8 oct. 2015

Nota de diario

Bebía y pintaba para ser amado. Y había tanta confusión, tanta insignificancia en el centro de mi alma... Con dieciocho o diecinueve años, esa motivación pudo ser una justificación lícita, pero cuanto más me acercaba a los cuarenta, más violentamente rechinaba la señal de alarma. El amor puede ser muchas cosas y muchos rostros, sólo que a veces llega un momento en que no podemos eludir nuestra realidad como personas. Realidad que nunca tuvo que ver con nuestras ocurrencias etílicas a las tres de la mañana, ni con la gama cromática que empleamos para conmover al comprador de arte más ingenuo o más experimentado de nuestro entorno inmediato.

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