9 jun. 2017

Excesos



Jugábamos a rompernos.
Era frágil el agua, profundo
el sonido del verbo.
Liberadas nuestras manos sobre la naturaleza,
jugábamos el juego de la herida,
conscientes de que el saber de la sangre
no debería temerse. Y llegamos al dolor.
Llegamos, jugando, a la locura.
Y más lejos. Al lugar donde los locos
recuerdan la verdad y la defienden
de la alegre ceguera de los cuerdos.

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