10 jul. 2016

Nota de diario

Es raro. Noto, desde ayer noche, como si estuviera recuperando mentalmente cierto entendimiento intuitivo de lo que me rodea. He trazado, en las horas que han pasado desde la madrugada, varias teorías al respecto. Puede que, después de casi tres años sin beber, esté recobrando una conexión emocional genuina conmigo mismo y con quienes me rodean. Puede que, por algún despiste egoísta, lleve años y años haciéndome el tonto, desentendiéndome de cuanto me rodea, y que al fin haya reaccionado para bien en mi fuero interno.

El caso es que es raro. Hasta hace nada, me atormentaban los sobreentendidos. Sobre todo lo que se suponía que yo mismo debía sobreentender en una situación trivial. Y no digamos ya en una situación importante. Era un miedo enquistado, de esos que al final no se sabe si estamos magnificando o si tienen una raíz traumática.

De cualquier manera, bienvenida sea esta nueva fluidez. Aunque ahora mismo esta capacidad redescubierta me tenga descolocado, era algo que añoraba. Sobreentender, conectar, sí. Lo añoraba.

Redactar esta breve nota es mi manera de celebrar el feliz suceso personal.

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