28 jun. 2015

Tiempo sin suceso

Nada transcurre durante la espera. Si algo sucede, la espera se olvida, y no se recuerda hasta que nada sucede.




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Para poder sentir algo, lo que sea, el individuo medianamente equilibrado primero debe obrar de una manera o de otra. Esa es la problemática mágica de las drogas, que permiten sentir sin obrar, u obrar de una manera y sentir de otra.



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Lo complicado de hablar o escribir en defensa propia, es que todo lo que digamos o escribamos, podrá ser utilizado en nuestra contra.



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No se llega a la belleza buscando la belleza. Se llega a esta buscando el alma de las cosas y los seres.

Perfil y horizonte



Pasteles al óleo, din a3

25 jun. 2015

Nota de diario

Dividir, confrontar. Esa parece la intención última de la politización de lo personal. Paralelamente, algo similar sucede en el terreno del arte. Hace mucho que ser lector de tal o cual escritor, está reñido con comprender y disfrutar con equidad de la obra tal cineasta o de las melodías de aquel cantante pop de la década que sea.

Todo en el arte, aunque a menor escala, también es división y confrontación. Desde principios del siglo XX, autores como Wilde o Sartre desconfiaron públicamente de la concordia o de los totalitarismos redentores.

Nunca terminaré de entender ni lo uno ni lo otro.

Para el humanismo marxista, los procesos dialécticos evolutivos o re-evolutivos pasan por esa misma confrontación. Pero, tanto es así, que individualmente ya todo nos aleja. Hasta dos enfoques correctos o adecuados, chocarán buscando la supremacía en esta idiotez moderna, posmoderna o cómo queramos llamar a este desaguisado.

La disidencia, creo, será siempre inevitable e incontrolable. ¿Pero por qué disfrazar la inquina capitalista, tan trivial por lo demás, precisamente de eso, de disidencia intelectual elitista?

24 jun. 2015

23 jun. 2015

Nota de diario



Según voy restando actividades ociosas poco productivas a mi rutina, me veo nuevamente atraído hacia la lectura. Ahora le ha tocado al tabaco. Desde este último sábado, 20 de junio, hasta hoy, me he propuesto reducir la dosis de cigarrillos a la mitad. Esta misma tarde noche he visto los primeros resultados, el aburrimiento me ha conducido a abstraerme completamente en los diarios de Miguel Torga, escritor portugués que desconocía, y en un relato, también de corte autobiográfico, de Alba Sabina Pérez.

Ambos autores me han permitido dos cosas que necesitaba desesperadamente. La primera, olvidarme por completo de mí mismo. La segunda ha sido la de recobrar cierta entereza intelectual, olvidando, justa y necesariamente, mi persona.

Ahora mismo, redactando esta pequeña nota desde la plaza, creo que puedo decir que estoy empezando a entender la sinergia creativa de los escritores que, para desbocarse ante el teclado, en lugar de forzar un estado verborreico a través del alcohol, del café, del tabaco o de las drogas, sencillamente se impregnan de la visión de cualquier otro que sostenga, parafraseando a Reinaldo Arenas, cierta "voluntad de vivir manifestándose".

13 jun. 2015

Pavlov

De niño, mi profesora me explicó que el deber cumplido no tenía por qué premiarse. El deber es el deber, me dijo. Hacerlo correctamente es lo que tiene que ser.

Yo me sentí afortunado de poder entender aquello a la edad de once o doce años. Me sentí, en realidad, como un adulto más.

El problema, luego, fue que aquella observación no era la mera justificación de un hecho aislado. Así, al cumplir treinta y alguno, nada en mi conducta se orientaba hacia la intención de dar lo mejor de mí para ser premiado. En lugar de eso, cada uno de mis movimientos surgía del pánico ante la posibilidad de castigo por hacer las cosas mal o por no saber hacerlas.

12 jun. 2015

Ahondar

El escritor debe aspirar a entender algo que no puede ser corroborado. De tal imposibilidad, su oscurísimo silencio y su flaqueza.


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Ay, pero el manual del buen hombre corriente lo dice bien clarito. El civilizado debe evadirse ante el dolor.

De lo contrario, todo en él será introspección, carácter y elegancia.

1 jun. 2015

Nota de diario



Hoy me han vampirizado mis propios cuadros. En serio. Desde media mañana, hasta aproximadamente las seis de la tarde, me sentí pletórico. El problema empezó sobre las cuatro, cuatro y media, cuando me puse a observar la obra que tenemos colgada en casa. Cada cuadro se me presentó lleno de magnetismo. Pura vanidad, supongo; aunque juro que todo parecía dotado de alma, de vigor, de abismo y plenitud.

Traté luego de negar la saciedad: supliqué a mis viejos dioses, le rogué a la tarde para que ese estado de asombro durara por los siglos de los siglos.

Pero no. Como dije, sobre las seis todo se vino abajo. Creo que esa misma fuerza me venció. Fue así, de golpe. ¿Síndrome de Stendhal? ¿Otro exceso de cafeína? A la mierda. A este paso descuelgo todo del taller. Así no hay forma.