26 dic. 2016

Desesperación, clarividencia



Cuando el río se detenga,
y solo agua estancada, pestilente,
sea el cauce demasiado largo
de los días.
Cuando el futuro inmediato
no difiera como espectro
del ayer inmediato,
presta atención a la noche:
el infierno está lleno de augures,
desde el horror inmóvil
se divisa claramente lo lejano.




Imagen: "Azaroso", pastel al óleo, din a2

23 dic. 2016

Lo establecido o su contrario

Nunca sabré por qué el pensamiento que me viene dado, es casi siempre un germen nocivo. Pero es por ese germen que sé que la lucidez es un estado psíquico tremendamente incómodo, en el que uno debe deshechar constantemente sus impresiones de base, para esforzarse luego y cada segundo de su vida en alzar un sistema ideológico propio. Sistema que, así lo indican los libros, viene propiciado por la melancolía de las evidencias caídas, por aquello que era absolutamente cierto desde siempre, pero que en algún momento ultrarreal dejó de serlo.

Es probable que haya quien considere esa clase de pensamiento de base, un tanto despreciativo y desencantado, como la verdad misma, piedra angular sobre la que se construye todo; pues ya todos intuimos que cuando la mentira ha vencido en todos los frentes, la verdad tendrá que ser implacable para quien no se atreva a afrontarla. Piensa mal y acertarás, sí. A esa misma inercia me refiero. Inercia de la que filosóficamente resulta difícil salir, pues solo puede abandonarse mediante el tópico más manido de la poesía y de las bellas artes en general: el amor, eso que hoy en día llamamos empatía y que, desde los tormentosos poetas hasta los más grandes cineastas, casi todos reconocen como fuerza suprema capaz de poner de rodillas a cualquier deidad. 

No nos engañemos, es el amor quien tumba nuestras convicciones más arraigadas, negándonos la comodidad de las verdades ya asumidas. Y es por eso que toda forma de afecto está estrechamente emparentada con la profundidad y la lucidez que podría acabar con lo establecido o con nosotros mismos en el intento.

18 dic. 2016

11 dic. 2016

Ostracismo

Jugué y perdí en la mesa de los grandes poetas. Asumo así lo que otros tantos no han sabido asumir, que no soy más que otro hipócrita, que las máscaras son el único rostro verdadero que me queda. Que nada me aterra más que la gente sencilla, la que nada oculta de sí misma. La que rechaza cuando debe rechazar y ama sólo cuando debe amar. No, no he tenido el valor de ser yo mismo, lo reconozco. Como también reconozco que para serlo, primero tendría que haber sabido quién soy, y ahora soy tan sólo la estancia de esta soledad.

Considero que por este aislamiento voluntario, por este aburrido escarnio deberían pasar del primero al último de mis contemporáneos, incluidos los poetas que tanto presumen de su honestidad, de su aristocracia, de su autenticidad.


De cualquier manera, creo que se ha hecho justicia. Sí. Y que mi primer crimen fue entregarme en exceso a los demás, pues, ¿de qué otro modo se podría juzgar, culpar y castigar a alguien por algo que siempre ha sido moneda de cambio tan común? Por algo tan trivial y cotidiando como la hipocresía, como la dulce falsedad.

Desde el aire

No pasó mi vida ante mí
en un segundo.
Solo una niebla
tempestuosa y oscura.

Cuando subí a despedirme,
entendí por tu forma de mirarme
que algo horrible
había sucedido,
algo que no puede nombrarse.

Esa niebla,
tempestuosa y oscura,
que duró poco más
de un segundo,
esa niebla fantasmal
había sido mi vida.

Sol muerto





Un sol muerto idéntico a un dios muerto. Un dios muerto que no es más que un hombre, rostro absorto que contempla la naturaleza y no comprende.

Técnica mixta, din a2

7 dic. 2016

De poca fe

Algo que pasó,
que sucedió solo una vez
y que al instante era ya costumbre
absurda o miedo a que un error
se repitiera invariablemente.
Miedo a que algo no encajara
desde el primer asombro, miedo a caer,
a ascender, a quedar siempre
en el mismo sitio, asombroso miedo
a ser y a no ser, a regresar huyendo,
a soñar la vida hasta la tumba.