mente, en mi agenda.
No era eso ni ese,
el refugio era dentro, donde
se burlaban ellos.
Divinidad. Caos. Locura.
La gracia entre los otros no,
sólo un destello solemne.

Yo fui un niño introvertido,
interrogado luego por el alcohol,
sometido a la ley del más fuerte.


Imagen: tinta de dibujo, din a3