17 abr. 2016

Modelos para la catástrofe

La soberbia, en según qué casos, es la mejor de las corazas. La armadura que permite actuar como si la realidad fuera solo una suerte de teatro.

El humilde, si aún es inocente, puede admirar profundamente al soberbio, su ligereza, su imaginaria superioridad.

Nada más difícil de inventar que la auténtica humildad, hija de la humillación de generaciones. Esta castración del ser, al final podría dar de sí una criatura capaz de resignarse, de transformar la resignación en aceptación.


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El mundo está loco. Ser hombre de mundo significa estar tanto o más loco que el mundo.

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Mejor no urdir excusas ni tramas educadas, preferible será dejar que esta hambrienta sinceridad nos acuchille sin mayor sorpresa por la espalda.

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