29 may. 2015

Excesiva diferenciación

También cabe la posibilidad de que interiormente no haya una especial diferencia entre fantasía y verdad, de que ambas líneas de pensamiento sean sólo una forma de argumentar de algún modo la existencia para salvarnos del tedio.

De que, al final, sólo quede de nosotros el cuerpo de un animal muerto.

26 may. 2015

Cláusulas





Soledad psíquica. Noches de hastío. Voluntad acérrima de borrar de un plumazo cada obsesión, cada sueño, cada celda razonada en el sentido. Sólo que reincido. Sólo que también olvido.

Luego, liberado, no concibo calma alguna.

Son mis recordatorios, las cláusulas de mi convivencia conmigo. Creo en todo esto. En mis leyes, mi vergüenza, mi camino. Pero en mi pequeña fe hay temor por mí y los míos.

Y también música, silencio y ruido.



Imagen: "Paloma contra el viento"
Pasteles al óleo, din a3

16 may. 2015

Adaptación

El ansia de cambiar, el sueño de entender, la necesidad de hacer un largo viaje sin fecha de retorno, cada vocación hacia un oficio extraordinario, cada reto y cada llamamiento a la derrota; tienen en común un sólo trasfondo: el sufrimiento de quien sólo puede guardar silencio.

Insatisfechos, sí. Condenados al tedio de la no elección. Libertad, todo o nada. Nada más que la súplica infantil que mendica un infierno un poco más cómodo. Vida. Sólo una.

La elección, dicen, sea por tu bien estar conforme. Quizás sea esa la mayor nobleza. Ah... pero cuánto trabajo duro hasta conformarnos con eso.

8 may. 2015

Conclusiones

Hasta aquí, la dignidad. Lo poco que pude entender al respecto, es que está directamente relacionada con la infinita capacidad del ser humano para despreciar a sus semejantes.

Seguiremos informando.

7 may. 2015

Convicción de la estatua

Que todos se equivocaban,
lo entenderás más tarde.

Quede sólo
un paraje indiferente,
espacio que ya nadie reclame
por la cifra de tu nombre.

Esto hicieron de ti.

Esto, nada más que esto,
les corresponderá de nuevo
cuando pregunten quién eres:

Espectro taciturno,
reflejo al que la luz
volverá para perderse.

5 may. 2015

Ida y vuelta



Supongamos entonces que la treintena es la edad de la dualidad. Habrá a esa edad en todos y cada uno de nosotros, un joven un poco menos joven que desee creer con ingenuidad infantil en cada cuento de hadas por contar. También dentro de todos y cada uno de nosotros, habrá un prototipo hipermaduro, una criatura que ha visto y ha experimentado demasiado para alguien de tan "corta edad" en las distancias temporales de la vida.

Así, si la adolescencia viene a ser el tajo meridiano donde se pliega la primera juventud, la madurez de la treintena podría resultar una reminiscencia paralela a esa misma adolescencia; siendo en este segundo caso el meridiano mismo de la existencia en sí... Cosa esta ya sabida, sí, pero poco calculada de antemano en términos de decadencia vital, cuando un verdadero treintañero desencantado sea el que intente aunar candor y experiencia por sí mismo, a un tiempo y sin demasiado tino.

Surge en muchos casos entre tanta reverberación, la verdadera intensidad sentimental, el pulso que nos obligue a encontrar un amor veraz a través del que cumplir al fin esa misma expectativa: la de recobrar un margen de inocencia con el que apaciguar el desengaño de ese otro caminante que parece haber hollado ya todos los caminos. Aunque es muy probable que el treintañero también sienta que ha visto y ha vivido más de lo debido en esas lides.

¿Qué queda pues para nosotros, que tan sólo deseamos que siga habiendo por delante una vida que haya merecido la pena vivir? Nada, seguramente. Sólo el reino perdido. Y cuando nada queda, sólo cabe una cosa: aprender a respirar lentamente, a olvidarlo todo, a esperar lo justo para cada uno sin esperar ya tanto de nosotros mismos.