29 may. 2016

Árido

El lugar común es el espacio de donde el alma ha huído. Duradero o no, se trata del hueco en que la conciencia algo ha descifrado ya del misterio de la juventud.

Pierde a veces lo común su continuidad, pues lo interrogamos, y el alma acude al cuestionar lo evidente.

Necesario sigue siendo sin embargo su reposo. El lugar común aflora cuando la juventud tiembla por un bellísimo cansancio. Eso es el sentimiento, no saber por uno mismo, ni aprender por los demás. Vivir hasta suponer que algo espera más allá.

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